Suspiria

Luca Guadagnino cometió en 2018 la mayor de las blasfemias que un autor puede hacer: recrear un clásico. Afortunadamente, el director de Call Me By Your Name no hizo un remake al uso de Suspiria de Dario Argento, sino que ofreció su punto de vista particular de una de las grandes cintas del giallo italiano de los años 70.

Es inevitable que los fans acérrimos de una obra artística en particular se escandalicen ante cualquier intento de usurpación identitaria hacia la obra en cuestión. Pasa cuando se adapta una novela al cine o cuando un videojuego da el salto a la gran pantalla. Es intrínseco al sentimiento que te provoca una obra artística; no podemos ser racionales ante los sentimientos. Esta hostilidad ante lo nuevo surgió entre los fans de Suspiria, una de las grandes obras maestras de Dario Argento. Abanderada del giallo italiano (género padre del slasher americano, entre otros), Suspiria es una de las obras preciosistas más abrumadoras de la historia. Apenas quiero hablar de la obra de Argento porque la Suspiria que da nombre al título de este artículo es la de Guadagnino, hereje a ojos de los fans de la Suspiria original.

La inauguración del Festival de Sitges 2018 me abrió las puertas a una nueva manera de entender el cine. Luca Guadagnino, director de la maravillosa Call Me By Your Name, presentó su nueva obra: una revisita (que no remake) al mundo de Suspiria. La premisa es similar, pero hasta ahí. Las situaciones, personajes, estilo visual o tono son diametralmente opuestos. Si Argento brilló por el uso de colores chillones y visualmente impactantes, Guadagnino opta por tonos oscuros y apagados; y esta es solo una de las múltiples diferencias. Aunque parezca que voy dando tumbos, simplemente pretendo introducir brevemente el contenido de estos párrafos, porque mi intención no es ni analizar la obra ni evaluarla. Simplemente quiero hablar de lo que significa para mí (que debería ser la intervención más respetable dentro del mundo del arte). Pura subjetividad.

Cuando uno lleva años y años viendo cine, es cuestión de tiempo que se encuentre una película que lo cambie todo. Aquella obra que cuestione todo aquello que creíamos incuestionable. Hasta Suspiria yo pensé que el cine era relativamente objetivo y que había que verlo con los ojos. Ya había visto alguna películas que me habían sacudido emocionalmente (Dunkirk de Christopher Nolan es el ejemplo más claro), pero ninguna me había abierto tanto el alma como la obra de Guadagnino.

Nada más salir de aquella gala de inauguración del festival, pensé que la película que acababa de ver era realmente floja. “Le doy un cinco”, le dije a mi hermano. No sé qué me pasó aquella noche mientras dormía, que al despertarme cambié radicalmente de postura. Me puse a escribir sobre ella mientras escuchaba la banda sonora y me di cuenta de que se había introducido por debajo de mi piel. Es como si durante aquellas horas hubiera ido digiriendo todo lo que había presenciado la noche anterior. Acabé exhausto y con más ganas que nunca de volver a verla. Unos meses después la estrenaron en pocos cines (realmente triste que filmes así cuenten con estrenos tan limitados), pero la pude ver un par de veces más en pantalla grande. Ahí confirmé mis sospechas: Suspiria de Guadagnino se había convertido en una de mis películas favoritas.

¿Por qué una cinta aparentemente normal fue capaz de cuestionarme tanto? Dos años y medio después de verla me lo sigo preguntando. He sacado algunas conclusiones y me veo en condiciones de plasmarlas en este escrito, por lo que trataré de explicarme lo mejor que pueda.

Suspiria es una película que habla sobre el amor. No limitado al que te pueda hacer sentir una persona, sino al amor en general. Aquel que surge entre relaciones personales, el que te hace sentir un obra de arte, el que sientes sin saber bien por qué… Las dos horas y media de cinta giran en torno a esa idea, y todo lo que vemos en pantalla está realizado con el propósito de fortalecer esa idea. Y claro, el amor no es algo que puedas percibir con los ojos o madurar con la cabeza, sino que lo sientes en el alma. Justo por eso tardé en digerir esta película. La vi con el alma, no con los ojos.

Algunos te podrán decir que Suspiria trata sobre el mundo de las brujas. Otros, que es una radiografía de la Berlín de los años 70. No lo niego, son temas candentes dentro de la narración del film y muy trascendentes para la trama y el arco de transformación de los personajes, pero no es ni de lejos EL TEMA que para mí intenta retratar la película. La tristísima historia que vive el Dr. Klemperer (interpretado por Tilda Swinton…) es el aspecto del film que mejor evoca esta idea, pero no el único. La música, la fotografía, el estilo de Guadagnino, la relación entre los personajes… En todos los costados de Suspiria se desprende amor; incluso en la caótica escena del ritual sientes amor (ese orgasmo visual con la música de Thom Yorke de fondo no tiene precio).

CRÍTICA LA EXCAVACIÓN (2021) [NETFLIX]: DE LO EFÍMERO A LO TRASCENDENTAL

No sé si es el amor que Guadagnino siente por la Suspiria original o si ese es el tema central de su vida (viendo Call Me By Your Name, esa es una opción muy factible), pero que ese sentimiento, el más poderoso de todos, es el corazón de su Suspiria me parece innegable. Tan solo hay que ver ese plano final, tan descorazonador como bello, para entender que todo lo que hemos visto durante la película, por muy violento o desagradable que fuera (el amor también es así), gira en torno a una idea tan poderosa como única. Adapta como quieras esta idea a ti mismo. Cada uno vive el amor a su manera. Ese plano final para ti puede significar un episodio de tu pasado o de tu presente. Para mí, es el cine.

Artículo anteriorCrítica La Excavación (2021) [Netflix]: De lo efímero a lo trascendental
Artículo siguienteCrítica de La infamia (2017) | Estreno en Filmin