Repasamos el último trabajo de Woody Allen, presentando en el marco del festival de cine de San Sebastián 2020, la irregular Rifkin’s Festival. 

Con Woody Allen, nunca se sabe. Se le puede acusar de hacer siempre la misma película, de reciclar personajes, alteres ego, tramas, estructuras narrativas, o piezas musicales, pero prácticamente siempre, ofrece unos mínimos. Si a esta solvencia en su forma, le añadimos un componente tan atractivo como puede ser el tratamiento de un festival de cine, -en este caso, el festival de cine de San Sebastián -, y todo el rodaje transcurre en una de las ciudades más bonitas de nuestro país, pues el resultado, como mínimo, es algo que yo quería ver. Rifkin’s Festival, se presentaba como un gran hit.

Quizás mis expectativas estaban bastante altas, tras Dia de lluvia en Nueva York (2019), filme en el que Allen se atrevía, a través de  toda una generación Z, a mostrar sus temas tan sobados a lo largo de su filmografía, pero quizás, ese aroma de la juventud, el magnetismo de Nueva York, o la siempre brillante Elle Fanning, me hicieron sentir una versión actualizada del cine del newyorkino.

En cualquier caso, su siguiente proyecto, volvía a girar en torno a una ciudad (después de Barcelona, Roma, Paris, o la propia New York), pero no solo la ciudad iba a tener todo el foco narrativo, sino el acontecimiento de esa ciudad, que será el motor narrativo. Así, nos plantamos en Rifkin’s Festival, una carta abierta de amor al cine por parte de Allen, probablemente, la más explicita y exacerbada que se pueda ver en toda su filmografía.

Y es que esto, es muy importante. Porque, hagamos la lista todos juntos :

-Conflictos de pareja. Correcto.

-Largas conversaciones y reflexiones sobre el mundo del arte. Correcto.

-Adulterios, infidelidades, y líos amorosos. Correcto.

-Una banda sonora compuesta por piezas de Jazz, que podrían encajar en cualquier otra película suya. Correcto.

-Voz en off del protagonista, que nos cuenta sus disyuntivas indecisiones, pero que en el fondo, no son mas que un debate Allen vs Allen. Lo que es, vs lo que puede criticar de si mismo en forma de comedia. Correcto

Todos estos elementos, que se repiten en una gran parte de sus últimos trabajos, están presentes en Rifkin’s Festival, pero la sensación de que están implementados casi con desgana, sin brillantez, y sobre todo, de una forma tan explícita, resulta en muchos casos molesto. Que Allen ha intentado lanzar una carta de amor al cine, es un hecho. Pero que nos lo escupa directamente a la cara, no resulta del todo estimulante. El personaje principal, interpretado por Wallace Shawn, no deja de subrayar mediante sus diálogos, los lugares a los que la imagen y la narrativa formal de Allen, no llegan. Los simpáticos y delirantes sueños, en los que este viejo profesor de cine se ve “atrapado”, y que le sirven como premisa a Allen para homenajear a Bergman, Truffaut, Fellini, o Buñuel, entre otros, tienen gracia la primera vez que aparecen. Cuando asistimos a la cuarta recreación de alguna película que el director adora, como Persona, Jules et Jim, o El ángel exterminador, empezamos a sentir una estructura facilona y más propia de un programas de sketches y gags, que de un director de cine de su categoría. Estas historias, intentan trazar un paralelismo con los acontecimientos de la vida del profesor, pero el resultado, no es otro que el de una ligera sonrisa a través del elitismo referencial.

Crítica de Wonder Wheel, de Woody Allen 

Y si, San Sebastián luce esplendida, pero no era difícil cuando contabas con una materia prima tan suculenta. La forma de fotografiarla, y su brillante etalonaje, nos muestra un paraje ideal en el que perderse, que en cierto modo, es algo que Allen intenta trasladar a la historia. Los líos amorosos ya citados, son parte del motor de la cinta, pero en ningún momento, se llega a penetrar mínimamente en la persona de cualquiera de estos personajes. Todo resulta frívolo y atropellado. El concepto de una película dentro de un festival de cine, apenas está aprovechado, y solo sirve para ridiculizar -de nuevo, de forma bastante tosca – la figura de ciertos directores que se creen los salvadores del séptimo arte.

Aun con todo, Rifkin’s Festival puede que sea perfectamente la mejor película que ha abierto el festival de cine de San Sebastián en la ultima década. Al que le guste Woody Allen, va a tener su buena dosis, y seguramente encuentre 90 minutos en los que distraerse y disfrutar. Como ya he comentado al inicio, Allen nunca ofrece obras malas, pero en este caso, dista de ser estimulante, refrescante, o directamente interesante. Rifkin’s Festival es entretenida, pero está lejos de las obras más profundas dentro de su filmografía.

Reseña Panorama
Rifkin's Festival
5
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A veces escribo de lo que me apasiona, y otras, de lo que toca.