Sitges 2020: ‘La vampira de Barcelona’, Escondido en la luz

Dirección: Lluís Danés | Guión: Lluís Arcarazo y María Jaén | Música: Alfred Tapscott | Fotografía: Josep M. Civit | Reparto: Roger Casamajor, Nora Navas, Bruna Cusí, Sergi López, Francesc Orella, Núria Prims y Mario Gas | Productora: Brutal Media y Filmax

La vampira de Barcelona

Sitges 2020 arrancó su segunda jornada de cine de género con La vampira de Barcelona, una mirada vanguardista a la Barcelona de principios del siglo pasado. Producción 100% catalana en una época en la que es utópico realizar películas de este estilo en estas tierras. A pesar de todo, Lluís Danés y su ópera prima llegan a Sitges para reivindicar el cine en catalán. 

Mientras que los españoles nos hemos criado conociendo las historias de las ciudades más importantes del mundo, lugares como Barcelona se mantienen escondidos de la atención multitudinaria. La vampira de Barcelona sirve como remedio a ese desconocimiento trasladándonos a la Barcelona de principios del siglo XX. En ella, conoceremos la historia de Enriqueta Martí, por muchos conocida como “la vampira de Barcelona”.

Todo aquel que haya estado en Barcelona reconoce en ella una cantidad insalubre de ambientes que la convierten en la ciudad más cosmopolita de España. El aire que se respira en la capital catalana es diferente a cualquier otro, y eso es algo que se ha mantenido a lo largo de los años. A principios de siglo XX, Barcelona, naturalmente, era diferente, pero mantenía esos ambientes heterogéneos. En especial, quedaba patente una separación diametral entre la alta burguesía y las clases más pobres.

La vampira de Barcelona podría parecer, a priori, una cinta de terror sobre un caso sobrenatural acontecido en Barcelona, pero nada más alejado de la realidad. Es una película que nos habla de la vergüenza y la depravación que desprendían las clases altas de principios del siglo XX. Mientras que los ciudadanos se morían de hambre, vagaban las calles y solo reclamaban dignidad, las altas esferas de poder vivían una vida inmejorable con toda clase de lujos. Contra ello quiere enfrentarse Lluís Danés y su película, aunque llegue 108 años tarde y la historia ya haya sido escrita por los vencedores.

Tal y como me sucedió con El fotógrafo de Mauthausen, me irrita ver cómo historias tan potentes tienen que subsistir para salir a la luz. El presupuesto de este tipo de producciones es irrisorio y solo la habilidad de sus creadores puede tapar esa vergüenza. Hay escenas de verdadera belleza visual que realmente molestan por todo lo que esconden. Tenemos una industria decadente que no es apoyada por una sociedad que da la espalda a la cultura a pesar de disfrutarla.

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La historia que esconde La vampira de Barcelona ha sido ocultada durante años por la prensa y la clases altas en aras de preservar la irreal imagen con la que los relaciona el pueblo. Esa luz que realmente no lo es y que es desprendida por la prensa esconde historias como esta. Y, a pesar de su posición, la cultura es la siempre debe acabar haciendo justicia.