Aunque te pueda parecer hiperbólico, nunca jamás había sido tan fácil ganar el Oscar a la mejor película. ¿Qué soy un exagerado? ¿Qué no te convence? Pues atento al dato definitivo: Este año lo ha ganado el director de Dos tontos muy tontos, Dos tontos muy tontos 2, Algo pasa con Mary y Yo, yo mismo e Irene. ¿Cómo es posible eso? Porque ha cumplido a rajatabla las tres lecciones básicas para ganar el Oscar. ¿Lo quieres intentar tú? Pues atento, porque es verdaderamente fácil.

Primero de todo, hay que entender que esto sólo es posible desde que cambiaron las normas de votación. Hasta hace diez años, la elección se hacía por mayoría simple, como el delegado de clase. Quien más votos consiguiera, ganaba. Pero en 2009 lo cambiaron al método de Eurovisión: Se puntúan todas las películas de menos a más y quien más sume es quien gana. No me preguntes el por qué del cambio: es uno de los grandes misterios de la humanidad, junto con el origen de la vida, quién levantó las pirámides y la edad de Jordi Hurtado.

Por tanto, ya no gana la película que a más académicos ha gustado sino la que menos les ha molestado. Esa es la clave. Lo sabía Peter Farrely y ahora lo sabrás tú. Ahora sí, ya estás preparado para ganar el Oscar en tres cómodas lecciones.

Lección uno: No te la des de autor

No es necesario. Es más, casi te diría que es contraproducente. Si por algo se han caracterizado estos últimos años es porque dirección y película se han convertido en dos carreras completamente independientes.

En lo que llevamos de década, el Oscar a mejor película y a director han coincidido sólo cuatro veces por cinco que se han repartido. En la década de 2000, el premio sólo se dividió en dos ocasiones. Si retrocedemos a los noventa, se separaron una vez. Parece que el Oscar a mejor director se daba por inercia. Se daba por hecho que si la película gustaba sería porque estaba bien dirigida. No digo que no sea cierto, pero en los últimos años están arrasando las direcciones “de autor”. Hoy en día, alguien de la categoría de Clint Eastwood consigue la nominación a película, pero no en dirección (que fue justo lo que ocurrió con El francotirador).

El director invisible ha pasado de moda. A la academia lo que le pone son las puestas en escena espectaculares y las propuestas narrativas personales (Recordemos que Bradley Cooper se ha quedado fuera por Ha nacido una estrella). Para que te nominen como director se tiene que notar que la película sólo la podías haber dirigido tú. Esto favorece, paradójicamente, a que los directores “de oficio” ganen en película. Los grandes títulos de firma compiten en dirección. Mejor película se reparten entre las cintas que más hayan gustado en general, y ésta no es forzosamente la que tenga la puesta en escena más compleja.

Crítica de Ha nacido una estrella (2018): Bradley tiene algo que contar

La dirección de Green Book consiste en un plano general de presentación que pasa al plano/contraplano para los diálogos. Farrely no ha hecho nada que no hiciera en Dos tontos muy tontos. Es más, no ha hecho nada que tú mismo seas capaz de hacer. Sería una locura tratar de dirigir Roma, Vice o La favorita sin fracasar estrepitosamente. Green Book la podríamos hacer con cuatro nociones de dirección y ganar el Oscar. Es así de triste.

Crítica de Green Book (2019): Viajar a la amistad

Lección dos: Que los actores hagan la película por ti

La mayor parte de académicos pertenecen al gremio interpretativo y, lógicamente, les gusta su trabajo. Desde Slumdog Millionare, toda las películas ganadoras han tenido, mínimo, alguna nominación interpretativa. La anterior fue ocasión fue en 1995 con BraveHeart y en 1981, con Carros de fuego.

A la Academia le encanta reconocer las películas bien interpretadas. Pero no es sólo por eso. Estoy intentando que ganes el Oscar a mejor película sin ser director, y para eso te hace falta un gran reparto que te camufle. ¿Recuerdas aquello de que la labor de un director consiste sólo en elegir un buen guión y el elenco apropiado? Pues no lo olvides nunca que sólo con eso puedes llevarte el Oscar a mejor película. Eso sí, a director ni lo sueñes… pero ese Oscar es para dummies. Nosotros vamos a por el premio gordo.

Hemos dicho que a Peter Farrelly no lo saques del plano general y el plano/contraplano. ¿Pero qué pasa en ellos? Que tienes a dos monstruos de la interpretación como Viggo Mortensen y Mahershala Ali. La escena te entusiasma porque ellos dos están maravillosos y Farrelly no ha tenido que estrujarse los sesos. ¿Que no sabes dirigir? No te preocupes, porque tú no tienes que hacer nada, lo van a hacer los actores. Recuerda: La película tiene que dejar buen sabor de boca, no pasar a la Historia del cine.

Lección tres: No llames la atención

Por extraño que pueda sonar, tú puedes convertirte en tu peor enemigo. Haber realizado la película del año te puede llevar a perder el premio. Cuando alguien es el favorito absoluto en lo que sea, puede provocar dos reacciones indeseadas: Que te terminen cogiendo manía o que no te voten pensando que, de todos modos ya vas a triunfar. Imagina que todas las encuestas dan por seguro que ganará las elecciones el Frente popular de Judea. Y el caso es que tú también pensabas votarles y quieres que ganen. ¿Pero qué se te pasa por la cabeza? Que si todo el mundo le apoya, tampoco va a pasar nada porque tú votes al Frente judaico. Total, si de todos modos van a ganar los otros.

Eso, justo eso fue lo que se llevó por delante el triunfo de La la land. Recuerda: mantén el perfil bajo. No llames mucho la atención y que no parezca que no necesitas los votos.

¿Has visto que fácil es? Ya puedes ganar el Oscar el año que viene, si quieres. Como en casi todo en esta vida, no hace falta inteligencia, sólo astucia… y ¡ leer a  Cinéfilos Frustrados!.

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