La cosmética del enemigo

Kike Maíllo vuelve a Sitges nueve años después de estrenar Eva, su ópera prima. En esta ocasión llega con Cosmética del enemigo, un thriller frío y psicológico que saca lo mejor de sus dos reivindicables protagonistas. AVISO: Este artículo contiene spoilers.

Si hay un género que ha ganado popularidad y respeto en los últimos 30 años, ese es el thriller. Desde que se estrenara la magistral The Silence of the Lambs en 1991, hemos visto thrillers de todos los colores. Entre todos ellos, destacan los thriller psicológicos. Aquellos que son capaces de meterte en la cabeza del protagonista y vivir la historia a través de su psique. Este subgénero nos ha regalado grandes obras maestras como Shutter Island, Enemy o Fight Club, entre muchas otras.

Los códigos del thriller psicológico son difusos y rompen normas constantemente, pero muchos de ellos comparten una característica fundamental: manipulan al espectador. El hecho de narrar la historia a través de un personajes que normalmente vive atormentado suele alterar la verdad. Lo hemos visto, claramente, en Shutter Island. Claro está, uno no puede hacer un thriller psicológico decente si no sabe jugar sus cartas. Si rápidamente el espectador empieza a sospechar, peligro. Y eso es lo que le sucede a Cosmética del enemigo, la nueva película de Kike Maíllo. Sorprendentemente, eso no altera el resultado final tanto como debería.

Cosmética del enemigo nos mete en la cabeza de Jeremiasz Angust, un exitoso arquitecto que vive atormentado por un episodio de su pasado. Después de una conferencia en París, Angust se dirige al aeropuerto de la capital francesa cuando conoce a una misteriosa joven. Esta es la premisa de la nueva película de Kike Maíllo. No brilla ni por su originalidad ni por su frescura, pero consigue enganchar al espectador desde el primer segundo hasta el último.

Porque lo que hace de Cosmética del enemigo una película notable es jugar con los códigos de un subgénero más que trillado. Sabe fragmentar la narración para que no sea tan evidente lo que lo es desde las primeras escenas del segundo acto. Las sólidas actuaciones de dúo protagonista refuerzan una trama que solo cae en la monotonía cuando peca de sobreexplicativa.

Y podríamos hablar de su estructura, de sus actuaciones o de su estilo visual, pero lo que realmente enamora de Cosmética del enemigo es su poder para ganar fuerza una vez has salido de ella. Elementos que parecían intrascendentes adquieren una importancia superlativa y las teorías empiezan a gobernar la mente del espectador. Tendrá sus fallos, pero los mejores thrillers son aquellos que logran calar hondo en la psique del espectador.

Las cartas de Maíllo pretender mantenerse ocultas hasta los últimos instantes de la película, pero no lo logra. El rompecabezas que propone al espectador no es de una dificultad extrema y puede completarse con relativa sencillez. En un panorama en el que hemos visto tantas películas de este estilo, Cosmética del enemigo no consigue dar ese golpe de efecto que una historia así podría ofrecer.

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Cosmética del enemigo acaba siendo, muy en el fondo, una oportunidad perdida para ser una obra de referencia dentro del género, pero no por eso deja de ser notable. Kike Maíllo se confirma como uno de los grandes directores del panorama español y demuestra que el thriller es patrimonio de nuestra industria. Tardó, pero por fín llegó una gran película a Sitges 2020.

Reseña Panorama
Cosmética del enemigo
8
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