Tanna

AÑO: 2015 | TÍTULO ORIGINAL: Tanna DIRECCIÓN: Bentley Dean, Martin Butler | PRODUCCIÓN: Contact Films, Screen Australia GUIÓN: Bentley Dean, Martin Butler, John Collee  FOTOGRAFÍA: Bentley Dean | MÚSICA: Antony Partos | REPARTO: Mungau Dain, Marie Wawa, Marceline Rofit, Albi Nagia, Lingai Kowia, Mikum Tainakou | GÉNERO: Drama romántico | DURACIÓN: 133 minutos.

Tanna es una propuesta distinta a cualquier película de la cartelera, y lo es en todos los sentidos. Para empezar, nos narra una historia real sucedida en una tribu de las islas Vanuatu. Está protagonizada por los propios integrantes de la tribu y rodada en su lengua Navuhal (de ahí la nominación de Australia al Oscar como película en lengua no inglesa). No es, a priori, credenciales que arrastren a la audiencia a la sala y aún así se llevó el premio del público en Venecia. Sus directores provienen del campo del documental, y como tales nos cuentan la historia. Se preocupan especialmente de los aspectos etnográficos y culturales del pueblo.

Sacrifican la intensidad por la veracidad

Podrían haberse marcado un “Iñárritu” y convertir a Tanna en una sucesión de dos horas de imágenes bonitas de las islas polinesias, pero se cuidan mucho de caer en eso, no es lo que les interesa. Por el contrario, lo que viene a ser el contexto cultural de la tribu queda bastante bien entendido, así como sus costumbres, moral y visión del mundo. Todos los actores son los habitantes de la tribu. Se ha celebrado mucho esta decisión artística por la autenticidad que da al desarrollo de la historia, pero en determinados momento se echa de menos a profesionales de la interpretación. Hay escenas en las que los personajes necesitan una profundidad y un manejo de los sentimientos que nadie le puede exigir puesto que no son actores. Aquí Bentley Dean y Martin Butler sacan su lado documentalista: Sacrifican la intensidad por la veracidad.

Con todo esto, puede resultarnos curioso que calara hasta tal punto en el público del Festival de Venecia como para elegirla su favorita. No ha de extrañarnos: La trampa de Tanna es que te hace sentir “cinematográficamente progre”. Al decir que te ha gustado, estás reconociendo implícitamente que participas del respeto a la multiculturalidad y el amor a la madre tierra, que sabes valorar códigos culturales más allá de los occidentales y que te comprometes firmemente a salvaguardar el legado histórico de las culturas tribales.

Uno no puede confesar que no le ha gustado la película para no pasar por especulador etnocentrista. Y, bajo esa capa good-felling, Tanna es escalofriante. En el marco que nos muestra, los crímenes quedan impunes, incluso el asesinato. No hay una ley que te ampare ante el delito y estamos hablando de que la historia transcurre en 1987. La compraventa de mujeres es legal. La mujer, como tal, está completamente supeditada al hombre. Aún así nos lo quieren hacer pasar por un paraíso terrenal, con un primer acto en el que toda la tribu ríe, canta, baila y es feliz. Sobretodo las mujeres. Incluso la única vez que se muestra a la cultura occidental (personificada en el cristianismo) es para ridiculizarla. Esto es independiente de que sus directores sepan manejar bastante bien la narrativa, algo que dejan completamente claro y que en ningún momento cuestiono.

Tanna es una experiencia cinematográfica diferente en todos los sentidos. El espectador tiene que saber que va a asistir a una experiencia diferente. Para lo bueno y para lo malo. Aviso, porque doy fe de que en la sala de cine se escucharon ronquidos… pero también salió mucha gente sintiéndose más “progre”.

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Reseña Panorama
Tanna
7
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