La cuarta jornada de Sziget 2022 estuvo marcada por la fuerte presencia de grandes espectáculos de música electrónica.

Cuarto día. Literalmente, había dormido una hora, dejándome caer en la playa, porque el horno en el que se había convertido mi tienda, más las emociones de la noche anterior, me impedían descansar como era debido. Igualmente, saqué fuerzas para una pequeña expedición a Auchan, a comer como era debido, por al menos, un día. Pésima idea. Me llené tanto, que el resto de la tarde, la pase en busca de una sombra, como un Snorlax de generación 1, intentando dormir. Pero esto, es lo normal en un festival como Sziget.

El plato fuerte del día, era Calvin Harris, aunque desde luego, no era el mío. Me dejé caer con mis compañeros de campamento hasta el show del británico, pero me dejó muy a medias. Más dj set que live, con un juego de luces bastante escueto para la magnitud de su nombre y las posibilidades de Sziget, poco margen para bailar por la gente pegada una a otra, y una gran presencia del polvo, que cada día se levantaba más ante el secarral en el que nos encontramos. Decidí salirme a mitad del concierto, y pasearme por el Freedome, para ver a Beabadoobee.

Acierto total, y una de las grandes sorpresas de este Sziget 2022. En esa carpa, todo suena increíble, y cualquier artista, se viene arriba. La filipino-británica, se presenta en escena, con muchísimo más cuerpo que en discos, dándole tralla a sus guitarras, y haciendo de su bedroom pop, un espectáculo de potencia sad teen impresionante. Una cosa muy buena que ha ocurrido este año en el festival, es que los artistas de las 22:15, se solapaban en parte con el cabeza de cartel del día, haciendo, que los que estuvieran en el FreeDome, fueran fans de verdad del artista. Y esa comunión entre público y artista, fue total.

Rápidamente, salgo corriendo del Freedome, para acercarme el Europe Stage, donde estaba mi plato fuerte del día: French 79. Llevo desde 2019 salivando por verle en directo, y no es especialmente fácil hacerlo, fuera de Francia. Desde el principio, empezó a disparar hit tras hit de su álbum más icónico, el Joshua (2019), y todos los asistentes, entramos en un trance de felicidad y pies inquietos. Fue uno de los conciertos más bonitos de esta edición, sin ninguna duda, absolutamente perfecto.

A partir de ahí, tocaba irse al Party Arena, donde el EDM de Ofenbach, sonaba potente y precioso, como antesala del gran nombre de lo que quedaba de noche: Alan Walker. Un Party Arena a reventar, con muchísima expectación, por el maestro de la música de tutoriales de Youtube. El show fue precioso, tirando de todos sus grandes éxitos, algunos, remixeados varias veces, como Faded, Alone, o Play, y creo, que no decepcionó a nadie, por lo que pude hablar con gran parte del público, especialmente abierto a bailar e intercambiar conversaciones con mucha facilidad. Lo que se dice, buen rollo de verdad.

Y para cerrar la noche, tralla húngara. La el dúo femenino Tits Gang, el siempre certero Jumodaddy (cuarta vez que le veo ya), y un sosillo Andro, cerraron las ultimas 3 horas de la noche, a ritmo de dubstep, tralla zapatillera, y algún que otro tema de trap. Un día, hecho para los amantes de la electrónica en Sziget.

Lee también : Sziget, día 2. 

Artículo anteriorSziget 2022. Día 3. La noche que se rompió la realidad
Artículo siguienteCrítica «The Humans» (2021) [Filmin]: Drama con aires de A24
A veces escribo de lo que me apasiona, y otras, de lo que toca.