Crítica de Tenet (2020): El Frankenstein errático de Nolan

Dirección y Guion: Cristopher Nolan | Música: Ludwig Göransson | Fotografía: Hoyte Van Hoytema | Reparto: John David Washington, Robert Pattinson Elizabeth Debicki, Kenneth Branagh (+) | Productora: Warner Bros., Syncopy Production

Tenet

Tras desbaratarse sus planes iniciales, por fin Warner Bros y Cristopher Nolan estrenan Tenet, la película más esperada tras el surgimiento del coronavirus. Pero, ¿qué demonios es lo que hemos visto?

Si de entrada estrenar cualquier película es casi un salto al vacío, hacerlo en mitad de una pandemia con los cines desiertos, la cartelera despoblada, rebrotes, un futuro incierto, millones de presupuesto a rentabilizar y, encima, con la etiqueta de que es de Cristopher Nolan -y casi suena feo que se pegue un batacazo-, tiene que ser lo más próximo a un colapso –como el de Filmin no, parecido- en términos de producción y presupuestarios. Lo menos que puede esperarse es que el resultado sea grandilocuente, excelso, emocionante, superlativo, algo que indudablemente justifique el estreno por encima de la adversidad; pero, sin embargo, lo digo desde ya, Tenet podría tener el (des)honor de ser la película más absurda, enrevesada, pobre, fría, maniqueísta y artificial que, por supuesto, he visto durante los estrenos de verano y me atrevería a decir que durante mucho tiempo. Cristopher Nolan ha armado un Frankenstein compuesto de elementos pegados con calzador para que no chirríen -y ni por esas- que huele a rancio desde su primera secuencia. Comencemos.

Lo primero: Estadounidenses contra Rusos en pleno 2020; de verdad, por favor, ¿todavía? ¿Cuántas cosas más tienen que suceder en el mundo para que se olvide ese enfrentamiento y, además, se asuma que está más que sobreexplotado en toda la industria audiovisual en general? Sentarse en una butaca en estos tiempos y cerciorarse de que, efectivamente, TODAVÍA, se siguen viendo a estadounidenses mazados trajeados contra rusos con cara de mala leche hacen que las ganas de verla decaigan desde el minuto uno. Y es que es normal: estamos hartos de ver siempre contextos similares, con ideas próximas entre sí, para justificar un guion que entretenga. Ya hablaré de ello más adelante, pero ni siquiera se observa un esfuerzo por trabajar en una doble capa de los personajes, hacerlos más humanos y cercanos, darles el toque diferenciativo para que no se olviden. Todo genera un regusto frío, amargo y rancio.

Rancio, ¿por qué? Hay varios motivos. El primero es porque todavía nuestro querido Cristopher sigue empecinado en que, de entrada, el espectador que va a sus películas es un idiota que necesita que le expliquen todo. Repito: TO-DO. No esperéis un acercamiento hacia vuestra moralidad o una oportunidad a ver un subtexto entre líneas, ¿eso para qué? ¡Eso para otros! En Tenet, mientras la trama hace trampolines, agujeros de guion y se deja la mitad por el camino, podéis estar tranquilos que llegará algún momento en que Nolan sentará a sus personajes, te llenará la narración de planos-contraplanos para que no tengas mucho estímulo y te obligará a estar atento a conversaciones largas en las que tendrás tu buena ración de terminología, idioma técnico y, por supuesto, todas las claves para entender la trama y que no hagas mucho esfuerzo por pensar. Y es que, Dios mío, no puede ser más absurdo el hecho de meterte 20 minutos de sin sentido para luego tener que explicártelo en otros 10 insufribles donde la conversación está forzada, se siente artificial y denota más un cierto gusto por gustarle el juego al que está jugando frente a una trama que realmente necesite de esa estructura.

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Parafraseando a Carlos Boyero, a pesar de no ser muy fan de sus críticas, en la que redactó tras ver El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace“Decepción: Batman (Tenet) vuela bajo (…) Todo me resulta rutinario, un derroche de ruido sin que aparezcan las nueces, una colección de clichés y de frases forzadas, el inconfundible aroma del cine aparatoso y mediocre”, encuentro muchos símiles para justificar el segundo motivo por el cuál Tenet me apesta a rancio: se siente como cine mediocre al que, además, nos incitan a pensar que es todo lo contrario sólo por venir de quien viene. Es que es la hostia. ¿Hay algo que haga a Tenet destacar sobre el resto de blockbusters salvo la golosina del tiempo, que ni siquiera resulta ingeniosa sino más bien una pantomina? Enumeremos: personajes maniqueistas, una trama completamente lineal que da vueltas en el tiempo para enrevesarse pero que luego, en esencia, no tiene nada más que sus piruetas, música estridente para ponernos en tensión y que, por momentos, resulta incluso molesta por el elevado volumen, ruidos, hombres reventándose a tiros y guantazos, un malo que es la mismísima reencarnación del demonio pisando la tierra… etc, ¡ah! sí, y, por supuesto, una redención del personaje al final marca de la casa; que, además, ni siquiera genera la cálida sensación de las cosas bien hechas porque no conectamos con esa clase elitista y superior moralmente que debe derrotar a la terrible Rusia y su ansiado fin del mundo. Macho, Putin, que te parta ya un rayo.

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La tercera razón, y quizás la más personal, es la que el cine, para algunos, debe ser contado desde el pueblo y con personajes próximos a quien va dirigida la cinta. No estoy del todo de acuerdo con esto, pero, desde luego, más que con ver a estos señores dar clases de moralidad y deambular entre sus edificios de élite política para salvar a los pobres mortales. Me encantaría, y repito, me encantaría que la próxima película de Nolan esté protagonizada por alguien más próximo o no por el elegido de turno para salvarnos o descubrir el secreto mejor guardado.

Crítica de Dunkerque (2017)

Técnicamente, la película es apabullante, eso sí. El hecho de tener a algunos de los mejores técnicos del mundo entre sus filas se justifica con una portentosa puesta en escena visual y movimientos de cámara sólo posibles por medio de cabezas calientes, grúas y una larga lista de grip para hacer cosas inverosímiles con la cámara. No obstante, el trabajo del maestro Hoyte Van Hoytema a cargo de la dirección de fotografía no me ha sorprendido tanto como alguno de sus pasados, ya sea bajo la tutela de Nolan, Insterstellar, o la de algún otro de los grandes de nuestra época, como James Gray Ad Astra -aunque tampoco sea la mejor de su director, precisamente-. Los tonos quizás sean demasiado grises en algunas secuencias, las fuentes de luz predecibles y el rodar en IMAX no me ha supuesto un gran cambio respecto a hacerlo en otro formato, aunque aquí también importa mucho la sala donde acudas.

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A nivel interpretativo tampoco no hay ninguna sorpresa, John David Washington cumple y poco más; había leído que realizaba un gran papel pero, honestamente, no se lo he visto, y Robert Pattinson hace lo que puede por no parecer un robot artificial programado; lo mismo por parte de Kenneth Branagh. Cuando el texto y las directrices que te dan son tan pobre y frías, pues poco más puedes hacer que salvar los muebles y salir por patas del bochorno.

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En definitiva, Tenet es una gran experiencia audiovisual que justifica el precio de una entrada de cine como mero vehículo de explosiones y desenfreno; pero, eso sí, como película es un absoluto horror y no hay por donde cogerla. La trama resulta simple, llana, pobre y absurda y la forma de estructurarla simplemente pretende convertir lo simple en complejo per sé. No hay ninguna razón para enmarañarlo tanto, salvo el hecho de querer hacerlo. Ojalá y dentro de unos años ver lo nuevo de Nolan y, por lo menos, sentir que se ha quitado de todos esos intentos pretenciosos (por fin ha salido esa palabra) que, sinceramente, desconozco cuál es su fin. Por lo menos con no poder cambiar la palabra Tenet por Call Of Duty me conformo.

Reseña Panorama
Tenet (2020)
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Viejoven. Cinéfilo hasta las trancas y administrador de Cinéfilos Frustrados: Tu PEOR blog de Cine y Series, donde tengo la suerte de poder tener un hueco en el que mostrar mis opiniones y gustos por este tan noble hobby que nos une: el Séptimo Arte.