Frozen LGTIB

Ahora que España acaba de celebrar el (necesario) día de visibilidad LGTBI, repasemos los dos grandes momentos de la normalización en el cine y el que aún nos queda.

Casi finalizando la década de los setenta, a la promesa del cine Ridley Scott le llegó el guión de una película de horror en el espacio. Hasta aquí, todo normal. Tomó una serie de decisiones artísticas que hicieron de Alien una de las mejores películas del género en toda la historia: No dejó que viéramos al monstruo, la nave parecía más una fábrica que un vehículo espacial al uso, contrató a Giger para que el antagonista quedara como un diseño icónico… y también tomó otra decisión, a priori, irrelevante: Cambiar al protagonista masculino por una mujer. Y hacerlo sin cambiar ni una sola coma del guion. Esa irrelevancia en el sexo de Ripley fue de los momentos más importantes de la historia del cine: Por primera vez estábamos ante un personaje protagonista femenino sin ningún condicionante de género. El personaje que lanzó al estrellato a Sigourney Weaver no era la madre de, ni la esposa de, ni la secretaria de ni la “de” de nadie. Era tan absolutamente irrelevante que fuera una mujer como que hubiera sido hombre. El feminismo llegó al cine desde el espacio para librar una batalla que todavía hoy no se ha resuelto.

Diez años antes, otro pujante cineasta estaba realizando la que, sin saberlo, sería otra de las películas de terror más importantes de la historia. George A. Romero creó al zombi tal y como lo entendemos hoy en día. El género se había estado desarrollando desde el periodo mudo, pero desde que se estrenó La noche de los muertos vivientes, todo el cine de zombis se rige por las normas que él estableció. Romero hizo otra innovación completamente inconsciente de ella: Le dio el papel de Ben, el lider de la resistencia “humana” a Duane Jones. Hizo el cásting, fue quien más convenció al director y el papel fue suyo. Hasta ahí, nada raro, salvo por un detalle: Jones era negro. Detalle sin ninguna importancia si no estuviéramos hablando de Estados Unidos en los años sesenta, esto es, cuando aún había leyes de segregación racial.

La elección Duane Jones de ni siquiera fue un acto premeditado o combativo. George A. Romero no era consciente de lo que su decisión llevaba implícita. Simplemente le dio el papel al actor que mejor había realizado la audición. Sin más. Y ese fue uno de los mayores actos de normalización acerca de cualquier minoría de toda la historia del cine.

Estos dos hitos, el correspondiente a una mujer y el correspondiente a un negro, es el que aún no se ha realizado con las personas LGTBI. No hay una Ripley ni un Ben. Ningún personaje LGTBI ha protagonizado una película que no sea LGTBI, es decir: ningún personaje LGTBI ha “usurpado” un papel que sobre el guión fuera de heterosexual cisgénero.

Podemos decir que sí es cierto que ha habido personajes homosexuales tratados con normalidad en una película. Pienso ahora mismo en la Uma Rojo de Todo sobre mi madre, una lesbiana sobre la que en ningún momento nadie menciona que lo sea. Pero es un personaje secundario, casi que ni siquiera es necesario en la trama.

Sé que seguramente este tipo de personaje ha tenido su protagonismo. ¿Pero pensáis ahora en alguno? ¿Se os viene alguien a la cabeza? Probablemente no. Ese el es problema. El cine mainstream nunca se lo ha planteado. No hay protagonistas LGTBI en películas “hetero”. Un personaje LGTBI no puede ser un personaje más, siempre aparecerá que es LGTBI. Y esa es la otra gran barrera que hay que derribar. Una persona LGTBI va al cine a ver maravillosas y desgarradas historias de amor heterosexuales y/o cisgénero como la cosa más normal del mundo. Va a ver estas grandes hazañas y recorridos vitales, pero al contrario no. El cine con personajes LGTBI está destinado a un público LGTBI. Es tan absurdo como platearse que una película protagonizada por Ryan Gosling esté destinada al público rubio. O que el target de las películas de Kate Winslet sea todos aquellos con un 43 de pie. Cuando en televisión se programaba El príncipe de Bel Air o La hora de Bill Cosbyl no era buscando un público negro, era para todos. Las aventuras de Xena, Blossom o las gemelas de Sweet Valley, por poner un ejemplo, buscaban al público adolescente de ambos sexos. ¿Donde están entonces las películas con un protagonista LGTBI destinadas a todos, sin excepción? Los directivos de Hollywood están convencidos de que nadie pagará una entrada para verlas si no es una persona LGTBI. Y seguramente tengan razón, así que sí. Por favor, señores de Disney, que el rumor sea verdad. Que Elsa sea lesbiana en Frozen 2 y veamos a familias enteras rompiendo una de las últimas barreras del cine.

Si te has quedado con ganas de más, no dudes en echar un vistazoWonder Woman y la marvelización de DC. ¡Nos vemos en los comentarios!

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Redactor de cinefilosfrustrados.com - Mi blog personal: Cosas buenas de pelis malas : super8an.wordpress.com