Verano del 85

Lo reconozco. Adoro a François Ozon. Pero lo adoro en plan niñata con una boy-band. No porque sea un pibón, que lo es. No sé si le pones cara (arriba la tienes), pero ya te digo que perfectamente podría anunciar Nespresso. Es más, desde aquí hago un llamamiento a los dueños de la marca para que sustituya a George Clooney.

Ni siquiera son sus películas lo que me enamoró de él, por raro que suene. Le he visto dos peliculones (En la casa y Gracias a Dios); el resto de su filmografía está bien. Alguna mejor que otra, pero bien en general. Tampoco creo que ninguna de sus películas escriba una página en la historia del cine, pero me da igual. Es su amor al séptimo arte lo que me fascina de él. Alguien que rueda dos películas por año porque es lo que más le gusta del mundo (palabras textuales) es para mí la persona más interesante del planeta. De cualquier noticia o anécdota que le cuenten, su mente busca cómo convertirlo en película. Claro que eso le hace un director de películas muy dispares, casi bipolar, diría yo, porque me cuesta creer que tras la elegante Frantz y la mamarrachada Potiche esté la misma persona, o tras esta Verano del 85.

No es por nada todo esto que cuento, pues Verano del 85 no se podría haber rodado por un director sin ese entusiasmo. El arrebato que supone el primer amor es irreproducible. Cuando eres joven, te crees inmortal. Piensas que puedes con todo, nada puede contigo. Los sueños aún no se han trasformado en desengaños. Un desencanto no se convierte en frustración porque, como cantaba Anne Hathaway en Los miserables, cuando eres joven te puedes permitir hasta desperdiciar los sueños.

Es muy difícil contar una historia de amor adolescente cuando la realidad te ha hecho ser un descreído (que es exactamente la definición de dejar de ser adolescente). ¿Cómo describir las ilusiones de dos personas que creen que la vida no puede acabar con ellos cuando ya sabes que eso ocurre siempre? Creo que el secreto es que esa llama adolescente no puede apagarse nunca. La pasión que François Ozon demuestra por el cine deja bien patente que él aún la tiene. De lo contrario, le habría quedado un planteamiento más paternalista, casi riéndose que a esa edad te creas el rey del mundo.

Pero el verdadero mérito de François Ozon en Verano del 85 es haber sacado magia de la relación entre Félix Lefebvre y Benjamin Voisin. No hay nada más complicado en una película que el espectador reciba la verdadera relación entre dos personas. Que solo con la química entre ambos percibas que son familia, amigos, amantes o incluso vecinos. Que dos actores que podrían ni conocerse antes del rodaje y que no tienen ni que llevarse bien en la vida real transmitan en la pantalla que lo son todo el uno para el otro… eso es cine en mayúsculas. La electricidad que hay entre los dos actores es de las más conseguidas que he visto en mucho tiempo. Hay tanta verdad en los sentimientos de ambos que, vuelvo a repetirlo, sólo si Ozon es capaz de sentir así los puede representar.

Mención aparte la labor de Valeria Bruni-Tedeschi, que puede pasar desapercibida al lado del vendaval que forman los dos protagonistas. Hacer de madre agradable y sonriente nos puede parecer “fácil”, pero hay algo en esa felicidad que descoloca al espectador. Entiendo que por las circunstancias de su personaje, si está contenta es exclusivamente porque va medicada hasta las cejas. La italiana (nunca me ha quedado claro si las hermanas Bruni son italianas o francesas) dota de una profundidad repleta de matices a una mujer enferma de depresión que vaticino que llegará a los Cesar.

Por el lado de los Supertacañones, tengo que reconocer que se le ha dado mejor crear la relación entre los personajes que contar la historia en sí. Todo el metraje sin la relación entre Félix Lefebvre y Benjamin Voisin tiene menor intensidad. Incluso la trama judicial (que se supone que es lo que te cuenta la película) está muy por debajo de la historia de amor de sus protagonistas.

Dicho esto, señor Ozon, que sé que me está leyendo, hago desde aquí una declaración en toda regla. Si usted lo desea, escapémonos juntos a una isla desierta (o a Saint-Tropez, que tampoco le voy a poner pegas). Si me enseña a vivir en la vida real lo que trasmite haciendo cine, no necesitaré nada más el resto de mis días.

Reseña Panorama
Verano del 85
8.5
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Redactor de cinefilosfrustrados.com - Mi blog personal: Cosas buenas de pelis malas : super8an.wordpress.com