El miedo sobre aquello que desconocemos forma parte de nuestro tejido emocional. Y si esa emoción termina por sobrecogernos, presos del pánico, tendemos a la alienación desde el rechazo y a la anulación de la empatía.

Desde que somos especie el ser humano ha mirado a las estrellas en busca de respuestas. Siempre nos hemos preguntado acerca de si existen otras especies en el espacio. De hecho, continuamente, gracias a los avances tecnológicos, las estaciones aeroespaciales más importantes del planeta, invierten y ponen en marcha misiones sin garantías de éxito, en busca de vida más allá de nuestra frontera planetaria. Pero, ¿qué ocurriría si en vez de encontrar nosotros a ellos, nos encuentran ellos a nosotros?

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Bajo esta premisa, el director Denis Villeneuve se adentra, por primera vez, en los códigos de la ciencia ficción. Y, como ocurriese con otros géneros, solo se sirve del envoltorio para contar sus inquietudes. En absoluto le importan en La llegada los extraterrestres, simplemente los aprovecha para ver el impacto y la reacción que tiene la humanidad ante una situación inaudita. Desde que Villeneuve, tras Incendies (2010), entrase en el estatus de Hollywood, se ha erigido como uno de los mejores más reputados de la actualidad. A pesar de las imposiciones que conlleva realizar películas en la religión hollywoodiense, el director canadiense ha conservado su sello autoral dando una vuelta de tuerca a historias aparentemente convencionales. Ahí radica su grandeza. Cualquiera que visione los trailers de Prisioneros (2013), Sicario (2015) o la misma La llegada, parece que estamos ante un thriller más, otra historia más sobre el mundo del narcotráfico o la película anual de ciencia ficción. Y nada más lejos de la realidad.

En La llegada el cine de Villeneuve mantiene las constantes que le han llevado hasta la cima de Hollywood, como así lo constata el hecho de que lleve a cabo la obra más ambiciosa y arriesgada de los últimos años: Blade Runner 2049. Su principal estilo reside en la creación de atmósferas perturbadoras como herramienta para contarnos realidades incómodas. Un trabajo que no se entendería sin los que vienen siendo sus habituales colaboradores: Jóhann Jóhannsson en la partitura y Roger Deakins en la fotografía. Aunque en esta cinta la dirección de fotografía ha estado a cargo de Bradford Young. En La llegada, el director de Polytechnique (2009), vuelve a someter al espectador al misterio predominante en su obra. La llegada de doce naves extraterrestres a la Tierra instaura el nerviosismo en la multitud. Los especialistas no saben las intenciones que han llevado a estas naves a visitar a la Tierra y, lo peor, no saben comunicarse para descifrar el misterio. Extraterrestres, que por otra parte, nos trasladan por un momento a Enemy (2013), debido a las similitudes que guardan con la araña.

Es entonces cuando acuden a una profesora, Louise Banks, especialista en lingüística, que intentará averiguar los mensajes de los extraterrestres. La protagonista femenina, recurrente en la obra del director canadiense, se erige aquí como bastión pacifista. Villeneuve nos muestra el lado más terrorífico de lo que somos, nuestra ignorancia y la incapacidad de ponernos de acuerdo en situaciones extraordinarias. Y no ayuda la manipulación informativa presente en los medios de comunicación. Ante este espinoso panorama el único medio para desencallar esta situación es empezar de cero. Con lo que no queda más “remedio” que recurrir a la base de la civilización: el lenguaje. La semiótica se alza como factor determinante para resolver el enigma.

Una respuesta que conoceremos bajo la mirada de una soberbia Amy Adams, que borda todos los registros de su interpretación. Al final La llegada no es lo que parece, o sí. Compruébenlo vosotros mismos. Villeneuve y Eric Heisserer, apoyados en el relato de Ted Chiang, The story of your life, construyen una drama existencialista acerca de la dimensión del tiempo en nuestro ciclo vital. Una manera de trascender el género de ciencia ficción desde una perspectiva más emocional y romántica, a través de una experiencia sensorial e hipnótica.

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