Lion es el último cortometraje dirigido por el cineasta italiano afincado en España, Davide Melini. Estrenado en 2017 y con multitud de premios a sus espaldas, nos encontramos ante un corto con un mensaje claro para enfrentar uno de los problemas más tristes de nuestro mundo, el maltrato infantil.

Algo que sorprende al ver Lion es la manera que tiene de tratar el tema que reivindica, mezclando fantasía y realidad. Si a cualquiera de nosotros nos dijeran que vamos a ver un corto contra el maltrato infantil, seguramente acudirían a nuestra cabeza numerosas ideas sobre qué vamos a poder encontrarnos, pero jamás pensaríamos en algo como lo que ocurre en Lion. Este es, sin duda, uno de sus puntos fuertes.

Además, Lion consigue ponernos en situación muy rápidamente, algo que siempre es muy valorable en un corto ya que el tiempo de duración del mismo debe ser un ejercicio total de síntesis donde no tienen cabida las florituras. La primera visión que tenemos de los tres protagonistas, nos hace comprender desde el primer momento el rol que ocupa cada uno de ellos.

 

Si bien todo lo dicho anteriormente es cierto, Lion presenta varios problemas que hacen que, por muchos premios que tenga el cortometraje, a nosotros nos deje con la sensación de que no hemos visto una gran pieza cinematográfica, sino más bien, un corto más.

En primer lugar, el corto se vende como un cortometraje de terror, sin embargo podéis estar tranquilos los que no gustéis, o toleréis este género en demasía  porque, aunque pueda pretenderlo, asustar no asusta nada y el terror se reduce la estética del mismo.

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Por otro lado, aunque el problema que plantea lo resuelve de una manera innovadora, se recurre a varios clichés que merman esa originalidad de la que hablábamos anteriormente consiguiendo todo lo contrario, es decir, que nos parezca que lo que estamos viendo ya lo hemos visto innumerables veces.

Los efectos especiales son mediocres, la fotografía o el cuidado de la misma prácticamente inexistente y la interpretación de los actores deja mucho que desear en el caso de tres protagonistas con sobreactuaciones innecesarias. Y para colmo, todo esto nos provoca la sensación de estar ante un corto casero.

 

En definitiva, Lion no me ha ha calado en el que se encuentra frente al teclado. Al fallar la fotografía, los efectos especiales, la interpretación y, aun reconociendo la originalidad del argumento, el tratamiento de la trama, no se puede decir que este sea un buen corto.

Quizá pueda ser una buena pieza para una campaña contra el maltrato infantil, pero en términos de ocio y entretenimiento, no pasa el corte y no se le puede valorar positivamente.

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Esta conclusión me hace preguntarme si realmente he entendido o no el corto debidamente, ya que, ante la ingente cantidad de premios que tiene solo caben dos posibilidades: no he sabido captar ni interpretarlo como se merece o los premios conseguidos no son lo suficientemente potentes para que realmente sirvan de aval del mismo.

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