Interstellar

La trascendencia que tiene el cine en nuestras vidas la podemos medir con ciertas obras maestras que sobreviven a las inclemencias del tiempo. Hablamos de The Godfather, Casablanca, Titanic, Ben-Hur, Citizen Kane… películas que han traspasado la barrera del séptimo arte para convertirse en pilares fundamentales de las sociedades que hemos construido con el tiempo. La poca perspectiva temporal que tenemos con los films de este siglo hace complicado imaginarse qué títulos se convertirán en los pilares del futuro, pero hay un film que no presenta ni una sola duda: Interstellar.

La controvertida figura de Christopher Nolan es el tema central de gran número de debates cinéfilos en los tiempos que corren. El director de grandes obras maestras del medio como Inception, The Dark Knight Trilogy o Memento tiene tantos haters como fanboys, pero eso no debe impedir que se reconozca su trascendencia en el cine contemporáneo. Suya fue la primera gran película que juntó los dos cines que gobiernan la actualidad: el cine de autor y el blockbuster. Desde The Dark Knight la concepción del cine contemporáneo viró hacia un terreno menos simplista que la idea preconcebida que había sobre el cine para las masas. En 2008 el cine cambió, y fue gracias a Nolan.

Desde aquel impactante momento, Nolan convirtió su cine en una sucesión de acontecimientos a gran escala. Cada film aspiraba a ser más grande y espectacular que el anterior. La década del 2010 fue impoluta para Nolan: Inception, The Dark Knight Rises, Interstellar, Dunkirk y Tenet. Cada estreno se esperaba como algo diferente, recuperando esa bella sensación de acontecimiento que solo podemos ver a través del cine de superhéroes en la actualidad. De entre todos estos títulos, hay uno que sobresale con fuerza: Interstellar, su oda al espacio y al amor.

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Me repito constantemente una misma pregunta: ¿qué películas de esta década pasada pasarán a la historia? Hay algunos títulos que entrarían en cualquier lista (The Social Network, Her, Mad Max: Fury Road, La La Land…), pero ninguno de ellos es tan incuestionable como Interstellar. La gran odisea espacial protagonizada por un Matthew McConaughey que jamás ha estado mejor (jamás) es un espectáculo incomparable y un film de autor al mismo tiempo. Todos los apartados artísticos y técnicos conforman una orquesta perfecta en la que ningún instrumento desafina. Es una de esas raras ocasiones en las que todo funciona cuando tiene que hacerlo.

Pero ¿qué hace falta para que una película soporte el duro paso del tiempo? Varias cosas, de hecho. En primer lugar, es imprescindible que la obra es cuestión haya calado en el público y forme parte de la cultura popular que todos conocemos. Por otro lado, que el sector crítico de la sociedad la tenga en estima y suela colarse en los tops que periodistas y expertos publican con frecuencia. Interstellar adquirió ambas condiciones inmediatamente después de ser estrenada. Choca que solo lograra un Oscar (Mejores efectos especiales), pero los casos de clásicos que fueron ignorados por la Academia son una constante en la historia del cine.

La memorabilidad también es clave para que una obra logre acceder al olimpo del cine. Interstellar, como en varias de las películas de Nolan, tiene dos o tres escenas que ya son historia del cine. Con decir “Mountains“, “Stay” y “No Time For Caution” ya se entiende de lo que estoy hablando. Tres escenas sencillamente magistrales en las que es imposible no quedarse boquiabierto. El apabullante impacto visual de “Mountains“. La emoción que transmite “Stay“. La abrumadora tensión que provoca “No Time For Caution“. Tres escenas que justifican la entrada del cine.

El dúo Nolan/Zimmer es la mayor colaboración que ha surgido en la industria en décadas. Interstellar e Inception no se entienden sin la espectacular banda sonora del gran compositor alemán. Sus temas son la mitad de la fuerza que profesan las secuencias que Nolan compone. La banda sonora de Interstellar ha trascendido al film y se ha desmarcado como una de las grandes composiciones musicales del siglo XXI. El órgano que gobierna los temas del soundtrack es pura cultura popular contemporánea.

CRÍTICA SIN SEÑAS PARTICULARES (2020)

Tiene haters, como no podía ser de otra manera, pero no rendirse a la grandeza de Interstellar es un inútil ejercicio de cabezonería. Es el mayor film que se ha rodado en los últimos diez años y un clásico instantáneo. De pocas cosas estoy más seguro que de la perdurabilidad de Interstellar. Hablamos en 20 años, pero ya os adelanto que aquí no hay margen de error.

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