La culminación de Juego de Tronos, uno de los mayores fenómenos televisivos de todos los tiempos, se ha resuelto con una doble arenga explosiva: la de Daenerys, cabreada con todo el mundo, y la de los fans, cabreados con dos showrunners a los que recientemente se les ha podido ver cruzando la frontera, camino del exilio. ¡Huelga decir que esto va a estar repleto de SPOILERS!

El fan indignado de Juego de Tronos reposa a lomos de su dragón virtual. Observa nervioso el sonar de las campanas que indican el fin de la serie. Todo ha terminado. Es momento de abandonar, de mirar hacia otra parte, otras series, lo que sea. Respira una última vez, tensa los músculos faciales y preso de la ira ordena un Dracarys de puro odio. La devastación es inmediata: tuits apocalípticos, mensajes cargados de odio, firmas para que la HBO rehaga toda la última temporada. Nada ha sucedido como el fan quería. Nosotros, cual Tyrion y Jon, nos miramos con incredulidad y nos preguntamos, ¿Tienen razón?

Juego de Tronos no ha sido jamás una serie cualquiera. Casi cuatro años de desarrollo (partiendo de la iniciativa de sus creadores y showrunners David Benioff y D.B. Weiss) y un estreno prometedor inauguró el inicio de un fenómeno televisivo que ha marcado una década. Y buena parte de dicho fenómeno se basó en la cara de tonto con la que uno se quedaba cuando la serie atentaba contra todo aquello que habíamos aprendido en la narrativa clásica: ¿Pero no era Ned Stark el protagonista? Así que llegamos al germen del gran problema en poética metáfora de la vida: las expectativas nos han matado.

George RR Martin, autor de las novelas en las que se basa Juego de Tronos, desveló con ese ya histórico momento de la decapitación de Ned Stark, su narrativa basada en un realismo consecuente: las honorables intenciones de Ned quedaron aplastadas por un rival más hábil que él en esto del Juego de Tronos. Y le siguieron Robb Stark y otros grandes momentos que apuntalaron a la serie como sinónimo de sorprendente. ¿Seguro?

Tronos 01

Tras 8 años y 67 episodios las audiencias crecieron hasta niveles dignos de un evento cinematográfico y esa narrativa chocaba, tal vez más de lo deseado, con el la lógica del fenómeno fan. Jon Snow, Daenerys Targaryen, Tyrion Lannister, Arya Stark… Todos tenían su cuota de fans y los deseos del respetable, cual evento deportivo, anidaban en resoluciones victoriosas. Y, peor, tras varios ejemplos de la consecución del Trono de Hierro como un sinónimo de avaricia y muerte, aún era la Champions League del asunto.

Y así llegaron unos agotados (o eso presuponemos) Benioff y Weiss a las dos últimas temporadas de Juego de Tronos: sin la referencia de los libros, con Martin contándoles más o menos el final y con menos episodios de los habituales para cerrar todas las tramas. Y lo que ha ocurrido es que la serie ha caído en el exceso de velocidad y en una profunda insatisfacción fan porque no ha sucedido lo que el susodicho creía que debía suceder.

Tronos 02

Lo primero, a priori, parece innegable. Y digo a priori porque las escenas alargadas y subtramas de dudosa utilidad estuvieron presentes en años anteriores pero los seis episodios de la última temporada han sido completamente insuficientes para abordar las dos grandes batallas pendientes. El resultado ha sido un devenir acelerado de los acontecimientos y la sensación de que Juego de Tronos merecía algunos episodios más y, tal vez, alguna temporada más.

Sin embargo lo peor ha sido que esas prisas han ido ligadas a una pérdida de una de las mejores virtudes de los primeros años de Juego de Tronos: su dinámica de personajes. Esos momentos de reposo, regados con unos diálogos brillantes, que canalizaban el lógico desarrollo de cada uno de ellos. El espectador asume, de forma natural, el Tyrion reflexivo y reposado de los dos últimos años porque tuvo seis temporadas para llegar a ese punto. Pero le ha costado asumir a la Daenerys genocida de los dos últimos episodios. Aunque, en el fondo, tampoco ha sido una gran sorpresa.

Tronos  03

Porque ahí es donde vamos a romper una lanza en favor de Benioff y Weiss tanto si han seguido las instrucciones de Martin, como si no: las resoluciones finales de Juego de Tronos han podido ser en algunos casos torpes, en otros han podido romper con todo un arco establecido (te miro a ti, Arya Stark), pero los ponderables finales en Desembarco del Rey huelen a Juego de Tronos. Los visos de Daenerys como potencial asesina de masas estaban ahí desde los primeros años. La heroicidad de Jaime Lannister matando a Aerys replicada en el mismo acto cometido por Jon contra Daenerys. Y la elección más obvia, consecuente y exitosa de un soberbio Tyron Lannister al elegir a Bran Stark como Rey de Poniente.

Es pronto para anticipar como tratará la historia este final de Juego de Tronos. Probablemente como una suerte de otro caso Lost. Tal vez el exuberante nivel del diseño de producción, la banda sonora, o un estratosférico Peter Dinklage, no sean suficientes. El final que cada fan tenía en la cabeza (sin duda bien escrito, coherente y digno de la primera temporada) tal vez sea un muro más infranqueable que el que separaba Poniente del Norte. Tal vez, después, de esto, deba irme con Benioff y Weiss (y Jon), al exilio.

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Reseña Panorama
Puntuación general
6

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