Año: 2017 | Dirección: Maren Ade | Producción: Komplizen Film | Guión: Maren Ade | Fotografía: Patrick Orth | Reparto: Peter Simonischek, Sandra Hüller, Lucy Russell, Trystan Pütter, Thomas Loibl, Hadewych Minis, Vlad Ivanov, Ingrid Bisu, John Keogh, Ingo Wimmer, Cosmin Padureanu, Anna Maria Bergold, Radu Banzaru, Alexandru Papadopol, Sava Lolov, Jürg Löw, Miriam Rizea, Michael Wittenborn | Género: Comedia. Drama | Duración: 162 minutos.

Cada año la carrera de festivales iniciada en Cannes pone sobre el circuito fílmico un puñado de títulos que se postulan como los mejores del curso. Este, sin lugar a dudas, ha sido el año de Toni Erdmann.

Otra cosa es lo que ocurre al  otro lado del Atlántico, en Hollywood, donde se pone en funcionamiento la maquinaria para que su nueva estrella arrase a todos los niveles. El filme de este curso, además, es muy simbólico por todo lo que representa la meca del cine. La La Land es mágica y nostálgica o sea, puro Hollywood; un fenómeno fílmico que parece ya besar todos los Oscars. Lo que ocurre en Europa es bien diferente pero, a veces, también se gestan fenómenos cinematográficos. Este año, además, a la espera de que se celebren los premios de la Academia, dichos prodigios han coincidido en la taquilla española. El filme que transita por lugares menos comunes, pero que camina con paso firme para alzarse con el Oscar a mejor película de habla no inglesa se titula como el nombre de su protagonista: Toni Erdmann. Tiene acento alemán, físico corpulento y al igual que la historia del equipo nacional de fútbol germano, su paso por los festivales europeos es arrollador.

Su directora, Maren Ade, construye un relato sustentado sobre los cimientos de las personalidades de sus protagonistas. Identidades diametralmente opuestas de un padre, Toni Erdmann y su hija, Inés. Él es un tipo jubilado, descaradamente bromista y despreocupado; su hija, por el contrario, es fría, distante y vive demasiado preocupada por su trabajo que, además, está lejos de su entorno familiar, en Rumanía. El primer encuentro entre ambos ya resulta sintomático: una conversación telefónica provoca la espera durante unos minutos del reencuentro de padre e hija. El contexto entre ambos se traslada al lugar de residencia de ella, donde vive por y para el trabajo.

La película discurre entre la incomodidad de la hija y las situaciones jocosas llevadas a cabo por Toni Erdmann que, tras sentir la respuesta de ella a la pregunta ¿eres feliz? pega un “volantazo” para, hay que agradecerle, gozo del espectador. Y así se las arregla Maren Ade para mostrar un circo de momentos irrisorios, pero del que nos sentimos identificados. Un trabajo arriesgado, pero excelente. La cinta pone de manifiesto el juego de máscaras que convive dentro de cada uno de nosotros, impostado por la sociedad, que coarta las relaciones interpersonales. Y aquí más acuciado por el contexto capitalista que engulle a Inés en la incomunicación y por ende en la pérdida de valores que dan sentido a la vida. La idea no es otra que desenmascarar lo absurdo a través de la comedia.

El resultado, a pesar de los momentos desternillantes que nos regala Toni Erdamn, es agridulce. Porque las formas nos pueden hacer reír, pero en el fondo existen problemas importantes que nos limitan como humanos. Y en esa deshumanización es donde Maren Ade acierta con su diagnóstico combatido con humor. [yasr_overall_rating size=”large”]

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