Érase una vez en Hollywood llega por fin en este caluroso puente de la virgen de agosto a nuestros cines. Una de las películas más esperadas del año. Según Tarantino, su 9ª (Kill Bill es una en su cabeza) y penúltima película, muy a pesar de la inmensa mayoría del mundo cinéfilo. Porque es uno de los directores que, a quien más y a quien menos, cautiva. Eternos los debates sobre cuál es su mejor o peor película, solo cabe desear que Quentin no sea hombre de palabra y nos siga regalando filmes por muchos años.

Érase una vez Tarantino

Érase una vez en Hollywood creo que es la película menos tarantiniana del director. Al menos así lo es en sus dos primeros actos y en cuanto a ritmo y contenido se refiere. Por el contrario sí que el último acto, a partir de las dos horas, es cuando el filme se acerca más a lo que en nuestras cabezas identificamos como el estilo de cine al que nos tiene acostumbrado el cineasta. Esto va a pillar a contrapié a muchos espectadores, entre los que me incluyo, que acudan, como yo, totalmente vírgenes a la proyección de la película. No se me malinterprete, es una gran obra de principio a fin, pero como digo, puede no ser lo que esperamos.

Huid de cualquier spoiler, sobretodo de esa última parte, porque realmente puede estropear y mucho la experiencia. El mismo Tarantino pidió expresamente al público asistente a Cannes, lugar elegido para la presentación de la misma, que evitaran revelar ciertas partes obvias de la trama en sus críticas u opiniones. Según sus propias palabras: “Adoro el cine. Vosotros adoráis el cine, es un viaje para descubrir una historia por primera vez”.

Érase una vez en Hollywood es principalmente una radiografía de la industria del cine  estadounidense de 1969. Es también a la vez, un cuento o fábula, tal y como nos induce a pensar su propio título, y tal y como descubriremos tras el final del filme. Título que es fácil de asociar como homenaje a una de las películas favoritas de Quentin, el western Hasta que llegó su hora de Sergio Leone, que en inglés se llamó Once Upon a Time in the West (la traducción literal sería Érase una vez en el Oeste). Como suele ser habitual en el cine del director, la película está plagada de guiños u homenajes a multitud de clásicos cinéfilos de grandes directores, incluso a algunas de sus propias obras anteriores.

Érase una vez Al Pacino

Además de retratarnos esa época dorada de Hollywood, este filme trata, por encima de todo, del crepúsculo de un actor que hasta hace bien poco estaba en la cima de la industria cinematográfica. Este actor es interpretado por un inconmensurable Leonardo DiCaprio. Y es que Brad Pitt está de fábula en su papel, increíble, muy empático, pero Leo está divino. Me atrevo a decir que es su mejor papel, que ya es decir mucho. Porque la película es muy buena, pero tras finalizar, no podemos dejar de pensar que uno de los pilares de ella son estos 2 grandísimos intérpretes. Mi apuesta desde ya para los Oscar o cualquier otro premio actoral recae sobre estos dos gigantes del celuloide.

Margot Robbie interpreta a la actriz y esposa de Roman Polanski, Sharon Tate, la cual nos regala una de las escenas más emotivas y tiernas del filme cuando entra al cine a ver la proyección de una de sus propias películas. A destacar también el seductor papel de la joven Margaret Qualley, hija de la también actriz, Andie MacDowell, quien viene demostrando desde hace un tiempo que no está en la industria solo por ser hija de quien es. El desfile de caras conocidas no cesa durante toda la película y podemos encontrar a Kurt Russell, Bruce Dern, Timothy Olyphant, Dakota Fanning, Luke Perry e incluso un pequeño cameo de un habitual en el cine de Tarantino, Michael Madsen.

Érase una vez Brad Pitt Qualley

Una gran narrativa absorbente nos acompaña durante esas dos primeras horas en las que el argumento, principalmente dramático, gira en torno a sus dos personajes principales. Estos dos primeros actos, que pueden parecer un poco, digamos “planos”, sobretodo si comparamos con otros trabajos del director, se ve interrumpido de manera constante por ese exquisito humor negro, ácido, al que nos tiene acostumbrado el bueno de Quentin. La sala, que permanecía en silencio sepulcral durante casi la totalidad del metraje (exceptuando el brutal último acto), estalló en sonoras carcajadas no menos de 9 o 10 veces.

El apartado musical merece mención especial, ya que podríamos decir que Tarantino realmente ha construido su película alrededor de los auténticos temazos que ha decidido incluir en su película. Casi todos ellos están incrustados en las propias acciones de los personajes, y no es raro que te sorprendas moviendo cabeza y pies en mitad de la proyección, ya que son canciones bastante reconocibles y que además están muy bien  sincronizadas en los puntos álgidos de cada una de ellas.

En resumen, Érase una vez en Hollywood, es otra gran película de la ya magnífica filmografía de Quentin Tarantino. Que como suele ser habitual en su cine, será muy disfrutable en segundos visionados, que también como suele ser habitual, será ensalzada por unos y vilipendiada por otros, pero que cuenta, sin lugar a dudas, con la calidad y el sello, esta vez quizás menos reconocible, de este autor, que señalemos, una vez más, como hace siempre, es también el escritor del guion.

 

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Reseña Panorama
Érase una vez en... Hollywood
7.5

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Perdidamente enamorado del cine. Me marcaron desde pequeño Hitchcock, Spielberg, los Marx y Chaplin. Luego llegaron Kubrick, Kurosawa, Berlanga, Leone, Fellini y Wilder y el amor se convirtió en obsesión. Entre mis directores activos favoritos se encuentran Médem, Arofnosky, Tarantino, Park Chan-wook, Lars von Trier y mi mancheguito preferido, Pedrooooo. Mi película predilecta es la Noche del Cazador y por Lost MA-TO.