Watchmen

Sucedió con el estreno de la obra magna de Zack Snyder en 2009 y ha vuelto a suceder con la serie de HBO: Watchmen trasciende lo que en teoría debería ser una obra audiovisual y abarca mucho más de lo esperado. Ambas adaptaciones de la obra homónima de Alan Moore polarizan al público y encuentra en el tiempo a su gran aliado. Algunos amamos Watchmen y no sabemos ni por qué. Porque… ¿Qué es Watchmen?

Cualquier forma de empezar este artículo que no sea especificar que no he leído la novela gráfica de Alan Moore sería mentirme a mí mismo. No controlo ni el mundo del cómic ni de la novela gráfica; casi que no sé ni diferenciarlos. Partiendo de esta premisa, amo profundamente el universo que propone Watchmen. No habré leído la obra original, pero la fuerza del film de Snyder de 2009 y de la serie de HBO estrenada este año es abrumadora. Lo sé, la obra de Moore es mucho más única, indescriptible y magistral, pero aquí vamos a hablar de formatos audiovisuales.

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Watchmen es una de mis diez películas favoritas y es absolutamente diferente a cualquier otra cosa que haya visto en mi vida. Me considero fan de Zack Snyder y dudo muchísimo que en su vida vaya a poder emular lo que logró con Watchmen. La Blade Runner del siglo XXI es un acercamiento ejemplar a un universo que es realmente imposible de adaptar al medio. No voy a analizar la película en sí porque no es mi intención con este artículo, pero me parece de relieve destacar su admirable ambición.

Watchmen es una de las mejores miniseries que he visto en los últimos tiempos. Durante nueve poderosos episodios vemos cómo multitud de personajes, situaciones, épocas históricas y localizaciones universales se van sucediendo una tras otra en perfecta armonía. Antes de empezarla me despertaba cierta antipatía, dado que me imaginé que iba a ser un reboot del film de Snyder. Afortunadamente es una continuación de los hechos narrados en aquella película. Esta decisión no solo me parece acertada, sino que ofrece un abanico de posibilidades abrumador en comparación con recrear lo que ya habíamos visto hace once años.

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Escritos estos dos breves párrafos sobre ambas adaptaciones y tomando a partir de ahora el término “Watchmen” como un concepto y no como una obra determinada, debo intentar responder la pregunta que da nombre a este artículo. ¿Qué es Watchmen? Para algunos puede ser un pedante ejercicio de ambición desmedida. Otro dirán que es un bodrio de proporciones descomunales. Para mí, es absolutamente todo lo que nos ofrece el arte plasmado en una obra.

Watchmen se nutre de todo lo que constituye el arte para crear un universo único. No hablo de la ucronía que cambia drásticamente al mundo de Watchmen y lo aleja del nuestro, ni siquiera de la presencia de justicieros encapuchados, sino de una ambientación constituida por todos los regalos que le puede hacer el arte al mundo real. Watchmen abarca cien años de cambios sociopolíticos a través de los ojos de un grupo de justicieros inadaptados que no son ni mucho menos considerados ejemplares. Durante todo este largo periodo de tiempo vemos nuestro mundo adaptado a otro en el que las reglas funcionan de otra manera. Sí, la historia central de Watchmen son los Minutemen, los Watchmen y demás, pero es imposible no sentirse hipnotizado por un mundo tan parecido y a la vez tan diferente al nuestro.

Al fin y al cabo, el arte es una medida de evasión que cada uno digiere a su manera. A través de él adquirimos la capacidad de transportarnos a otros mundos, y aquel que propone Watchmen abarca tal cantidad de aspectos que no es descabellado afirmar que es la obra más ambiciosa de la historia. No se conforma con elegir entre retratar el temor a un holocausto nuclear, el racismo de la población norteamericana, el miedo a lo desconocido, las relaciones humanas entre inadaptados, el amor, las ínfulas mesiánicas de los megalómanos, los cambios sociopolíticos en América y Asia durante la Guerra de Vietnam derivados de una ucronía, el rechazo de la sociedad a unos justicieros encapuchados o el sueño de una utopía (entre otros muchísimos temas), sino que lo condensa todo en un universo irrealizable si no fuera por el arte.

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La incomprensión a aquello que presenciamos solo tiene dos vías de escape: la admiración o el desprecio. No vas a comprender Watchmen, pero puedes admirar lo que intenta transmitir o, contrariamente, puedes despreciarlo. Se me hace muy complicado intentar traducir en palabras lo que significa Watchmen para el arte, pero justamente de eso trata la obra. Nunca la palabra “ambición” había encontrado en una obra de arte tal hermandad.

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