Sorogoyen

A pesar de haber sido un éxito en crítica y cosechar gran notoriedad, Antidisturbios esconde algunos secretos que pocos espectadores han logrado percibir. Uno de ellos, y tal vez el más estimulante de todos, es ser conscientes de presenciar una especie de nuevo universo cinematográfico.

Viendo Antidisturbios uno puede reconocer su país de un modo que no se aleja tanto de la realidad. La idea que Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña tienen de España mezcla corrupción, tradicionalismo, masculinidad, empoderamiento femenino… todos elementos muy reconocibles en el panorama ibérico actual. Es interesante cómo en un espacio demográfico no precisamente descomunal convergen tal nivel de corrientes ideológicas. No obstante, Sorogoyen y Peña ven en España un país con un gran problema que lo contamina todo: la corrupción.

Que Dios Nos Perdone no está en la misma liga que El Reino o Antidisturbios. Mientras que las dos últimas son arduas críticas al sistema político español, el thriller protagonizado por Roberto Álamo y Antonio de la Torre es un tenso ejercicio de cine policiaco con pequeñas pinceladas de lo que vendría después. Para hablar de universo cinematográfico, que es la tesis de lo que pretendo exponer en estos párrafos, tenemos que centrarnos en El Reino y Antidisturbios.

Hasta dos referencias claras y directas podemos encontrar en Antidisturbios sobre los acontecimientos de El Reino. En primer lugar, Persika es una corrupta empresa ficticia que aparece en ambas producciones. Por otro lado, en ambas obras aparece el personaje de la jueza Leire Costa, interpretada por Mona Martínez.

Hay quien dice que pueden ser guiños simpáticos para aquellos que nos deleitamos con la gran obra maestra de Sorogoyen. Siendo conscientes de la temáticas de ambas obras, no parece que sea una decisión baladí. La España de Sorogoyen y Peña es casposa. La corrupción se encuentra en todos los estamentos de la sociedad y los personajes de estas obras no son más que piezas de un tablero.

Dejando a un lado los guiños entre ambas obras, lo que verdaderamente une a El Reino y Antidisturbios es su mirada. España es un país donde la corrupción parece haberse hasta normalizado, pero no por ello no debe ser denunciada. Escenas como el final de El Reino, la conversación entre Urquijo y Revilla en Antidisturbios o la desafiante charla entre Manuel y Alvarado en El Reino pone de manifiesto un sistema podrido que lleva desde la Transición opacando cualquier atisbo de decencia.

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Aún no está confirmado el próximo proyecto de Sorogoyen y Peña, pero que fuera una nueva muestra de denuncia social sería una magnífica noticia para el cine español. Tenemos un país en que hay demasiadas cosas que contar. Necesitamos cuentacuentos que nos abran los ojos y pongan en la diana a quienes lo están pidiendo a gritos.

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