Requiem for a Dream

Pocas sensaciones más únicas que descubrir que aquello que conoces nació a partir de una película. Dirigida por Darren Aronofsky, Requiem for a Dream es, por encima de todo, una obra generacional.

Hay sumas que siempre dan un mismo resultado, y en el caso de aquella que se conforma de “cine + drogas”, el resultado siempre acaba siendo Trainspotting. La gran obra maestra de Danny Boyle es uno de los retratos más crudos y catastrofistas del camino al que te conducen las drogas (y las adicciones en general). Es el gran título de un tipo de cine que, más que pretender mostrar las consecuencias de las drogas (que también), retrata el fracaso de la sociedad en forma de inadaptados que solo “sobreviven” gracias al éxtasis que la droga les transmite. Al fin y al cabo, Trainspotting es una crítica a la sociedad de perdedores que Escocia originó en los años 90; es la obra de toda una generación.

Siguiendo aquella estela de obras generacionales que retratan el fracaso de la sociedad, Darren Aronofsky dirigió en el 2000 su obra cumbre: Requiem for a Dream. Durante los primeros instantes del film podemos comprobar que la influencia de Trainspotting es indiscutible. Dos personajes roban un televisor y recorren toda la ciudad para empeñarlo (no creo ni que haga falta describir la primera escena de la obra de Boyle para entender su influencia). Esta introducción nos podría invitar a pensar que Requiem for a Dream será un nuevo intento de retratar el fracaso de toda una generación, pero su intención es llegar mucho más lejos.

Los cuatro personajes de Requiem for a Dream son suficientemente reveladores como para entender el propósito del film. Una viuda que invierte casi todo su tiempo en ver el televisor; el hijo de la viuda, un joven yonqui que empieza a coquetear con el mundo del narcotráfico; la novia del joven yonqui, desequilibrada mentalmente y capaz de cualquier cosa para alimentar su vicios; y un joven afroamericano, amigo del joven yonqui y condicionado por la promesa de éxito que le hizo a su madre cuando era niño. Estos cuatro personajes comparten un propósito común: independizarse de su bienestar físico y mental con tal de cumplir sus objetivos.

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Requiem for a Dream es una crítica descarnada a una sociedad que incentiva el daño físico y mental de las personas con tal de alcanzar metas artificiales. Mientras que la viuda es capaz de poner en riesgo su salud con tal de salir en televisión, los tres jóvenes se adentran en el peligroso mundo del narcotráfico con el objetivo de ganar dinero y alimentar sus vicios. Esta idea no solo queda patente en el elenco protagónico, sino que los demás personajes de la obra demuestran que este problema es endémico. Adictos al sexo, a los juegos de azar, a la droga, a los programas de televisión, a la comida…

Todo el camino que las sociedad occidentales han recorrido a lo largo de la segunda mitad del siglo XX ha provocado que Requiem for a Dream tenga menos ficción de lo que nos gustaría. Aquello que consumimos día tras día está diseñado para volvernos dependiente de ello. Ya no hablamos de la heroína, la cocaína o la marihuana, sino de cualquier producto que se encuentre a la venta por la vía legal.

Cuando hablo de Requiem for a Dream como una obra generacional no solo lo hago por los temas que aborda, sino también por el cómo. Desde un primer momento, el estilo de Aronofsky llena los ojos del espectador de júbilo y éxtasis, como si de una droga se tratara. El frenético montaje y la inventiva de los planos convierten a Requiem for a Dream en un festival de pirotecnia cinematográfica. Tan solo el encadenamiento frenético de primeros planos cuando los personajes consumen heroína ya es de por sí historia del cine en el siglo XXI.

Especialmente memorable me resultaron dos aspectos de Requiem for a Dream: la banda sonora y el montaje paralelo de la secuencia final. El tema Lux Aeterna es una de aquellas piezas musicales que todos conocemos pero que no sabemos de dónde proceden. En cuanto empezaron los títulos de crédito y me di cuenta de que Lux Aeterna es un tema original de esta película se me erizó la piel; realmente, es una sensación curiosa. Por otro lado, la secuencia final es abrumadora. Vemos la consecuencia de las adicciones en su máximo esplendor a través de cuatro destinos catastróficos interpretados y dirigidos con suma excelencia. Un final inmejorable para una obra cumbre del cine contemporáneo.

¿Y QUÉ SIGNIFICA PARA TI SUSPIRIA?

Requiem for a Dream te puede enamorar por muchas razones. La desnudez emocional de Ellen Burstyn; la mirada desolada de Jennifer Connelly; la maravillosa banda sonora de Clint Mansell; el frenético montaje de Jay Rabinowitz; la magistral dirección de Darren Aronofsky… pero si por algo es una obra generacional, es porque todos estos elementos son la suma de un todo que la elevan a otro nivel: aquel que solo consigue un espejo.

Reseña Panorama
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