Netflix nos trajo el pasado mes de septiembre la última temporada de The Good Place. Tras tres años siguiendo las divertidas aventuras de Eleanor Shellstrop, llegamos a su final. Vemos como se le brinda a sus personajes la deseada reconciliación con su pasado, que acabará con su aceptación personal.

The Good Place, o el Lado Bueno, puede parecer solo una serie fresca y divertida. Una más de las muchas que podemos encontrar en las plataformas de entretenimiento a las que estamos acostumbrados. Una serie sin mucha calidad y con poco que contar. De estas series que quieres ver cuando no te apetece pensar mucho. De las que te pones cuando tan solo quieres relajarte tras un duro día de trabajo. Pero la propia serie nos hace ver que no todo es lo que parece, y que además de ser divertida, nos trae un bello mensaje.

Esta serie, estrenada en 2016 y finalizada este año 2020 con su cuarta temporada en Netflix, ha sido creada por Michael Schur, a su vez guionista y director de series como The Office y Parks and Recreation (nada más que añadir). En su reparto también encontramos a caras conocidas, como Kristen Bell o Ted Danson. Otros actores, podemos apreciarlos más novatos y con una interpretación más ajustada a su escasa carrera tras los focos.

The Good Place

The Good Place nos acerca a una de las preguntas que más se ha hecho en la Historia de la Humanidad: “¿qué hay en el más allá? ¿Qué nos espera tras la muerte?”. De esta forma, los protagonistas son enviados al morir “Al Lado Bueno”, donde tendrán todo aquello que siempre han querido en su vida terrenal como recompensa a las buenas acciones que han realizado.

Según esto, El Lado Bueno (que vendría a ser algo así como el cielo), es un lugar al que se accede gracias a las buenas prácticas que hiciste en la tierra. Cada acción, positiva o negativa, sumaría o restaría al contador total de cada persona. Sólo aquellos con mayor número de puntos podrían llegar Al Lado Bueno.

El resto tendría que ir Al Lado Malo (o el infierno), donde serían torturados con sus mayores miedos. De esta forma, no existe un lugar intermedio donde vayan aquellas personas que no hayan sido ni muy buenas ni muy malas. En principio, ya que no todo es lo que parece. Y a veces, los buenos pueden ser malos, y los malos ser los buenos. O un poco de ambos.

Este aspecto existencial explica los tintes filosóficos que tiene la serie, y que se haga mención a multitud de filósofos y escritores. Se nos acerca así, de una forma entretenida, lo que filósofos clásicos opinaban acerca de los aspectos más relevantes de la vida. Y se hace hincapié a la importancia que la filosofía debería tener en nuestras vidas, ya que mediante el estudio de ésta podemos descubrir la respuesta a las preguntas más importantes. Una reivindicación actual que hace aquí The Good Place a favor del estudio de la filosofía.

Es interesante analizar a los personajes principales que encontramos en esta serie, ya que cada uno tiene algo que transmitirnos y una evolución a lo largo de las temporadas. Sin destapar mucho por no hacer spoiler, podemos hablar de Eleanor, que nos enseña como hasta la persona más egoísta puede cambiar y querer ser mejor. O de Chidi, que nos enseña como la moral debe ser quien nos guíe a la hora de actuar. O de Jason, con quien nos reímos por sus ocurrencias fruto de su inocencia.

Tahani, que nos muestra que incluso tras una imagen de perfección también hay vulnerabilidad y que su mayor deseo es algo que la mayoría de nosotros tenemos pero que sin ello, ninguna riqueza nos haría feliz. Michael, que transmite pura bondad pese a su origen y nos transmite la importancia que le da al resto de protagonistas a quienes los tratan como si de su propia familia fueran. Y de Janet, quien nos hace ver que hasta el ser más racional puede tener sentimientos y enamorarse.

THE GOOD PLACE

También hay una serie de enseñanzas que la serie nos transmite de la cual querría hacer mención. The Good Place nos enseña que el tenerlo todo también puede convertirse en un infierno, ya que nos idiotiza y nos hace no tener el empuje para mejorar, para aprender, para progresar.

En cierta forma, el no tenerlo todo, el no saberlo todo, la incertidumbre, es todo eso lo que nos hace que estemos vivos. Que nos sintamos vivos. Es ese motor de empuje que nos hace ser mejores y que nos permite luchar por todo aquello que queremos. También nos dan una imagen bonita de lo que el verdadero amor es, aceptando a veces, que lo mejor, es dejar ir a quienes queremos.

Por todo ello, sí, podemos afirmar que The Good Place es una serie fresca y divertida, de la que tampoco podemos pretender obtener más de lo que viene a aportar. Pero que es una serie que nos saca muchas risas y que consigue relajarnos. Que nos da un mensaje de esperanza y aliento, nos hace reconciliarnos con el ser humano, y nos hace querer ser mejores. Algo muy necesario en los tiempos que corren.

Reseña Panorama
The Good Place
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