En los años 30 del pasado siglo, los blockbusters en España no eran películas de Marvel ni de dinosaurios. No había nada parecido a las comedias de Dani Rovira o las películas de terror de Belén Rueda. Lo que triunfaba por todo lo alto era el musical cañí. Pasó el tiempo, cambió el gusto y el género desapareció. Algún homenaje que otro, como La niña de tus ojos o Las cosas del querer, algún intento de revival como Yo soy esa o La Lola se va a los puertos… pero lo podemos dar por extinguido… ¿O no?

Hablamos de la españolada en mayúsculas. Con sus gitanas, sus “bailaores”, sus bandoleros y sus calles encaladas. En efecto, sé lo que estáis pensando… ¿calles encaladas? ¿”bailaores”? Está claro que si eres de Montforte de Lemos, Torrejón de Ardoz o Vilanova i la Geltrú todo esto te puede sonar a documental de National Geographic. Y llegamos a otro de los puntos en cuestión ¿Por qué lo llaman España cuando quieren decir Andalucía? (en su versión más histérica, todo hay que decirlo) Porque desde que Prospero Merimée publicó Carmen en 1889, ambos conceptos se unieron para el subconsciente más allá de Pirineos. Hoy ese puesto en las mentes europeas no lo ocupa Andalucía sino Magaluf, pero aún no se ha convertido en género cinematográfico (miedo me da el día que eso llegue…)

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La iconografía taurina, los trajes de flamenca, el flamenco, el santoral católico y las calles de Granada son una imagen visual demasiado potente para que cayera en saco roto. Cruzaron el charco antes de lo que nos imaginamos y en 1935 ya se estaban rodando españoladas en el mismísimo Hollywood. Como Marlene Dietrich con mantilla y peineta no terminaba de convencer, se dejó el género en parada técnica a la espera del momento adecuado. Pasó medio siglo, nació un nuevo lenguaje audiovisual, llegó Madonna y la españolada recuperó el lugar que nunca debió perder. Eso sí, lo hizo donde nadie lo esperaba: En el vídeo musical.

Pero vayamos por partes. Antes que nada, hay que conocer los ingredientes para realizar cualquier españolada que se precie. Lo primerísimo de todo, una diva que jamás haya pisado la peninsula. Tiene que estar convencida de que aquí las mujeres salen a la calle vestidas de faralaes y cantando “ojos verdes”. A ver, que sería maravilloso, nadie lo niega… pero va a ser que no. También tiene que ser una mujer. Por alguna razón que se nos escapa, Bruce Springsteen no saldría nunca vestido de corto ni Tom Jones de bandolero. Así que desde Cinéfilos Frustrados lanzamos la petición: Bruce, Tom, que sabemos que nos estáis leyendo… Por favor, subiros a caballo por la serranía de Ronda a grabar un videoclip. El mundo lo necesita y lo sabéis.

¿Qué mas? Pues la diva de turno no puede grabar el vídeo sola, así que se tiene que rodear del equipo adecuado. Y no le vale cualquiera, no. Necesita un director carente de todo concepto del autocontrol, un director de arte sin el más mínimo sentido del ridículo y un director de fotografía daltónico. Es más, sólo necesita ver un color: el rojo. Pero no uno cualquiera, no: el más hortera y saturado que hay en todo el catálogo Pantone. Y aunque en cierto modo, Rosalía haya modernizado el concepto, a nosotros lo que nos da el subidón es la españolada pura, la de toda la vida. Sin pudor, sin vergüenza, sin talento incluso. Así que vamos a repasar seis españoladas del cine contemporáneo en la que el video musical se adueñó del concepto… y prepárate para flipar en todos los sentidos.

La isla bonita (Madonna. Dirigido por Mary Lambert)

Todo nació con este videoclip. Aquí ya encontramos el rojo como color protagonista y a Madonna vestida con un traje de flamenca imponible (y que ni siquiera le favorece, con lo bien que quedan esos vestidos). También hay una fuerte carga erótica, seguramente por la creencia de que el flamenco es un ritmo latino. Seguramente no, precisamente por eso. Que hasta sale Benicio del Toro de lejos. Esta alta temperatura sexual contrasta con la folclórica visión del catolicismo, pero hasta eso lo convirtió en uno de los pilares del género. Madonna incluso se atreve con unos pasitos de flamenco. El verbo “atreverse” es el más apropiado para definir lo que ella hace. Que sí, que parece que estaba espantando una mosca, pero oye, la intención era buena.

Para entender el concepto hay que atender a las propias palabras de la cantante hablando de su canción y todo quedará más que claro:

“Adoro la música española. Adoro a los Gipsy Kings (que son franceses). Estoy muy influenciada por la música española. En Nueva York escuchaba constantemente salsa (música cubana) y merengue (música dominicana)”

¿A que ahora entiendes perfectamente que este videoclip sea un monumento a la incoherencia? Pues espera que aún hay más: La isla bonita a la que se refiere es la playa de san Pedro, en Belice… uno de los pocos lugares anglosajones de Sudamérica.

Genia.

Have you ever really loved a woman? (Bryan Adams & Paco de Lucía. Dirigido por Anton Corbijn)

El único chico que se ha atrevido a rodar una españolada es que el que estaba más perdido de todos: para el tema principal de Don Juan de Marco va él y se disfraza de El Zorro.

Porque esa es otra de las máximas de la españolada hecha videoclip: ser un gazpacho en el que toda referencia que suene mínimamente española tiene cabida (aunque el Zorro fuera californiano, para colmo). El director holandés da un paso más hacia no sé muy bien dónde introduciendo modelos de Victoria’s Secret en el Sacromonte granadino. Eso sí, las chicas de andaluzas tenían poco (una era danesa y la otra británica) y de Granada tampoco había mucho, porque se rodó en Málaga.

Aunque queráis borrar cada imagen del videoclip de vuestra cabeza, este tema fue uno de los mayores éxitos profesionales de Bryan Adams. Cinco semanas liderando el Billboard y una nominación al Oscar como mejor canción. Y hablando precisamente de eso, parezca lo que os parezca el videoclip, nada es comparable a la actuación en la gala de los Oscars. A medio camino entre el agravio y el esperpento, al propio Paco de Lucía le resultó tan ofensivo hacia España que se negó a actuar… y nadie le culpa.

Take a bow (Madonna. Dirigido por Michael Haussman)

Segunda aproximación de la cantante estadounidense a la temática española, y no sería la última… ni la penúltima. Para su nueva españolada, dejó tranquilo el traje de faralaes en el armario, se nos puso erudita y se puso a profundizar en la rica cultura española.

Así fue como descubrió el toreo (tampoco es que profundizara mucho, la verdad). De todo lo que podía haber escogido, eligió uno de los asuntos más controvertidos y que más polarizan a la sociedad española. Que digo yo, que podría haberle hecho caso a Kylie Minogue en All the lovers y lanzar un video sobre los castellers, que no molestan a nadie. Pero ella a lo suyo. En fin. Al menos esta vez quiso hacer algo distinto, algo con clase.

Todo iba muy bien hasta que se le olvida todo resquicio de elegancia y la pifiamos. Allá va ella y se tira en la cama a refregar la entrepierna contra la cara de Emilio Muñoz tras la pantalla del televisor. Así, literalmente. Y ni por esas se le cambia la jeta al otro, que es la cosa más inexpresiva del mundo.

Madonna, créeme. No sé en tu universo, pero en del resto de la humanidad eso jamás ha sido elegante. El vídeo tuvo segunda parte, en el que no se torturaba animales, Madonna salía muy guapa, cantaba asombrosamente bien (y en perfectísimo castellano) y dejó de restregarse contra caras ajenas. El mundo fue mucho mejor a partir de entonces. Eso sí, la expresividad de Muñoz siguió bajo mínimos.

Dov’è l’amore (Cher. Dirigido por Jamie O’Connor)

Si la actriz con menos sentido de la mesura de toda la historia quiere rodar una españolada, al final pasa lo que tiene que pasar, que aquí todo vale. Y cuando digo todo, es todo: Dov’è l’amore mezcla flamenco con ritmos latinos, toreros, una competición de bailes de salón, el festival drag queen del carnaval de Las Palmas y el chihuahua de Xavier Cugat.

Por mezclar, mezcla hasta el idioma, porque el estribillo es en italiano, nadie sabe muy bien por qué.

Todo se entiende mejor cuando descubrimos que el videoclip lo iba a dirigir Madonna. De hecho, fue ella quien se lo pidió personalmente a Cher. ¡Madonna! ¡La mujer que resucitó la españolada iba a dirigir una! Y no una cualquiera… ¡La españolada definitiva!

Era algo demasiado grande para que ocurriera y quizá el mundo no estuviera preparado. La historia del cine se perdió algo que hubiera sido un hito (no sabemos de qué, pero un hito de algo, seguro).

De todos modos, el director sustituto no debió de andar muy lejos de lo que hubiera hecho ella. Es más, estamos convencidos que aquí ocurrió algo muy similar a Postergeist, que lo firma Tobe Hooper pero la mano “fantasma” era la de Spielberg. Porque lo más curioso del todo es que les salió un videoclip bastante resultón, aunque haya provocado algunos casos de epilepsia ente los espectadores.

Ain’t it funny? (Jennifer López. Dirigido por Herb Ritts)

La noticia de que Jennifer López bailaba flamenco en su nuevo videoclip cerró los noticiarios de aquel día (y eso es completamente cierto). Y no fue para menos.

De todas las españoladas que hemos repasado, solamente ésta se toma en serio a sí misma con la intención de rodar algo digno. Seguramente sea porque J.Lo es la única de todos que tiene sangre española (aunque sea de lejos), pero sobretodo porque lo dirigió Herb Ritts. El californiano ha sido uno de los fotógrafos más importantes de todos los tiempos. Tanto que en 1996 la oficina de turismo de España le encargó un catálogo para publicitar nuestro país en el mundo. La portada fue un retrato de la supermodelo Helena Christensen vestida (“vestida”) sólo con peineta y abanico que dio la vuelta al planeta.

Así que si alguien tenía que rodar una “españolada deluxe” era él. Y Jenny, que tonta no es, lo vio claro. Ain’t it funny es en propiedad un cortometraje musical. No es una sucesión de imágenes sino que tiene una intención narrativa en el que Jennifer López abraza definitivamente sus raíces hispanas (de las que llevaba renegando hasta hacía una semana antes). Aunque claro, si te ponen delante a Eduardo Verástegui medio vestido (o medio desnudo) de zíngaro, te haces del hare krishna si hace falta.

Hey! (Paola & Chiara. Dirigido por Lucca Tommassini)

Terminamos este recorrido volviendo a Europa. Estas dos (impresionantes) hermanas milanesas decidieron que el pop melódico italiano no era lo suyo y apostaron por el pop latino. Aunque con esas credenciales pensemos en la versión transalpina de Sonia y Selena, lo cierto es que no les fue nada mal.

A comienzos de 2000 lo fueron todo en las pistas de baile de media Europa (claro que también lo eran Sonia y Selena). El siguiente paso era inevitable: ser más que Lola Flores y rodar su propia españolada. Para ello tiraron de los clásicos, que en lo que a españoladas se refiere no es otra cosa que Madonna. Como no la podían contratar a ella, ficharon a uno de sus bailarines para que les dirigiera el vídeo.

En Hey! Están todos los ingredientes básicos y canónicos del género: Color rojo intenso, parafernalia torera, flamenco, santoral católico y una fuerte carga erótica. Tanto, que casi podemos hablar de sexo explícito. También prescindieron del traje de faralaes porque ellas eran más de ir desnudas. Pero incluso queriendo ser más clásicas que nadie, hay espacio para la innovación. No se atrevieron a marcarse unos pasos de flamenco pero sí un fandanguito a guitarra. ¿Quién dijo que estaba todo inventado? Tampoco confundieron los ritmos latinos con los flamencos, lo que es de agradecer. Está claro que los veranos en Gandía les sirvieron para algo.

Hemos visto españoladas por el mundo cuando por suerte no se había inventado aún el dichoso término de “apropiación cultural”. Estados Unidos, Italia y Canadá. ¿Y España pa’ cuando? Rosalía, sé que me lees. Te mueres por hacerlo y lo sabes. Deja el chándal en casa y desempolva la mantilla y el traje de flamenca. El mundo lo está esperando.

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