Crítica de Lady Snowblood (1973): Definiendo la venganza

Título Original: Shurayukihime | Director: Toshiya Fujita | Guion: Norio Osada, Kazuo Kamnimura | Música: Masaaki Hirao | Fotografía: Masaki Tamura | Reparto: Meiko Kaji, Toshio Kurosawa, Masaaki Daimon, Miyoko Akaza,Sinichi Uchida, Takeo Chii | Productora: Toho

Lady Snowblood

Lady Snowblood en el lenguaje cinéfilo es el sinónimo de venganza con mayúsculas. Basada en el manga guionizado por Kazuo Koike, autor del Lobo solitario y su cachorro e ilustrado por Kazuo Kamimura. Estamos ante una de las obras más emblemáticas de la filmografía del país del sol naciente.

Lady Snowblood nos narra la vida de Yuki (Meiko Kaji). A través de los ojos de la protagonista, el director (Toshiya Fujita), nos cuenta la historia de venganza de una mujer fuerte y despiadada como protagonista. Una joven que ha sido criada y entrenada para vengar la muerte de su padre y la violación de su madre, desde su nacimiento. La película transcurre en 1974, era Meiji. Es capaz de situarnos en el contexto histórico sin que te des cuenta.  Veremos un Japón inmerso en pleno proceso de modernización, militarización y autoritarismo.  

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Como si de una obra de teatro se tratara la película se divide en cuatro actos, marcados por su título en pantalla. Sí, es uno de los mil detalles que copia/homenajea Tarantino en su Kill Bill. Aunque la película se inicia con una Yuki de 20 años, sabremos de su pasado y el porqué de su personalidad fría y deshumanizada a través de los diferentes flashbacks esparcidos en la película.

Lady Snowblood 2

Todo el reparto raya la excelencia y a nivel de guion los personajes quedan muy bien definidos por muy poco tiempo que aparezcan. La música, aunque se nota antigua, consigue su objetivo y ayuda a la narrativa. Si ponemos el foco en la trama, aunque de entrada parezca simple contiene algún giro interesante y consigue que no apartes la mirada de la pantalla ni un segundo.

Pero uno de los dos puntos más fuertes que tiene la película es su narrativa visual tan potente. La película juega constantemente con el contraste de la belleza y la crueldad.  Nos quedaremos embobados con la fotografía, el uso del color, los bellísimos escenarios o unas coreografías de acción que parecen más un hermoso baile. Pues toda esta belleza contrasta con la frialdad, crueldad y la brutalidad de la violencia que veremos en pantalla.  Pues las explosiones de sangre o las desmembraciones son habituales en Lady Snowblood. El propio nombre de la protagonista juega con este contraste “Shurayuki hime”, juega con el nombre de la dulce y cándida Blancanieves.

El segundo punto fuerte es Meiko Kaji, “nuestra niña del infierno”. Con una interpretación muy intensa y aparentemente desprovista de emoción. Consigue solo con los ojos expresar todo el fuego interno de rabia e ira que le consume. En algunos momentos, su mirada a cámara en un primer plano recuerda al mejor Eastwood de las películas de Leone. Es capaz de expresar cómo ha sido desprovista de sentimientos desde su infancia para programarla con un único objetivo.

Lady Snowblood 1

Como ya he comentado antes el apartado marcial no busca mostrar unas luchas realistas, acompaña a la narración de la película sin romper el tono. Tenemos unas coreografías que son más un ballet que una lucha. Le sobra algo de edición, aunque supongo que se debe a querer disimular las carencias marciales de la protagonista. Insisto, este bello baile, casi poético, se desarrolla en unos escenarios cuidados al detalle, muy bellos, que contrastan con las explosiones de sangre y la brutalidad de los cortes y cercenaciones, de las que no nos ahorran detalle.

Lady Snowblood, es una película que todo aficionado al cine debería ver. Una de las mejores películas japonesas de todos los tiempos, de esas películas que mejora con cada visionado. La película de venganza, con una protagonista femenina, visualmente perfecta que nos hará pensar si nuestro destino esta predestinado o realmente existe el libre albedrio.

 

Reseña Panorama
Lady Snowblood
9.5
Practicante de artes marciales y cinéfilo cuando me lo permiten.