Parásitos

Mucho se ha hablado de Parásitos, la gran obra maestra de Bong Joon-Ho, pero, ¿qué la hace tan especial? No hablamos de que haya sido la única ganadora del Oscar a la mejor película sin ser de habla inglesa, sino de lo especial que es ante los ojos del espectador menos asiduo al cine de autor.

El estreno y posterior éxito nos pilló a todos por sorpresa. En un año marcado por Joker, 1917, The Irishman, Once Upon a Time in Hollywood y demás remarcables cintas, Parásitos se impuso como el gran film de 2019. Su excelencia ha trascendido el cine, consolidándose como un referente del cine asiático y una de esas joyas que pasarán con casi toda certeza a la historia del cine. Además, su camino hacia la gloria fue natural, nada impostado y celebrado por todo aquel que disfrute con el buen cine.

Parásitos guarda algo especial dentro de ella que la conecta con la gran mayoría del público (siempre hay excepciones). El hecho de que sea una película coreana que haya entusiasmado a todo el mundo es suficientemente remarcable por sí mismo. Eso sí, si profundizamos un poco más nos damos cuenta de que sienta las bases de un cine que pocas veces hemos visto. Para tratar de entender este punto, hagámonos una pregunta: ¿Qué tipo de cine es Parásitos? Unos dirán comedia negra; otros, thriller; otros, drama social. La disparidad de opiniones sobre el género en el cual debe encasillarse una película suele ser un debate habitual, pero pocas veces está realizado con atino. El gran ejemplo de esta clase de debates es el cine de Tarantino. Nadie sabe realmente qué es, pero a casi todo el mundo le entusiasma.

Parásitos (01)

Sería incapaz de poner la mano en el fuego y decir que Parásitos es un thriller, una comedia o un drama. Tampoco me veo capacitado para decir que es una película de Bong Joon-Ho (entendiendo su figura como un estilo de cine), ya que no soy asiduo a su filmografía. Para entender qué es Parásitos, hay que desentrañarla.

La primera hora de Parásitos es una comedia negra, no cabe ninguna duda. Es una sátira sobre la ingenuidad de la clase alta y de cómo la clase baja debe apañárselas para subsistir. Es una hora de metraje cargada de positivismo, humor negro y situaciones divertidísimas que en el fondo no lo son. La intención de la película es clara y manifiesta en su primer acto, pero todo se tuerce con una simple llamada de timbre.

El segundo acto es oscuro y violento. Pasamos de la comedia al thriller más próximo a grandes cintas que han pasado por festivales como el de Sitges. Es cine de género crudo, impactante y sucio. La historia se tuerce hacia un límite que parece sobrepasar cada cinco minutos, colocando a aquellos personajes a los que les habíamos cogido cariño en situaciones extremas. El final de este acto acaba con un sufrimiento indescriptible y la pérdida total de todo aquello que tenía la familia protagonista.

El final de Parásitos es descontrolado y colisiona los estilos de cada uno de los actos anteriores. Hay sol radiante, una fiesta y una reunión feliz de amigos y familias, pero es imposible que este relato acabe bien. El caos se apodera de la escena y cierra una historia que en ninguno de los casos podía acabar bien.

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Lo que hace grande y especial a Parásitos es que su género no sale a la luz en ningún momento, sino que se intuye a través del estilo de cada uno de sus actos. Bong Joon-Ho coge la comedia negra, el thriller y la violencia para contar una historia que realmente es un drama social. Hemos visto películas que camuflan su drama en el terror o en la comedia, pero que una obra lo camufle en tres tipos de cine es otro nivel.

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