Festival de Sitges 2021

Parece mentira pero llegamos a nuestro último día en el Festival de Sitges, aunque mañana seguramente caiga alguna en el Brigadoon antes de coger el avión pues el festival sigue el domingo pero ya con todos los premios dados, vamos a contabilizar este como el último día «real». Lamb se alza como la ganadora en Sitges esta 54º edición, merecido premio (esto ya lo comentaremos más a fondo cuando estén dados todos los premios). Por nuestra parte cerramos el último día viendo The Deer King, Earwig y Prisoners of the Ghostland.

Comenzamos con otras de las pocas propuestas anime que han pasado este año por el Festival de Sitges, The Deer King de Masashi Ando y Masayuki Miyaji. Historia curiosa la de Masashi Ando, es todo un veterano en la industria y una persona clave en varios de los proyectos más importantes de la historia del anime, pero The Deer King se contabilizará como su ópera prima en la dirección. El bueno de Ando tiene el placer de haber trabajado con Hideo Miyazaki, Satoshi Kon, Makoto Shinkai y Hideaki Anno en obras como El viaje de Chihiro, Paprika Your Name o Evangelion: 3.0 You Can (Not) Redo, siendo director de animación y diseñador de personajes en muchos de estos proyectos, casi nada.

En esta obra vamos a ver ecos claros de su paso por Ghibli, sumado a que el codirector, Masayuki Miyaji, también es un exmiembro del estudio nipón. Un alto componente naturalista y de llamada a la convivencia y la empatía entre personas de sociedades o razas diferentes, así como sus paisajes o incluso su fauna, nos recordarán mucho al estilo del estudio de Mi vecino Totoro. Sin embargo, el tema principal aquí, y lo que más destaca del filme, es la relación paternal que se forja entre Van y Yuna, dos personajes a los que se le cogerá mucho cariño y que tienen una química brutal entre ellos. Como no podría ser de otra manera, además de la típica guerra entre reinos (en este caso un reino invasor y otro que desea la independencia), no podía faltarle una especie de epidemia que causan unos lobos y se está extendiendo por el país, algo a lo que parece que se acude cada vez en más obras con el contexto de pandemia en el que estamos. En definitiva, no es una obra que invente nada ni lo pretende, pero bebe muy bien de sus referentes y nos deja una película muy bonita de ver con cualquiera, con personajes entrañables y una animación muy competente. No llega a la magia de las grandes obras de Ghibli y podría profundizar más en ciertos temas, pero dudo que a mucha gente no le guste si es asidua a Ghibli o al anime en general.

Festival de Sitges 2021 The Deer King

Tras levantar el Gran Premio Especial del Jurado en San Sebastián llega a Sitges Earwig, de Lucile Hadzihalilovic (Innocence, Evolution). No fui especial fan de la narrativa de la directora en Evolution y en esta va un paso más allá. Su ritmo lento, con escenas alargadas y movimientos muy calmados entre sus personajes se le añade un puzle desordenado donde ni siquiera tengo claro si tenemos todas las piezas a encajar, aunque esto no es mi mayor problema con la cinta y son cosas atrevidas que siempre defiendo. Tengo la sensación de que es una cinta que me resulta más interesante cuando se habla de ella que cuando se ve, no tiene una narración para todo el mundo, eso está claro, y yo no he disfrutado prácticamente nada con ella. Sí que me vuelve a gustar de Lucile la atmósfera que crea en sus cintas, y algunas escenas bastante potentes que rozan lo grotesco. Al menos sí que hay que concederle que es una directora bastante única.

Justo antes de Earwig se ha celebrado también al gala de entrega de los premios Méliès de Oro, donde Censor (Prano Bailey-Bond) se ha hecho con el galardón a mejor largometraje y Last Dance (Danny Gibbons y Alex Scott) por su parte el de mejor cortometraje. Además, la propia Lucile Hadzihalilovic ha sido premiada por su carrera en la gala, algo curioso teniendo en cuenta que solo cuenta con tres películas, un dato que la propia directora mencionaba irónicamente.

Cerramos el día con Prisoners of the Ghostland, del maestro Sion Sono (Love Exposure, Suicide Club), uno de mis directores favoritos de todo el panorama actual, que esta vez se junta al más que atrevido Nicolas Cage. Una mezcla un tanto «bizarra» en la que el cine del bueno de Nicolas toma la batuta del guion, mientras que Sono establece las bases del lenguaje visual. Una mezcla un tanto rara pero que si se sabe a lo que se va, y más en el Festival de Sitges, puede ser un disfrute de niveles serie B bajos bajos.

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Amante del cine desde chiquitito. Llevé el anillo único al Monte del Destino en 2 días, elegí la pastilla verde en Matrix, vi que había dentro del maletín de Pulp Fiction y soy el octavo samurái encubierto.