Crítica de Alita: Ángel de combate (2019), Abre los ojos

Dirección: Robert Rodriguez | Guion: James Cameron, Laeta Kalogridis |Producción: James Cameron, Jon Landau | Fotografía: Bill Pope | Reparto: Rosa Salazar, Christoph Waltz, Jennifer Connelly, Mahershala Ali, Ed Skrein

Alita se ha convertido, por derecho propio, en un pequeño milagro: es el primer proyecto fílmico ajeno a las criaturas azules de Avatar que presenta James Cameron en más de veinte años. Un proyecto en el que el creador de Terminator, y Robert Rodriguez, han volcado toda su imaginería visual, tecnológica y especialmente una fórmula narrativa que parece dividir a público y crítica.

El caso de James Cameron es, cuanto menos, curioso: en los años ochenta y noventa se convirtió en uno de los gurús de la ciencia ficción creando una mitología fascinante con la saga Terminator (The Terminator, 1984 y su secuela Terminator 2, 1991), una de las mejores secuelas que se recuerdan (Aliens, 1986), una premonitoria odisea acuática (Abyss, 1989) e incluso se marcó el remake más hiperbólico y divertido (True Lies, 1994).

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Su punto de inflexión, cuanto menos comercial, llegó con Titanic (1997), el que posiblemente sea el mayor éxito cinematográfico de todos los tiempos. Aquel éxito, en los albores del siglo XXI, inició un prolongado hiato fílmico apenas compensado por su trabajo en Dark Angel (2000-2002) y varios documentales de temática oceánica, hasta la llegada de su segunda venida con Avatar (2009). Durante todo ese tiempo el proyecto de adaptación de Alita navegó en paralelo a todos esos proyectos, sin duda, entre el griterío fan pidiendo (rogando, a poder ser) que se encargara él mismo de la dirección.

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Alita, manga japonés creado por Yukito Kishiro, captó la atención de James Cameron y se formalizó como uno de sus proyectos deseados ya en los años noventa. Su producción, prolongada durante casi todo lo que llevamos de siglo, ha ido en paralelo al desarrollo técnico de Weta Digital. La empresa creada por Peter Jackson, y su supervisor senior clave, Joe Letteri, han capitalizado buena parte de los hitos en captura de movimiento necesarios para personajes como Gollum, César, y Na’vi de Pandora. Aquella fue la primera colaboración de James Cameron con la empresa neozelandesa tras años de confiar en la ILM y posteriormente en su propia compañía, Digital Domain.

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La técnica empleada para recrear a la protagonista de Alita (Rosa Salazar), basada en puntos de captación de movimiento sobre actores reales, supone junto al fotorealismo el paso definitivo de la tecnología digital en aras de conseguir, literalmente, cualquier resultado imaginado en la escritura de un guión. Y de paso puede solventar de un plumazo las dudas pre-existentes: no, no hay problema alguno con los ojos de Alita.

Robert Rodriguez, director, y James Cameron, co-guionista y productor, solventan sin fisuras la integración tecnológica en el objetivo que debería tener todo film de exuberantes medios y presupuesto: que la misma sirva a la historia, y no al revés. Alita es generosa en escenas de acción y combate (el estilo de la protagonista es sensacional) pero no recomendamos ninguna pastilla para el mareo: la planificación y filmación de Rodriguez es certera, clara y consecuente con el estilo del film.

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El viaje del héroe de una amnésica Alita, condición que permite al espectador descubrir el mundo a través de sus grandes ojos, contiene todos los ingredientes clásicos. El mentor, o figura paterna, Dyson Ido (Christoph Waltz), un interés romántico, Hugo (Keean Johnson), y el descubrimiento de que todos quieren algo de ella, en especial Chiren (Jennifer Connelly) y Vector (omnipresente Mahershala Ali). Nos mordemos la lengua para no escribir en estas líneas el nombre de otro actor que aparece por sorpresa.

Alita no es una mala película. Pero tampoco es especial, distinta o cautivadora. Su mayor virtud, y a la vez su mayor defecto, es ofrecer exactamente lo que promete. Y nada más. Como en aquella Avatar, Cameron introduce su fórmula millonaria, con un guión certero pero esquemático, diálogos correctos pero previsibles, y un aire de blanca corrección que amenaza puntualmente con lo soporífero.

 

Reseña Panorama
Alita: Ángel de Combate
6.5