Que vaya por delante: Sujétame el cubata no es una mala idea. Lo que pasa es que era una buena idea hace años: Reunir a varios monologuistas veteranos del circuito — gente que llenaba teatros, programas nocturnos y canales de YouTube hace más de una década— para montar una especie de comedia híbrida entre ficción y stand-up suena, como mínimo, simpático. El problema es que llega tarde. Muy tarde. Cuando el formato ya dio lo mejor de sí y los nombres que lo protagonizan ya no tienen ese filo que una vez los hizo imprescindibles.
La película intenta navegar entre el monólogo de toda la vida y la narración ficcionada, ese territorio en el que alguna vez triunfaron experimentos tan distintos (y maravillosos) como Seinfield o Guillaume y los chicos a la mesa. Aquellas obras conseguían algo que aquí se escapa: que la frontera entre la reflexión humorística y la historia personal se difuminara con naturalidad. En Sujétame el cubata, el montaje intenta sostener ese equilibrio —y hay que reconocer que lo hace con cierta elegancia—, pero el material base se queda corto. La transición entre el escenario y la “vida real” de los personajes funciona visualmente, sí, aunque el contenido no siempre acompaña.

Quizá el mayor lastre de la película sea que no termina de saber qué quiere ser. ¿Monólogo? ¿Cine? Y de ahí que todos los cómicos hacen de sí mismos. Y no en el sentido de una metanarrativa ingeniosa, sino literalmente. No construyen un personaje. Si conoces sus monólogos, reconocerás sus muletillas, sus tics, incluso los mismos chistes que esperas de ellos. Es una película que te gustará si ya te hacen gracia en directo; si no, dudo que logre convencerte. No hay un arco dramático que sostenga el conjunto ni una evolución real en los personajes, porque lo que vemos no son personajes: son cómicos repitiendo lo que mejor saben hacer… aunque no siempre al nivel que solían.
El guion intenta hilvanar lo que sólo da para un monólogo. Una anécdota de la vida real de su autor, pero sin elevarlo a una ficción estilizada como, volvemos a citar, Seinfield o Guillaume y los chicos a la mesa. Pero el texto nunca se atreve a ser cine de verdad. Se queda en la superficie, en la anécdota amable, en la broma interna que hace reír a quien estuvo allí, pero deja frío a quien mira desde fuera. A lo mejor es que esta propuesta se ha equivocado de medio. No dudo que un teatro sea su hábitat natural. Es más, estoy convencido de que esto ya ha sido un monólogo antes y seguro que muy bueno. Lo que pasa es que como cine no funciona, al menos de esta manera.
Tampoco ayuda el presupuesto, que se nota. Y mucho. La película prácticamente transcurre en tres escenarios —un bar, una casa y el plató del cómico—. Los tres están bien decorados y un “no sé qué” que recuerda los viejos programas de humor de la televisión (lo digo como algo positivo, no se me malinterprete). Pero la repetición de espacios termina volviéndose claustrofóbica. Es cine de interiores sin la intención de serlo.
Entre tanto déjà vu, de vez en cuando aparece un chiste bueno, una observación afilada que rescata momentáneamente la película del tedio. Hay destellos de ingenio, sobre todo cuando los intérpretes abandonan el guion y se nota que improvisan. Pero son eso: destellos. Lo justo para arrancarte una sonrisa antes de volver a hundirse en el monólogo estirado de siempre.

La sensación final es que Sujétame el cubata parte de una idea que brillaba como monólogo individual, en diez o quince minutos de escenario y luz. Convertirla en largometraje diluye su fuerza. El humor pierde ritmo, la reflexión se repite y la espontaneidad se vuelve artificio. Hay cariño, sí; se nota que todos los implicados creen en el proyecto y disfrutan haciéndolo. Pero también se nota que el tiempo ha pasado, que el formato que dominaban ya no vibra igual, que el público de hoy busca otra cadencia, otro pulso. Como la película de Cámera Café. No es que no funcionara, es que la hicieron veinte años tarde, cuando ya todo el mundo pasaba de ese producto televisivo.
No es un desastre, ni mucho menos. Hay honestidad y cierta ternura en ver a viejos cómicos recordando por qué se subían a un escenario. Pero también hay melancolía. Sujétame el cubata no es una comedia sobre el presente: es una postal del pasado. Una que llega con retraso, doblada por el camino, pero que al menos aún conserva la firma de quienes, hace años, nos hicieron reír de verdad.
Pero como digo siempre, han hecho una película mientras yo estoy aquí despotricando y comiendo Doritos. Ni puto caso, Fernando Ayllón, que sé me estás leyendo. Tú sigue haciendo cine que es lo mejor que se puede hacer en la vida.
Ficha Técnica ‘Sujétame el cubata’:
Título original: Sujétame el cubata
Año: 2025
País: España
Dirección: Fernando Ayllón
Guion: J.J. Vaquero, Carolina Noriega
Reparto: J.J. Vaquero, Goyo Jiménez, Patricia Conde, Fernando Albizu, Carolina Noriega
Fotografía: Dayron Pérez
Productora: BCarambola Films
Género: Comedia. Stand-up
