High Life

Antes de dar un golpe sobre la mesa con las magistrales The Lighthouse y Tenet, Robert Pattinson hizo su particular incursión al cine de ciencia ficción indie con High Life, la primera película fuera de tierras francesas de Claire Denis. Con paso por festivales como Sitges o San Sebastián, este film es todo lo que no se debe hacer para captar la atención del espectador.

El cine sensorial no es nada fácil. Evidentemente, un tipo de película que depende de las sensaciones que transmite al espectador siempre va a ser extrema. O la vas a amar u odiar. En mi caso particular, amo Suspiria, de Luca Guadagnino, el film más cercano a esta idea que ha conseguido enamorarme. En contraposición, cintas como A Hidden Life no pueden irritarme más. Las veo como cintas pretenciosas que depositan demasiada responsabilidad en el espectador. Si el remake (entre comillas) de la obra magna de Argento tenía mucho más que ofrecer al margen de sensaciones, el cine de Malick o películas como High Life son todo lo contrario. Algo vacío e insoportable que tan solo exige al espectador pensar cuándo acabará esa tortura.

High Life está dirigida por Claire Denis, figura clave del cine francés contemporáneo y una de las miradas más personales del cine europeo. Que una directora con este background decidiera rodar una especie de híbrido entre el cine de ciencia ficción y el thriller en el espacio es cuanto menos curioso, y más pensando en que Robert Pattinson es su actor protagonista. Nos encontramos ante una propuesta interesante que de primeras llamará la atención de más de un espectador. Lamentablemente, todo ese interés se queda en la antesala del cine.

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Durante casi dos horas de metraje no es que no entienda lo que está pasando, sino que no me importa. Esos estímulos tan necesarios para que el espectador se mantenga atento a lo que le están narrando no tienen cabida en High Life, un film que no está ni desaprovechado. La historia es muy poco interesante, las escenas parecen más un cóctel de ideas más o menos malas y el conjunto general es espantoso. La lentitud con la que se suceden las escenas acaba sacando al espectador totalmente de High Life; a veces la pausa es necesaria, pero esto es excesivo.

La estructura con la que Claire Denis decide narrar lo que no nos interesa invita a que nos interese aún menos. Pasamos de ver a un hombre viviendo solo en una estación espacial con un bebé a una tripulación entera. Ni sabes por qué ha sido tan brusco este cambio ni te interesa. Solo piensas en si el rumbo cambiará en algún momento, y no. Lo más frustrante es ver a un actor tan magnífico como Robert Pattinson con un papel tan perezoso. No se profundiza en su pasado, no entiendes muchas de sus acciones y jamás llegas a empatizar con él. Menos mal que después supo escoger mejor sus proyectos y nos regaló algunas de las mejores actuaciones de finales de la década del 2010.

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No recomendaría High Life a nadie. Un ejercicio de cine sensorial tan vacío y pedante como insoportable. Total y absoluta indiferencia es todo lo que me provoca un film en el que había depositado esperanzas desde hacía meses. Riesgos de ir a ciegas.

3/10

Reseña Panorama
High Life
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