sé lo que hicisteis el último verano

Mucho me temo que este especial va a ser un poco más corto que todos los anteriores puesto que es de los pocos slashers que no consiguieron perpetuarse como saga. Y eso que estamos hablando de uno de los títulos más famosos que ha dado el género y que fue un gran éxito de taquilla. ¿Qué ocurrió entonces con Sé lo que hicisteis el último verano?

Sé lo que hicisteis el último verano fue el primer título en sumarse al éxito de Scream, así como la única película que puede presumir ser de un éxito en taquilla comparable. De hecho, es casi el universo expandido de la saga de Wes Craven, puesto que ambas salieron de la cabeza del mismo guionista. No solamente es una de las películas más recordadas de la segunda era del slasher, sino que es de las que más calado popular ha tenido. Que Scary Movie la parodiara entraba dentro de lo previsible, pero cuando formas parte de los Simpson… entonces es cuando te conviertes en leyenda.

Quizá la razón hay que entenderla en que la película retoma una leyenda típica de la cultura anglosajona. Es más, el guión adapta una novela homónima de los años 70. Ésta, a su vez, está inspirada en una leyenda de nada menos que de época victoriana. De hecho, la misma que inspirara a Hitchcock en su primera obra maestra. Aunque parezca increíble, o incluso indecente, lo cierto es que Sé lo que hicisteis el último verano y El enemigo de las rubias tienen exactamente el mismo punto de partida argumental. Así pues, el famoso hombre del garfio lleva atemorizando a los niños anglosajones desde hace siglos. Es como si en España hubiéramos hecho un Slasher sobre la chica de la curva o el hombre del saco.

Una de las ventajas comerciales del Slasher es que su público no demanda caras conocidas, al menos no demasiado. Un director venido de la televisión era predecible que optara por un reparto del mismo origen, así que para la final girl, se recurrió a Jennifer Love Hewitt, ex chica Disney pero sobretodo conocida por la serie Cinco en familia. Repitió en la secuela y ha tenido una carrera posterior irregular. No ha terminado de cuajar en el cine, pero ha mantenido la fama en televisión gracias a Entre fantasmas y Mentes criminales.

Freddy Price Jr. no pudo encontrar su sitio en cine ni en televisión, más que en proyectos puntuales. Desde aquí le reivindicamos en Alguien como tú, la versión teen de Pigmalión. ¿Recuerdas la moda noventera de reconvertir los clásicos de la literatura en películas adolescentes? Pues hasta en España se convirtió Al desdén con el desdén en Menos es más (Otra película igual de olvidada pero que defiendo con la misma irracionalidad). Aunque ha quedado en un segundo plano delante de la pantalla, ha sabido reciclarse y es hoy uno de los actores de doblaje más importantes de Estados Unidos, que no es poco.

Tampoco Sarah Michelle Gellar ha hecho nada reseñable desde entonces. Un salto de saga a Scream 2 y repetir en Crueles intenciones el mismo personaje de Glenn Close y Annette Benning (ahí, con dos cojones). Obviamente, no son buenos avales para cimentar una carrera pero es y siempre será Buffy, y punto. Sólo con eso ya tiene su trono en la historia de la cultura occidental.

Destripando el Slasher: Scream (1996-2011)

Y sí: todos tratamos de ignorar que Jenny, Fred y Sara Jessy volvieran a coincidir en la adaptación cinematográfica de Scooby Doo. Es lo que tiene compartir al agente más kamikaze de todo Hollywood.

Ryan Phillippe consiguió encadenar varios papeles de éxito gracias a su físico de guapo del pueblo metido a universitario con una beca deportiva. Pese a que veinte años después siga manteniendo un aspecto envidiable, su falta de talento interpretativo le desterró pronto de los grandes proyectos. Como no era buen actor, lo compensaba estado medio desnudo casi todo el metraje de 54. Chico listo.

Sea como sea, el reparto debió parecer demasiado “blanco”, por lo que en la segunda parte me imagino a los productores hablando por teléfono:

– Oye, que me acabo de dar cuenta de que aquí nada más que salen blanquitos y queremos más cuota de pantalla. Hay que meter una negra, digo… una afroamericana. Dime una, la que esté ahora mismo de moda.

-No sé, ¿La que canta The boy is mine?

-Vale, esa misma. ¿Y su amante? ¿Quién más salía en ese video?

-La otra que lo canta, Mónica.

-Quita, quita, que nos plantan un Rated R

– Si, vamos, no nos lo han plantado pese a que descuartizan a medio reparto…

– No compares, que esto son lesbianas. ¿Dónde vamos a parar? ¿No sale ningún negro en el video? Digo… un afroamericano.

– Si, Mehhi Phifer.

– Pues ya está, cerrado el casting. Pues sí que ha sido fácil.

Me apuesto lo que sea a que la conversación entre los productores fue algo similar, pero ni que decir tiene que Phifer ha tenido más carrera cinematográfica que todo el reparto de la saga junta. El problema fue que la secuela costó el doble y recaudó la mitad, la que iba la saga se quedó al final en díptico. Tuvo una última entrega, lanzada en DVD, que no continuaba la historia principal ni contaba con ninguno de los personajes anteriores. Así que, esta vez sí: Fin de la cita.

¿Pero qué falló? Al fin y al cabo, Kevin Williamson se movía bien en la temática adolescente. Había triunfado con Dawson Crece, cuando aún la televisión no tenía el prestigio que tiene hoy en día. Puede que esta virtud se convirtiera en su principal enemiga: No calculó bien sus propias fuerzas y aspiró a más de lo que podía abarcar. Y eso que su salto al cine como guionista de Scream fue un verdadero éxito. Pero claro, el artífice de ese proyecto era Wes Craven, así que la cosa cambiaba. El secreto de Scream fue la de tomarse en serio sólo lo justo. Estaba dirigida por uno de los grandes del Slasher, que conocía perfectamente el género. Precisamente por eso, sabía reírse de si mismo, del terror en particular y del cine en general. Craven respetaba a su profesión, al público y al legado de la cultura occidental, pero también tenía muy claro que eso no estaba reñido con una visión desenfadada, sin tensión y con las pretensiones justas de su propia labor como director.

Scream es una película muy fresca, y eso siempre, siempre, siempre será un valor añadido. Pero claro, Craven es Craven y Williamson no. Se le subió el éxito a la cabeza y se creyó la nueva esperanza blanca del cine de terror. Error de principiante, porque la solemnidad no suele funcionar bien el cine, y desde luego nunca en el slasher. Una película se realiza sentado en la silla de director, no desde un trono ni un pedestal, porque así pasa lo que pasa. Un año después dirigió Secuestrando a la señorita Tingle. No sé si la recuerdas o la has visto. Puede que no, porque seguro que Hellen Miren ha comprado todas las copias de la cinta para destruirlas.

El caso es que se volvió a la televisión, medio que sólo le había dado alegrías, y se desentendió de una vez del cine. Y no es que fuera mal director. Sé lo que hicisteis el último verano refleja muy bien la atmósfera gélida, enrarecida y clautrofóbica en la que se han adentrado sus protagonistas. Las relaciones y evolución psicológica entre los cuatro personajes están muy bien reflejadas. Se ve que tenía fondo y experiencia tras la trayectoria en Dawson crece, de eso no hay duda… pero esto no era Dawson crece. Pero por encima de todo, hay algo que hace sonar todas las alarmas. ¿Qué ha quedado del Boogie man de Sé lo que hicisteis el último verano? El calado de un slasher se mide en la repercusión de su asesino. En esta película queda completamente desdibujado. Si Williamson no fue capaz crear un personaje para la posteridad. Si no fue capaz de hacer eso, es que no era el director adecuado para crear un Slasher.

 

 

 

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