A Rainy Day In New York
A rainy day in new york

 

Woody Allen ofrece una cinta que exhibe claramente cada rasgo de su director, sus inquietudes y caprichos. No hay necesidad de contaminar  la crítica con ideología o posturas políticas. A Rainy Day In New York es tan transparente como lamentable.

Criticar a Woody Allen puede ser fácil o muy difícil dependiendo de ante quién se encuentre uno. Si una postura política es percibida, automáticamente se tiene la validación de una mitad de las opiniones. Y es que en estos tiempos —y no es algo dicho con gusto— no hay puntos medios en nada. Por eso es conviene sustentar toda opinión con lo que la obra muestra en sí misma. Para fortuna de esta crítica, A Rainy Day In New York muestra todas las señales que definen al mítico neoyorkino, quien tras Wonder Wheel, vuelve con un cinta poco o nada sutil. 

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La historia se centra en Gatsby, inteligente joven neoyorkino, que detesta el esnobismo y  los estándares culturales de su adinerada familia. Su novia Ashleigh es aspirante a periodista. A su vez, ella es una sureña fascinada con los actores populares y los directores de cine de culto. Gatsby mientras tanto,  posee gustos como las películas de Robert Mitchum y la música de Gershwin. Una visita a la gran manzana reformula el entendimiento que Gatsby tiene sobre su relación, y modifica el entendimiento con su familia.

Timothée Elle fanning
Timothée Chalamet y Elle Fanning – A Rainy Day In New York

Como se ha dicho, es una película que descansa en los recursos en los que Allen se siente seguro. La voz en off —ya habitual en el director—  opera como recurso ante la incapacidad para encontrar otras formas de plantear y desarrollar. No se cae sin embargo en la pereza de usarla como auxiliar para llegar rápidamente al final, como en Cafe Society. Aún así la narrativa no es suficientemente consistente e incluso se aprecian errores de edición. La estructura además, muestra la típica rúbrica allenesca: «chico profundo y un poco incomprendido, visita romántica y sofisticada ciudad. La magia de este lugar opera para revelar que la pareja con quien se encuentra no está a su nivel intelectual. El destino deparará mejores prospectos. Aquellos defectos incomprendidos del joven, serán releídos como ocultas virtudes. Así se eleva aun más al personaje en su sofisticada, ‘especial’ y ‘rebelde’ visión de la vida».

Por supuesto que varias de las historias de Woody que tienen esta fórmula como base, están delineadas con tal grado de sensibilidad que hacen del lugar común, algo verídico. Manhattan es un claro ejemplo, pero de los lejanos tiempos en que sus formas cinematográficas también tenían algo de inspiración. En Un Día De Lluvia En Nueva York, formalmente solo destaca la iluminación como recurso metanarrativo. En trama, hay una simpleza que deja desnudos los elementos, haciéndolos además totalmente predecibles. Incluso sorprende que algunos de los artefactos usados para dar desarrollo al personaje de Timothée Chalamet, recurran a argumentos absurdos. Se plantea que los gustos barriobajeros se hereden genéticamente; que una prostituta común puede a base de trabajo convertirse en una dama de la élite social con refinadas maneras. La visión emburbujada que tiene el director de la realidad es casi alarmante.

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Sin embargo, el principal sentido de esta comedia romántica es desahogar las angustias de su creador alrededor de temas como la honestidad artística frente a la pretenciosidad. Esto se representa en un Hollywood banal e hipócrita, ridiculizado y evidenciado en su enagenación. Se encuentra también la ansiedad hacia la inferioridad intelectual y la sensación de incompatibilidad por orígenes culturales. Una línea del guión reflexiona sobre pertenecer a un ambiente rural frente a uno citadino. Palabras más, palabras menos: «tú perteneces al aire puro y yo necesito bióxido de carbono». Debe ser la forma más burda de disfrazar una condescendencia citadina.

Timothée chalamet
A rainy day in New York

Así, Allen se pone al borde del clasismo y el sexismo. No por nada Ashleigh, la rubia de Tucson, es incapaz de captar una cita literaria o diferenciar el cine norteamericano del japonés. El equilibrio no estaría completo sin una chica que represente la idealizada concordancia romántica, expresada en el personaje de Selena Gomez. Es un papel carente de desarrollo que solo viene a confirmar la idea de que guardar los niveles de cultura es lo más romántico.

Quizá sea bueno decirle al señor Allen que esa búsqueda de la honestidad reiterada en sus guiones, ha llegado a su fin. Esta cinta es tan transparente que es incapaz de ocultar a su creador y sus lamentables caprichos.

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Viviendo de cine y conocimiento. El arte siempre es político. Sé que moriré solo.