Tenet

Las sensaciones a veces nos dicen mucho más de lo que pensamos. Los primeros compases de una película son mucho más importantes de lo que cabe esperar en un cómputo general, y es por ello que la sensación que nos pueda transmitir es tan clave. El cine está lleno de inicios maravillosos, pero ¿qué hace de un inicio algo único y memorable?

Ayer me paré a pensar qué tienen en común muchas (por no decir casi todas) de mis películas favoritas. Todas me emocionan y me sumergen en otro universo, pero ¿por qué?, ¿qué tienen? La respuesta, aunque no definitiva, la encontré en los inicios. Difícilmente las obras sin inicios memorables van a conseguir atraparme. Los primeros planos de un film deben ser una declaración de intenciones, no una introducción más. Ya sea a través de la banda sonora, el estilo a la hora de diseñar la puesta en escena o la trama en sí misma, enganchar al espectador es tan complicado como imprescindible. Esto, por supuesto, es totalmente subjetivo. Por ejemplo, a mí me enganchan con ruido, epicidad, caos, neón, blanco y negro, planos de espaldas y miradas. Cada uno se enamora de lo que quiere.

De entre todas las obras maestras que me han cautivado a lo largo de los años, he elegido cuatro. Cuatro inicios únicos y memorables que me convencieron desde el primer minuto de que iba a ver algo que iba a recordar durante toda mi vida. Es cine contemporáneo, por lo que no esperéis ver lo típico que sale en las listas de “los mejores inicios de la historia”.

The Lighthouse (Robert Eggers, 2018)

Quién me iba a decir a mí en septiembre de 2019 que me iba a enamorar de una película protagonizado por “el actor de Crepúsculo“. En ocasiones, la ignorancia es poderosa, y tal vez por eso caí rendido ante semejante obra maestra del cine de género. The Lighthouse es la segunda película de Robert Eggers tras The Witch. Esta oscura historia de dos fareros a finales del siglo XIX presenta la dirección más bella que he presenciado en mi vida; no hay un solo plano feo durante las dos horas de metraje. Los dos protagonistas se salen y se convierten, a mis ojos, en la gran dupla actoral de la década de los 2010s. Y todo ello lo supe a los dos minutos de película.

El inicio de The Lighthouse es una barbaridad. Orden de factores: Pantalla en negro, sonido ensordecedor del faro que da nombre a la película, primer plano en formato 1:1 y en blanco y negro con un barco vislumbrándose al fondo de la imagen, un plano de espaldas de Robert Pattinson y Willem Dafoe y un plano más cerca de ellos con el faro a lo lejos entre ambos. Ya está. Ya estás dentro de una de las obras más bellas de la historia del cine. Eggers solo ha necesitado seis pasos para tenernos dónde él nos quiere tener. El estilo, la intención y la atmósfera está clara y no han pasado ni cinco minutos de película. Un inicio inmejorable para una obra hipnóticamente bella.

Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015)

¿Qué locura es esta? Pregunta imposible de hacerse justo cuando aparece el título de Mad Max: Fury Road a los cinco minutos de película. El film de acción más frenético y extasiante de la historia del cine cuenta, como no podía ser de otra manera, con el inicio más frenético y extasiante de la historia del cine. Uno se queda embobado ante el espectáculo pirotécnico que George Miller nos regala en estos primeros compases. Lo bestia es que así será durante las próximas dos horas.

Son cinco minutos en los que la grandeza del personaje interpretado de Mel Gibson se sustituye por el carisma inherente de un Tom Hardy parco en palabras. La banda sonora casi satánica de Junkie XL peta los tímpanos de cualquier afortunado que haya podido ver esta obra en un cine. La energía con la que Miller mueve la cámara y compone cada escena parece derivada del consumo de alguna sustancia aún desconocida. Es un inicio bestial que deja exhausto a cualquiera. Toda la energía y adrenalina que acumula el espectador durante estos cinco minutos parece condenada a quedarse en nuestro ser, pero de repente aparecen las palabras “Mad Max” en grande en la pantalla. Seguidamente, “Fury Road” en llamas y con la banda sonora de Junkie XL al 1000% de volumen. Toda esa adrenalina se convierte en ganas de levantarse de la butaca y ponerse a aplaudir hasta que nos sangren las manos. Masterclass insuperable del cine de acción en cinco minutos.

Inicios de El Reino

El Reino (Rodrigo Sorogoyen, 2018)

No podía faltar representación nacional en este listado. El Reino, obra magna de Rodrigo Sorogoyen, es un retrato despiadado que ataca a todas las instancias de un sistema corrupto que hemos normalizado como sociedad. Aborda como ninguna otra película se ha atrevido el mal endémico que es la política en este país a través de una obra artística excelsa a todos los niveles. La interpretación de Antonio de la Torre (su mejor papel), el reparto (Zahera, Pou, Lennie, Fresneda…), la BSO de Olivier Carson, el guión de Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen y, cómo no, la dirección del autor español más talentoso que hemos visto en años y años.

Sorogoyen se empeña en retratar los mismos temas en casi todas sus obras, y siempre lo hace con un sentido. En esta ocasión, inicia el film con un plano secuencia que evoca a Goodfellas (la analogía es inevitable). Seguimos al personaje de Antonio de la Torre hasta un restaurante de marisco donde se encuentran políticos de un partido que jamás se especifica (no hace falta). Una conversación distendida normalizando la corrupción tiene lugar hasta que el superior del protagonista se dirige hacia el lavabo. De la Torre le acompaña y ahí tienen una breve conversación que dice todo lo que tiene que decir. Empieza a sonar la BSO de Arson. Entendemos dónde va a parar la figura del corrupto protagonista. Este se mira al espejo en un plano brutal y le sigue un pantallazo en negro con el título de la película. Otros cinco minutos que te dicen todo lo que te va a decir la película en las próximas dos horas. Sorogoyen es un tesoro nacional.

Inicios de Tenet

Tenet (Christopher Nolan, 2020)

Se me hace absolutamente imposible acabar este listado sin incluir al rey indiscutible de los inicios brutales. El director de grandes obras magnas del cine contemporáneo como lo son The Dark Knight, Interstellar o Inception crea en Tenet el mejor de sus inicios. Una gran virtud de Nolan es que su desmedida ambición le permite crear secuencias de acción larguísimas que amenizan el extenso minutaje que atesoran sus obras. En el caso de Tenet, tenemos un inicio que ya nos anticipa el tipo de película que vamos a ver.

Mi caso particular es especialmente llamativo (y en parte por eso amo tanto esta película): acudí al cine sin saber absolutamente nada de la película. No sabía lo que me iba a encontrar, por lo que todas las decisiones narrativas y artísticas me sorprendieron (o para bien o para mal, y aquí es todo para bien). El inicio comienza pausado durante unos 15-20 segundos. Después de eso, es un no parar de dos horas y media. A lo largo de esta introducción (hablo de la secuencia de la ópera), tenemos un asalto que evoca al inicio de The Dark Knight; un plot twist que deja boquiabiertos a los que pensábamos que después de Inception e Interstellar nada que hiciera este hombre nos iba a sorprender; una presentación de personaje épica y memorable; una banda sonora (que NO es de Hans Zimmer, es de Ludwig Göransson) absolutamente tremenda; un lío narrativo que ni yo que he visto la película cuatro veces soy capaz de desentrañar; y una gestión de la acción magistral. Para mí este inicio es Nolan en su máxima expresión. Para otros, una basura infumable. Menos mal que este listado es mío y no de ellos.

WONDER WOMAN 1984 (2020): ABANDONEN EL BARCO

Esta es la segunda reflexión que hago sobre los elementos que me enamoran de las películas. Empecé hablando de las miradas, y este era el segundo paso lógico. Es realmente admirable cómo con apenas cinco minutos un grupo de artistas son capaces de traspasar la pantalla del cine, agarrarte y arrastrarte al mundo que proponen durante el tiempo que tú consideres oportuno. A veces salimos de la pantalla o a veces nos quedamos atrapados dentro de ella. La decisión, aunque subconsciente, siempre es nuestra.

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