Infiltrado en el KKLan

26 de marzo de 1990. Dorothy Chandler Pavillion, Los Ángeles. Gala de entrega de los premios de la Academia. Es la noche del triunfo de Paseando a Miss Daisy, la historia entre una blanca y un negro en los años de la segregación racial. Sin embargo, lo más comentado de la noche fue otra relación interracial algo más inesperada.

Una Kim Bassinguer, blanca nuclear, subió al escenario a presentar El club de los poetas muertos. Sin embargo, aprovechó ese momento para reivindicar a un ninguneado Spike Lee como mejor director del año. El autor de Haz lo que debas convirtió su ausencia en la protagonista de la noche. Fue el primer cineasta con posibilidad real de romper esa barrera, pero tuvo que ser John Singleton quien lo lograra dos años después. Han pasado casi treinta años y solo Barry Jenkins, Jordan Peele, Lee Daniels y Steve McQueen se han unido a este selecto grupo. Cinco directores negros de 450 que han sido nominados a lo largo de 90 años de premios: El 1,1% del total.

A los latinos les ha ido algo mejor, sobretodo los últimos años. Tanto que incluso han monopolizado el premio. ¿Y Los asiáticos? Pues están empatados a cinco, pero Ang Lee lo ha ganado en dos ocasiones (quien no se consuela es porque no quiere). Cinco directores y cinco películas puesto que sólo Precious, 7 años de esclavitud, Moonlight, Get out y Selma han llegado a la categoría reina. Parece ser que este año Spike Lee será el último director negro que se sume a la lista de director y película. El último cuando podía (y debía) haber sido el primero. Veamos cómo ha cambiado el más famoso de los cineastas afroamericanos desde Haz lo que debas hasta Infiltrado en el KKK.

Crítica de Get Out (2017): Americanada estándar disfrazada de buena idea

Crítica de Moonlight (2016): una demostración de cine que envuelve una historia demasiado conocida

Digamos que a Lee le ha ocurrido exactamente lo mismo que al protagonista de su película. Ron Stallwall es negro en los años setenta, algo que te complicaba la vida bastante más que serlo ahora. Se halla en plena efervescencia de la lucha por los derechos civiles de su comunidad, pero también es policía.

Así pues, la comunidad negra le ve como parte del mismo sistema opresor. Y, sin embargo, Stallwall no quiere renunciar a ninguna de sus dos identidades puesto que de ambas se siente orgulloso. Así, que, como diría Alejandro Sanz, tiene el corazón partio’. Ninguna de las dos facciones en conflicto le ve comprometido al 100%. Para los negros es un sumiso, para el cuerpo de policía, un agente de segunda. Pues bien, Ron Stallwall es Spike Lee.

En 1989, el cineasta dio voz a la figura del “negro cabreado”. Sus películas no eran un altavoz para su gente, era una bubucela. Eso sí, era maniqueo a más no poder. Incluso en Padre de familia hacían chistes al respecto (Como cuando Peter Griffith exclama que se siente más estúpido que un blanco en una película de Spike Lee). Porque sutil, lo que se dice sutil, no lo ha sido nunca.

Posteriormente se fue diluyendo su carisma, fuerza expresiva y relevancia en una serie de películas que podría haber rodado cualquiera. Es más, algunas no las debería haber rodado nadie (sí, me refiero al remake de OldBoy)

Pero no nos equivoquemos, Infiltrado en el KKK está muy bien rodada, lo que ocurre es que no hay casi nada del espíritu de su autor. Como a Stallwall, al iracundo cineasta le paga las facturas un Hollywood que no quiere tonterías. Ahora bien, si existe una verdad universal es que quien nace lechón, muere gorrino. La absoluta falta de sutileza a la hora de llamar racista a la administración Trump son 100% marca de fábrica. Es más, si no te ha quedado claro a lo largo de las dos horas de metraje (cosa que dudo bastante), no te preocupes que al final te lo va a deletrear. Spike Lee para dummies.

Y hablando de dummies, en esta película por fin hay un blanco que no es imbécil, pero sólo porque no es blanco, sino judío (quien entienda a los americanos y su obsesión con eso de los “etnithity” que me lo explique… porque vamos. Son ganas de complicarse la vida).

Pero una cosa sí que me gustaría decirle, señor Lee, que sé que usted nos lee. No se equivoque. El enemigo no es una panda de estúpidos paletos de esos que zarandeas y les caen bellotas. Para nada. Los verdaderos destructores de derechos e igualdades son listos, demasiado listos. Ni se esconden en garajes ni van de clandestinos. Tienen poder, mucho. Demasiado poder. Así que mucho me temo que nos ha hecho la película con el antagonista equivocado.

Reseña Panorama
Infiltrado en el KKKlan
8.5
Artículo anteriorRepaso a la taquilla: Defunción navideña
Artículo siguiente91º PREMIOS OSCARS: TOP 10 DE SORPRESAS Y AUSENCIAS EN LAS NOMINACIONES
Redactor de cinefilosfrustrados.com - Mi blog personal: Cosas buenas de pelis malas : super8an.wordpress.com