Cuando John Carpenter rodó Halloween en 1978, jamás se le pudo pasar por la cabeza que estaba creando un antes y un después en la historia del cine. Cogió un poco de Psicosis, otro poquito de El fotógrafo del pánico, una pizca de Navidades sangrientas, lo aderezó como si fuera un giallo italiano… y creó algo nunca visto. Definió las reglas de un subgénero que ha sobrevivido casi medio siglo (que se dice pronto) y no tiene pinta de desaparecer. De todos sus continuadores, Wes Craven 20 años después hizo algo que nadie había logrado: La Biblia del terror. Todo lo que hay que hacer está en Scream.
Scream no solo es una de las películas que definieron la década de los 90. Resucitó un subgénero moribundo y creó toda una nueva escuela que tomaron la película de Craven como referente en vez de la de Carpenter. Por desgracia, no todos supieron ver qué hizo de Scream algo tan grande, por qué funcionaba tan bien (y sus imitadoras no).
Pues porque Scream es el ABC no solo del slasher, también del terror en general. En ella están claramente definidas las pautas que hacen que una película de género funcione. No hay que rebuscar demasiado, están perfectamente a la vista de todos. Lo cual me hace no entender por qué yo me he dado cuenta y los cineastas que se dedican a eso y saben más de cine, no. Tampoco es que me las quiera dar de listo, pero joder: Es que es imposible no verlo. Vamos allá.
El Boogeyman tiene que ser icónico
Pocos géneros del cine han calado tanto en la cultura como el Slasher, y eso es mérito siempre del malo de la película. El asesino va a ser lo que identifique a la película, su marca de fábrica y se te tiene que quedar grabado. Wes Craven tuvo la genialidad de utilizar un disfraz que ya se comercializaba realmente, basado en un icono del arte occidental: El grito de Munch. Era imposible olvidarse de Ghostface. Si echas un vistazo al resto de asesinos de las posteriores franquicias, no te acordarás casi de cómo era ninguno. La excepción es Destino final… que directamente el asesino es un concepto, no una persona, pero te acuerdas de que es la muerte. ¿Ves? En eso consiste.
Esta regla la podemos aplicar al cine de terror en general. Depredador, Alien, Godzilla o toda la factoría clásica de la Universal funcionan porque sus malos funcionan. Ahora bien, estamos hablando de conseguir algo muy difícil. Puede, simplemente, que los diseñadores de producción pasaran, sino que lo intentaran, pero no lo lograsen. Aquí vamos a ser indulgentes.

El inicio ha de ser apoteósico
En una película, la primera secuencia marca el tono y las reglas de lo que vas a presenciar. Por eso esa primera impresión tiene que dejarte anclado a la butaca. Ya lo hizo Carpenter en su momento, pero seguramente Craven desarrollara la idea de una manera más magistral si cabe. La secuencia inicial nos muestra el juego del teléfono, que estamos ante una obra metarreferencial, en el que la propia historia del cine es el eje vertebral y ya aparece el asesino y cuál es su modus operandi. Todo lo que tiene estar, está. Ya lo dijo Cecile B. DeMille decía que Las películas deben comenzar con un terremoto y desde ahí ir creciendo. Pocas películas se han tomado más al pie de la letra la cita.
Se dice que a Drew Barrimore se le propuso ser la protagonista de la saga, pero cuando leyó el guion supo que tenía que protagonizar el inicio porque era lo que todo el mundo recordaría. No se equivocó (si es que la anécdota es cierta). Quizá, solo Scary Movie supo hacerlo mejor (y esto lo digo completamente en serio)
Los protagonistas tienen que ser carismáticos
Un actor carismático es algo muy valorable siempre, pero si hay dos géneros en los que es imprescindible son la comedia y el terror. Es uno de los pilares para que la cinta funcione. Por ejemplo: Podrían haber sustituido a todo el reparto de Alien Romulus por cuatro o cinco ficus que nadie habría notado la diferencia. Por contra, si Smile 2 funciona es en gran medida gracias al carisma arrollador de Naomi Scott. De los protagonistas de una película de terror tienes que conectar porque has de temer que les pase algo. Has de vivir la historia a través de ellos.
En slashers como ‘Black Friday‘ te dan absolutamente igual todos y cada uno de los personajes. Es más, cuando los matan casi que mejor, porque no has empatizado ni lo más mínimo con ellos. En Scream, no solo los actores tienen carisma sino que a nivel de guion todos tiene un background para que los conozcas y conectes con ellos. Es algo tan básico que parece mentira que haya que decirlo.
Ha de ofrecer lo que espera el espectador y, además, aportar algo nuevo
Cuando uno ve un slasher ya sabe lo que quiere ver: Un asesino enmascarado que va asesinando adolescentes uno a uno en un territorio cerrado. A partir de ahí, el director y/o el guionista tiene la obligación de aportar algo que justifique la película. Para hacer lo mismo que ya han hecho antes (y, seguramente, mejor) quédate quieto. Wes Craven ya lo había hecho con Pesadilla en Elm Street. No solo añade el componente onírico, sino que el asesino por primera vez es un personaje que habla, se relaciona y desarrolla con el resto.
Al formar equipo con el guionista Kevin Williamson crean un nuevo elemento narrativo que, además, se convertirá en canon a partir de entonces: El asesino es un personaje de la trama y su identidad solo se desvela al final (lo que se conoce en el mundo anglosajón como whodunnit). Aparte, añade innovaciones menores como la humanización del asesino, que tiene que correr y luchar para conseguir a su presa y carece de la invulnerabilidad de Mike Myers, Jason o el mismo Freddy Krueger. También el hecho de que sean dos, y no solo uno, quienes se escondan tras la máscara. Todo esto sin renunciar al esquema básico del slasher y sin traicionar las expectativas del espectador. Un director ha de ser leal, no fiel.
Por cierto, Totally Killer hace honor a esta regla por todo lo alto. Muy recomendable.

No jodas la (futurible) saga
Con un poquito de suerte, si la película tiene éxito puede convertirse en franquicia. Haz una película autoconclusiva, pero deja los suficientes elementos para que se pueda retomar la historia sin que se vea forzado. El simple hecho de que la máscara de Ghostface se pudiera comprar en una tienda, ya dejaba la puerta abierta a que alguien más se convirtiera en él en el futuro. Un ejemplo perfecto dentro del terror en general es Alien. El Xenomorfo era un extraterrestre de tantos como él que podría haber. De ahí que la (magistral) segunda parte se llame Aliens, en plural. En principio, que las películas posteriores no estén al nivel de la primera no empeora a la original. De hecho, puede que la encumbre aún más por comparación (Mira El silencio de los corderos o Tiburón). ¿Pero por qué hacer algo mal cuando se puede hacer bien?
Y ya está. Si no es tan difícil. Si vas a hacer una película de miedo pregúntate siempre: ¿Qué hubiera hecho Craven?

