Watchmen se va acercando a su final en HBO, esta semana nos ha llegado su penúltimo capítulo y, además ha venido con el dato de ser el estreno del año más visto en los canales de pago, reuniendo una media de más de siete millones de espectadores por episodio. Esto no es casualidad, hay un gran y digno producto detrás, como muestra este penúltimo capitulo. Os lo contamos aquí, de nuevo, sin spoilers.

Tal y como apuntaba tanto el final del anterior capitulo de Watchmen como la promo de este, nos íbamos a encontrar con un episodio básicamente centrado en la figura de Jon Osterman, más conocido como Doctor Manhattan, y así ha sido. El resultado ha superado todas las expectativas. Damon Lindelof ha demostrado su habilidad a la hora de narrar una historia en diferentes líneas temporales tal y como ya hiciera en otro capitulo que ha pasado a la historia de la televisión, La Constante (Lost).watchmen 8

Con momentos que nos recuerdan a ese mítico episodio, así como a la cuarta entrega del cómic original, Lindelof disfruta contándonos la historia del Doctor Manhattan, un ser con los poderes de un dios cuya percepción del tiempo es absoluta, pues es capaz de vivir a la vez su pasado, su presente y su futuro. Esta circunstancia la aprovecha el guionista para moverse entre varias lineas temporales para poder contarnos la infancia del personaje, que ocurrió después de los sucesos del cómic y, sobre todo, qué ocurrió diez años antes de lo sucedido en la serie, donde su intervención es crucial en todo lo ocurrido en lo que llevamos de temporada. Todo esto contado, de forma magistral en una hora llena de giros y revelaciones donde, valga la referencia, el tiempo es la constante.

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Así es, en los inicios de la serie parecía que nuestro azul protagonista tendría un papel meramente testimonial, aumentando su importancia según se acerca el final de temporada, y casi convirtiéndose a estas alturas en el personaje clave de la trama principal, tanto jugar con el tiempo es lo que tiene, que puede uno acabar creando alguna paradoja temporal por muy omnisciente y divino que sea.

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Uno de los detalles que más llama la atención en el guión del episodio es la forma en que Lindeloff deconstruye el personaje, si en la novela gráfica nos encontrábamos un ser todopoderoso, carente de sentimientos, cada vez más frío y alejado de la humanidad, aquí evoluciona en alguien que, por extraño que parezca en sus circunstancias y en su pasado, busca el amor y ser amado. Un amor por el que es capaz de renunciar a todo su poder, aun sabiendo las circunstancias y el futuro de esa relación. Tal y como dice el título del capítulo, un dios entra en un bar sabiendo que en su futuro se está enamorando y hará los que sea, pese a todo lo que sabe que va a ocurrir, para conseguir ese amor, insisto, un guión absolutamente espectacular.

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El otro aspecto que destaca en el capítulo es la interpretación, tanto de Regina King como de Yahya Abdul. Mateen están a un nivel altísimo, y sobre todo, Jeremy Irons , arrojando aun más luces sobre su personaje que, al igual que Osterman, cada vez se adueña más de la función, siendo además, protagonista absoluto de la genial y única escena post creditos de la temporada.

En resumen, Watchmen sigue en un nivel altísimo de calidad de cara a un final en el que, si hacemos caso a las declaraciones de su showrunner, será definitivo, sin opción a más temporadas. Esperemos que los datos de audiencia animen a los directivos de HBO para convencerlo de que pueda seguir regalándonos en un futuro más temporadas y más historias en este maravilloso universo de Watchmen.

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