Ya lo avanzamos en el artículo de taquilla de la semana pasada: el debut de Terminator: Destino Oscuro olía muy mal. Con los datos de su estreno mundial este fin de semana ya podemos certificar el fracaso de esta entrega y, salvo que el estudio tenga tendencias suicidas, el más que posible punto y final para una saga que ha ido en declive comercial desde aquel fenómeno social que fue su segunda entrega.

Todo olía mal: las preventas estadounidenses, las predicciones chinas, el debut en los principales países europeos la semana anterior y sobre todo el escaso interés que parece despertar el enésimo intento de revivir una saga que sólo triunfó, de forma inapelable, con las dos películas escritas y dirigidas por su creador, James Cameron. El debut global en taquilla ha confirmado todas esas dudas: 123.6 millones de dólares en todo el mundo. De los cuales 29 corresponden a un flojo debut doméstico, unos 28 en China y el resto en mercados internacionales. La situación queda clara cuando vemos que Terminator: Destino Oscuro tiene como objetivo no quedar demasiado lejos de un resultado tibio como el que logró Terminator Genisys en 2015: 440.6 millones. Lamentablemente esta nueva entrega de Terminator no podrá ni acercarse a aquella.

Con esta salida, y aplicando un multiplicador decente de x2 en el mercado doméstico, podría terminar su andadura casera entre los 60 y 75 millones. Lejos de los 89.7 de Genisys que ya eran, por méritos, una cifra vergonzosa para la saga. A nivel internacional veremos si consigue, siquiera, llegar a los 200 millones. Es decir, estamos hablando de un montante final en taquilla mundial en algún punto entre los 200 y 300 millones. Y las opciones de que ni siquiera pueda superar los ya embarazosos 252.4 millones de la última entrega de Dark Phoenix (los estudios deberían empezar a evitar esos Dark en el título salvo si se trata de un film sobre Batman…).

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Repasando tenemos que la saga Terminator pasó de ser uno de los mayores fenómenos del blockbuster con dos entregas opuestas en cuanto a funcionamiento comercial a una saga marcada por el fracaso como una constante así como un ejemplo de lo que sucede cuando la voracidad empresarial supera la lógica artística. The Terminator y Terminator 2, El día del juicio final, decíamos, fueron misiles comerciales distintos. Una fue un éxito solvente (78.4 millones de 1984) pero creció sobremanera en el mercado del vídeo y en TV hasta convertirse en mito. La otra fue un blockbuster total (520.8 millones de 1991 que ajustarían a +1000 hoy en día, sin China ni otros mercados donde hoy arrasaría con facilidad), el mayor éxito de su año y un evento sociológico empapado de momentos para el recuerdo. Desde entonces tenemos la tercera entrega (433.3 millones 12 años más tarde de T2, por lo que ajustando la diferencia es ya notable, aún así fue un éxito muy aceptable). Luego aquel intento de nueva saga con Salvation (371.3 millones, con entradas cada vez más caras, y la saga recaudando cada vez menos) y finalmente Genisys (440 millones de los cuales una cuarta parte corresponden a China con lo que aquel mercado maquilló mucho el resultado final).

No existe saga con ese historial y esa férrea voluntad de demostrar lo buenas que eran las dos primeras y la razón por la que aquellas triunfaron y son recordadas. Y para no convertir este artículo de taquilla en un monólogo sobre Terminator, debemos mencionar que Joker está a nada de llegar a los 300 millones en el mercado doméstico (es cuestión de horas) y cerca de aquellos 1000 millones que ya avanzamos eran muy posibles. Sin duda un éxito histórico para DC y Warner.

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