Destripando el Slasher: La Matanza de Texas (1974-2017)

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De vez en cuando, entre la basura nace alguna flor, aparece grano entre la paja y alguna conversación interesante entre comentarios vacios en reuniones sociales inesperadas. Una de esas, acometida por la necesidad de rellenar un silencio incómodo, se da a lo largo de una madrugada reciente… El slasher, ese subgénero. Brota en la conversación de una manera completamente artificial, pero el paso de los minutos produce una sinergia curiosa entre los presentes, arropando la velada con experiencias personales relacionadas con la tierna adolescencia y el visionado de esas primeras cintas. Una chispa en mi cabeza enciende la llama que da lugar a la sección que hoy estreno -en la que me acompañarán un par de amigos redactores- y que decido bautizar como “Destripando el Slasher”. Empezamos.

Repasando mi quijotera -con denodados esfuerzos- logro discriminar, al menos a mi juicio, lo que puede ser un buen modo de estrenar este intento de sección; La Matanza de Texas creo que reúne en sus más de 40 años comprendidos lo que el slasher puede llegar a ser, pero también lo que nunca debe, modernización mediante; y discernir lo que el subgénero proyecta dependiendo de la década de su producción; el público se actualiza, y los códigos también…

LA MATANZA DE TEXAS (1974, TOBE HOOPER)

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En 1974 se inicia el mito; Leatherface aparece por primera vez en nuestras pantallas, Tobe Hooper hace su falso debut -dirigió su primera película 5 años antes, sin apenas presupuesto ni distribución- con esta cinta que jamás alcanzaría a superar. No solo se hace cargo de su puesta en escena, la escribe junto a Kim Henkel -con el que ya había co-escrito su primera película- y compone la música.

Argumento hoy conocido por todos; un grupo de jóvenes se desvía de su ruta inicial de viaje y acaba en una casa habitada por psicópatas con tendencias caníbales.

Cinta de un reducido minutaje -de ser más larga se haría insoportable- en la que el trabajo de cámara es todo; en términos literarios la película es más bien mediocre y es su imaginería y puesta en escena lo que convierte la película en célebre. Con una fotografía muy quemada, la historia rápidamente nos sitúa en Texas, la américa profunda, donde todo cabe, y donde Hooper nos hace creer que aún no ha llegado la civilización.

La vigencia de la propuesta es total; ninguna de sus secuelas o slasher actual es capaz de remover lo que esta primera entrega de la saga. La primera secuencia en la que se nos presenta a Leatherface es sobrecogedora en ergonomía cinematográfica; el juego de lentes, montaje y edición de sonido es perfecto; la última secuencia de la película, la cena en la casa de los Sawyer; jamás, ninguna otra escena que yo haya tenido el placer de contemplar, nos lleva a esa realidad psicopática y enfermiza que aquí nos ocupa; una capacidad para orquestar el manejo de la sucesión de planos, cortes y la alternancia entre los planos detalle y los planos medios que nos hace comprender en pocos segundos que esa es la representación arcaica de la locura.

Esas dos secuencias, a modo de sujetalibros, sostienen una película que es, desde el punto de vista semántico, perfecta. Y que en el instante aparecen los títulos de crédito, asumimos que hemos visitado, al menos durante unos pocos minutos, el delirio.

OBLIGADO VISIONADO

MASACRE EN TEXAS 2 (1986, TOBE HOOPER)

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Pocas veces los primeros minutos de una película sirven como antesala perfecta de lo que va a ser la misma; tan rápidamente somos testigos del desplome de algo tan valioso que lo que está por venir no es sino la confirmación de las sospechas basadas en esa primera secuencia.

Pasamos de una cinta absolutamente radical en su propuesta, tanto en términos de cine clásico como en códigos humanos, a una anécdota contada; una broma que todavía ahora, mientras escribo estas palabras, no comprendo. El efecto debe ser parecido a volver a ver jugar a tu deportista preferido, ya retirado, en un partido de antiguas glorias del deporte.

Hooper trata aquí de convertir en primer plato lo que funciona como aperitivo; la comedia y el terror son las dos caras de la misma moneda, pero el equilibrio perfecto que vertebra la primera parte aquí no hace acto de presencia en ningún momento; posiblemente buscado, pero Tobe, no me lleves a McDonald’s a comerme una ensalada.

Las reacciones que provoca en el espectador la cinta son inenarrables, la vergüenza ajena es lo que más se acerca a esa reacción generalizada de un público que no da crédito a lo que hay ante sus ojos; llegando a levantarse y salirse de la sala durante la proyección y dejando en mí una reflexión que aún a día de hoy llevo conmigo. Hooper, harto de que su primer éxito ensombreciera su camino, decide coger el cadáver de su primer amor, quemarlo, y tirar sus cenizas al mar; tratando de ajustar cuentas con su pasado para poder vivir el presente.

BAJO TU RESPONSABILIDAD

LA MATANZA DE TEXAS 3 (1990, JEFF BURR)

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En esta tercera parte, título mediante -primer remake encubierto-, nos encontramos con la misma historia que la primera cinta; trata de reconducir su propia mitología volviendo a los orígenes, pero pasándose de rosca de tal manera que resulta completamente inverosímil lo que ocurre en pantalla; a pesar de estar relativamente bien narrada y contar con momentos bien ejecutados en términos de planificación…

Cuando uno decide introducir un personaje extraño en la trama con la intención de provocar cierta sensación de aversión en el espectador, debe tratar de contextualizarlo en un paraje de realismo para que produzca ese efecto; pero si en lugar de eso, tratamos de crear un cuadro de personajes de ese cariz al completo, se pierde el tono y todo acaba por resultar tan grotesco que ni al propio Ibáñez se le ocurriría para una de sus viñetas.

Dicho esto, la película constituye un ejercicio Back to Basics honesto y poco ambicioso que, siendo un espectador permisivo y consciente de lo que va a ver, convierte la experiencia en algo parecido a la satisfacción. Además, se aprecia en la cinta cierto intento de desmitificación del personaje central llevando la historia a un público que reclama justo lo que el relato propone.

NO PIERDES NADA

LA MATANZA DE TEXAS, LA NUEVA GENERACIÓN (1994, KIM HENKEL)

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Reescribo por enésima vez la opinión que me merece esta película, no sé como empezar, no sé como enfocar esto; estas palabras son las últimas que edito al escribir este artículo. Me siento a intentar poner en palabras lo que pasaba por mi cabeza en los 80 minutos que dura esta reinvención por parte del guionista que escribió la película original. La última de las, digamos, secuelas originales; antes de que aparezca el remake canónico.

Nos encontramos ante la cinta peor producida de toda la saga –parece una tv movie-, con un director que trata de apartarse, un poquito más, de la propuesta original; llevando el relato a lugares tan innecesarios como increíbles. La cantidad de despropósitos que aquí se dan cita son verdaderamente asombrosos; algún momento sacado de Saturday Night Live, y un primer borrador de lo que años más tarde nos llegaría con Scary Movie.

Renée Zellweger y Matthew McConaughey hacen de protagonista y antagonista; ella de rubia imbécil que toma las decisiones menos razonables posibles en todo momento, y él de maníaco retrasado con una pierna que se controla con un mando a distancia -el momento de venderle esa idea al ejecutivo que le dio luz verde, eso sí merece una película-; la única idea interesante entre todo el desacierto, Leatherface no es el villano principal; interesante, que no bien llevada. Probablemente el peor slasher que yo haya visto jamás.

NO TE ACERQUES

LA MATANZA DE TEXAS (2003, MARCUS NISPEL)

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Cambiamos de siglo, de tercio y viramos el rumbo; aparece en nuestras pantallas la cinta que revitaliza por completo la saga y al personaje con cara de cuero. Remake, sí, pero con un tratamiento visual apabullante, decisiones estilísticas acertadísimas y, cuatro películas después, un villano aterrador. Marcus Nispel nos entrega la que es, hasta día de hoy, la mejor secuela de la saga.

El tono en este tipo de propuestas es el primer escollo que hay que superar, si se parte de la preproducción con un tono equivocado, el resto de decisiones que se tomen a continuación serán en vano; este relato tiene el tono más conscientemente de terror que cualquier otra, incluyendo la primera parte, en la que un humor negro latente liberaba la tensión contenida. El remake de 2003 no tiene esa comunicación con el espectador y despoja al mismo de todos esos momentos de tregua.

Si bien el eco que supone la historia es obvio, algunas decisiones artísticas no lo son, y dotan a la película de Nispel de un sentido en su existencia, algo que muchos remakes no pueden atribuirse; y reflotan todo en una historia que el peso de las secuelas había hundido.

Decía Kiarostami que el ejercicio de una copia certificada merece el reconocimiento no de la originalidad sino del arte de evocar exactamente lo mismo. Sabe lo que dice el director de A Través de los Olivos.

MERECE TU TIEMPO

LA MATANZA DE TEXAS, EL ORIGEN (2006, JONATHAN LIEBESMAN)

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Tres años después aparece un nuevo relato de la familia Sawyer -Hewitt en esta y su predecesora-, esta vez en forma de precuela, o al menos eso reza el título; condición que le dan apenas un par de secuencias, quitadas en montaje, una secuela más, pues no hay ni una sola pausa dramática que convierta la cinta en lo que dice ser.

Salto de fe, aceptamos pulpo por animal de compañia, y estamos viendo una precuela; sentenciaba yo que el tono es el primer escollo a superar, así es, pero ¿y el segundo? La mecánica visual, el montaje, la capacidad de un creador para poner en imágenes lo que hay en el guion. He aquí el grave problema de esta película, su director; no sabe rodar. A veces es tan sencillo como eso. La cámara está puesta en un sitio porque sí, no hay planificación de montaje durante el rodaje, no hay sutileza, matiz; no vemos armonía. No hay coreografía; y si no la hay, el espectador no puede bailar con la película, es una cosa de dos.

Si a aquello que debe proponer el director, que no es tal en el caso que nos ocupa, le sumamos la terrible dirección de actores que la cinta sufre, nos encontramos con una caso de quiero y no puedo. Un intento de repetición de lo expuesto tres años antes; más de los mismo, pero peor, mucho peor.

BAJO TU RESPONSABILIDAD

LA MATANZA DE TEXAS 3D (2013, JOHN LUESSENHOP)

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A alguien se le ocurre que es buena idea volver a la película original, otra vez, y retomar la historia desde el final de la primera parte. Sugerente, pero como un bikini, tapa lo relevante; ¿qué es? La falta de ideas y la necesidad -taquilla manda- de volver a una marca ya establecida.

Nos encontramos con un prólogo -resumen de la cinta de Hooper- y continuamos desde ahí; la familia Sawyer muere en un tiroteo/incendio provocado en el que sobrevive una niña, que conveniente; es adoptada por una familia, y 20 años después recibe una casa en herencia de su tía Verna; se traslada a la casa con unos amigos, y allí se encuentra con que debe cuidar a su primo, Leatherface, que está llevando a cabo una masacre para vengarse, uno a uno, de aquellos que mataron a su familia…

Aquí, tenemos la primera cinta de la saga que califico como post-Kevin Williamson; todo rastro de un tratamiento de imagen canónico, por llamarlo de algún modo, es borrado; y la partitura visual es secuestrada por una apariencia completamente digital y absolutamente impersonal. Sé lo que hicistéis el último verano…, San Valentín Sangriento (2009); esas películas en las que el terror y la sugestión son sustituidos por gore sin gusto, esa es la definición.

Con todo, la película supone un intento de acercamiento distinto a la misma historia, cosa que se agradece después de unos cuantos remakes encubiertos, además del oficial; pero a veces una idea diferente no es más que otro camino para cometer los mismos errores.

NO PIERDES NADA

LEATHERFACE (2017, ALEXANDRE BUSTILLO, JULIEN MAURY)

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Y llegamos a la última, al menos hasta ahora, propuesta relacionada con ¿Leatherface?, y alcanzamos el principio; se trata de una precuela tardía de la cinta original y nos lleva a la niñez y, en su mayoría, adolescencia del frío asesino. Guiños a todas las cintas de la saga convierten a esta película en una amalgama de situaciones que terminan por convertir el relato en una historia de orígenes que bien podría ser del Joker.

Nos encontramos ante la única parte de la saga que no podemos calificar como slasher, se mire por donde se mire; y nos encontramos en realidad ante un relato dramático contado a modo de road movie y con unos personajes mal escritos. El devenir de los acontecimientos ocurre porque sí, nuestro protagonista se convierte en Leatherface en una secuencia, y el resto de la película no es más que una persecución que avanza hacia ninguna parte.

Se agradece que se quiera dar un nuevo enfoque, pero el desarrollo de los personajes es nulo en una película que existe en la cronología exclusivamente para eso; y por tanto acaba por ser redundante en cuestiones innecesarias. La cinta parte de un equívoco, y es que un personaje que es “el mal” no puede tener un origen psicológico que compredamos, quedándose en tierra de nadie en términos dramáticos. A pesar de todo, la película se las arregla para resultar entretenida, pero eso sí, no es “La Matanza de Texas”, es otra cosa.

BAJO TU RESPONSABILIDAD

PENSAMIENTOS FINALES

Tratar de resumir más de 40 años de historia del Slasher en apenas un único artículo resulta una tarea imposible; pero escogiendo La Matanza de Texas trato de exponer lo que ha sido el subgénero hasta nuestros días. La regla de las tres generaciones; el padre crea la empresa -los códigos, la forma, el fondo-, el hijo mantiene lo que puede habiendo vivido el momento de creación, y el nieto, que ya vive en la abundancia -y no tiene ningún contacto con los códigos del género que creó su abuelo- dilapida la fortuna.

CRÍTICA DE LADY BIRD (2017)

Reseña Panorama
La Matanza de Texas (Saga)
6,5
Soy un tipo optimista, aunque todo pueda salir mal, que lo hará, nunca pierdo el optimismo. Si tengo que decir las tres cosas que más me definen; primero y más importante, las hamburguesas me gustan sin pepinillo; segundo, los palillos redondos, nunca planos; y tercero, mi madre dice que soy el hijo perdido de Jack Burton... y que nací en Ciudad Esmeralda.