Crítica de Lux Æterna de Gaspar Noé : epilépticos, venid a mí

Hoy ponemos la lupa en el sabroso mediometraje del siempre bien recibido Gaspar Noé, la extraordinaria Lux Æterna.

Desde que se mostrase al mundo con su prometedor y polémico primer trabajo titulado Carne (1991) ,pasando por su consagrador debut Solo contra todos ( 1998), la filmografía del director argentino afincado en Francia, siempre ha sido un eje interesante para conocer nuevas estéticas cinematográficas, desde el extremismo francés, hasta esa monumental joya que es Enter the Void (2009), que podría constituir por si misma un género para ella sola. Hoy, el enfant terrible nos sigue deleitando con trabajos provocadores, llenos de rabia, y reflexión, como la fascinante Lux Æterna.

La cinta, pese a no poder ser constituida como largometaje completo (se queda en los 50 minutos), consigue cumplir la función reflexiva, sin olvidarse de la sensorial, que tanto caracteriza el cine de Noé. En este caso, asistimos al rodaje de una película, y muy astutamente, este se nos presenta en muchas ocasiones, en diferentes espacios segmentado a través de dos pantallas que vemos en la propia pantalla de cine. El concepto de la multipantalla, de lo inabarcable, es posiblemente la mejor forma de resumir el caos de un rodaje, en el que dos ojos nunca pueden abarcar todo lo que el cerebro necesitaría para tener el control absoluto del contenido.

Si en Love (2015) el director jugaba con el 3D, aquí nos plantea esta suerte de 3D dinámico, en el que no tenemos una imagen en 3 dimensiones, sino dos imágenes en una, dándole al espectador la decisión de donde mirar, queriendo este, si es mínimamente curioso, poder abarcar el espectro completo. Esto hace que la experiencia como espectador, sea la síntesis de la obra. Lux Æterna nos plantea todas las dicotomias a las que se enfrenta el líder de un proyecto, y para ello, se rodea de citas de gigantes como Godard o Dreyer, utilizando metraje incluso de este ultimo -la formidable Dies Irae (1943) como vehículo paralelo al propio rodaje ficticio que nos plantea la cinta, que no es otro que una historia de brujas.

Una de las citas mas sorprendentes corresponde Dostoyevski, hablándonos del placer que siente un epiléptico, milésimas de segundo antes del ataque, quizás, trazando un paralelismo entre ciertas imágenes que veremos al final de la cinta, y que marcan una nueva cima dentro de su filmografía en cuanto al uso de la fotografía bañada en estrobos, que de manera casi asesina, violenta -y no apta para personas con sensibilidad ocular – nos regala una experiencia sensorial en clave de éxtasis para las retinas más juguetonas.

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Pero a pesar de todo esto, su estilo sigue estando intacto en esta pieza artística. En Lux Æterna, nos encontramos esos cortes secos en los que saltamos de espacio a espacio, escuchando conversaciones aparentemente insustanciales, pero que progresivamente irán teniendo relación unas con otras. El cine de Noé rara vez es alegórico, o busca ahondar en el subtexto. Todo lo contrario, su esencia, radica en ser activo con el espectador. Plantearle preguntas, que observe los pequeños retazos de vida que él te muestra, y que intentes sobrevivir con ellos -y a ellos- como buenamente puedas.

En Lux Æterna, los personajes se interpretan a si mismo. Béatrice Dalle es Béatrice, Charlotte Gainsbourg, es Charlotte, o Abbey Lee es Abbey. Solo aparecen por su nombre de pila en los créditos, y son mostrados como elementos individuales de un engranaje colectivo. Un colectivo, que muestra como pocas obras lo que es un rodaje de cualquier obra cinematográfica, con todos los problemas de índole organizativo, social, egocéntrico, e infantil, que pueden darse en cualquier grupo de trabajo donde haya diferencias formales y educacionales. Una pieza impactante, llena de fuego, y no para todos los públicos. Pero como seas parte de ese publico, vas a disfrutar con uno de los mejores trabajos de Noé hasta la fecha.

Reseña Panorama
Lux Æterna
9
A veces escribo de lo que me apasiona, y otras, de lo que toca.