Entre tanta (¡tantísima!) serie no podemos dejar de recomendar reservar un espacio para cualquier propuesta de David Simon. Aquella primera temporada de The Deuce no sólo nos dejó con ganas de más sino que confirmó a este epítome de showrunner como la mejor garantía de calidad que ha pisado este medio.

Vale, es posible que nos hayamos pasado. O no. La seminal The Wire (2002-2008) aparece en casi cualquier lista de las mejores series de la historia y la fórmula de aquella letal radiografía de Baltimore, atribuida sin reparos al genio de este showrunner de vocación periodística, se adhiere de forma natural a otra selva urbana y corrupta como la Nueva York setentera de The Deuce.

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Tras los eventos de la primera temporada avanzamos seis años hasta 1977, cuando la industria del porno es una realidad en una zona, la llamada Deuce (calle 42 y alrededores), en la que el sexo, las drogas, la muerte y la corrupción policial se mezclan en una suerte distopia urbana que contrasta con la imagen actual de la ciudad como hito cultural y cosmopolita.

David Simon y sus guionistas, entre ellos el co-creador George Pelecanos, sitúan nuestro ojo muy cerca de los personajes, interesándose por lo que les sucede a ellos más que por lo que lo que sucede entre ellos. Es punto de vista, casi un zoom voyeur hacia los distintos niveles de esa sociedad maltrecha, es lo que conecta The Deuce con The Wire, y con lo que uno disfruta sin tapujos de la propuesta.

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Por eso en The Deuce es esencial la labor de casting y dirección ya que la serie, al igual que en la Primera Temporada, golpea creativamente a través de unos personajes que se tornan reales, con diálogos en los que desaparece la dramatización ensayada, y un escaparate de interpretaciones del que nos cuesta -de veras- seleccionar lo más destacable.

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Mary Gyllenhaal, Gbenga Akinnagbe (ex The Wire, como tantos otros), Dominique Fishback, Margarita Levieva, Emily Meade o Gary Carr a veces parecen personajes reales, no tanto por una naturalización europea, sino por un binomio interpretación/dirección que no deja ni un centímetro de su rostro sin someterse a esos personajes de ficción. Es sorprendente.

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Incluso James Franco, intérprete de un doble papel, mejora respecto a la temporada anterior, sin duda un contraste notorio con el resto del casting, más cercano a la caricatura del universo Fargo que lo que propone Simon (¿su cargo de productor ejecutivo tendrá algo que ver?). A fin de cuentas, su personaje más destacado, Vincent, sufre el mismo destino que el resto de compañeros del Deuce.

Si en la primera temporada la prostitución reinaba en el Deuce, en la segunda es el porno y el incipiente futuro de la industria del entretenimiento individualizado, los que amenazan todo un sistema sujeto a un flujo constante de clientes, y en ese proceso todos los personajes urgen a un reciclaje.

Tal vez de eso trata The Deuce. Tal vez por eso conecta con una vida más mundana como la nuestra: esos personajes deben afrontar los cambios, adaptarse, crecer o quedarse en el camino, enfrentarse a su propio pasado.

En lo formal, algo que la HBO y Simon cuidan con ese mismo sistema de aparente naturalidad, destaca de nuevo una producción extraordinaria, invisible pero presente, con una banda sonora que nos recuerda, en certera metáfora, que 1977 era un año de muchos cambios. Y para la tercera y última temporada nos vamos a los años 80. ¿A que suena bien?

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Reseña Panorama
The Deuce 2ª Temporada (2018)
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