La tercera temporada de Sex Education ya está subida a Netflix. Probablemente te hayas pegado un buen maratón para devorarla en un santiamén. Nosotros también lo hicimos. ¿Comentamos un poco lo que ha sucedido? ¿Y lo que podría llegar a suceder? Por supuesto esto va a estar minado de ¡spoilers!

Se hizo esperar. La maldita epidemia retrasó el rodaje de la tercera temporada de Sex Education y con ello todas nuestras dudas con el final de la anterior quedaron en el limbo más tiempo del necesario. Pero ya está aquí. Tuvimos la oportunidad de verla hace días, publicamos el pertinente artículo, pero ahora toca ponernos a hablar de esto sin freno. A saco. Insistimos: spoilers a destajo. Sin contemplación. Vamos a cotillear.

Otis y Maeve, Isaac y Maeve, Otis y Ruby: este era el fregao con el que terminaron la segunda temporada. Tela marinera. Isaac eliminaba el mensaje de audio de Otis a Maeve y esta se quedaba sin saber lo que nosotros (y ella, que narices) ya sabíamos. Que Otis está tan colado por Maeve como ella con él. Es complicado y tal, pero lo están. De entrada tenemos un distanciamiento total durante el periodo entre temporadas aunque cuando se encuentran, ah, se entienden. Todo cuadra. Sin embargo ambos están entretenidos: él ha iniciado una relación sólo-sexual con Ruby (muy fans de Ruby en este particular) y ella siente algo por Isaac. Un momento… No. Laurie Nunn (creadora, showrunner y por ende diosa suprema de Sex Education con el permiso del director Ben Taylor) vierte ahí la fórmula de la serie en el mayor acierto (sí, sí) de esta temporada: ¿sólo sexual?

Sex Education (01)

No. Para nada. Como era de esperar, y decíamos, Nunn lo hace a menudo, la parodia, el tópico, esconde algo más emocional (que no mejor o complejo: nada que objetar al fornicio sin ataduras). Y es que Ruby se está colando por Otis. Es fácil adivinar que es la primera vez que Ruby siente algo así, probablemente es la primera vez que está con alguien como Otis. Por supuesto nuestro protagonista transita el camino habitual en la narrativa de la serie: Ruby no es lo que parecía. No sólo, bajo esa capa (protectora) de diva pija se esconde una chica sensible, de cuelgue en ascenso y, sorpresa, sino que tiene vida completamente opuesta a lo que aparenta. Vive en una casa relativamente modesta, su padre está enfermo (la escena en la que le ayuda nos dice tanto de su día a día…) y todo ese momento en el sofá lo que vemos es una Ruby completamente adorable. No, no justifica su comportamiento en la escuela, pero por lo menos Otis (y nosotros) ya sabemos que Ruby vale (mucho) la pena.

El giro ahí, en un toque genial de Nunn, enlazando con la trama de Maeve, es que Ruby le suelta un I love you a un Otis que no lo devuelve. La ruptura nos duele más a nosotros que a él pero el motivo es obvio. Y ese motivo (Maeve, claro) pasa a la siguiente fase con Isaac justo en el mismo episodio (el cuarto) en el que Otis y Ruby cortan su relación. Maeve, en una escena en la que Sex Education vuelve a hacer bueno su título, contándonos como es el sexo con alguien con paraplegia, parece encarrilar el inicio de una relación con su vecino. Hasta que llega el viaje a Francia.

Sex Education (02)

En una escena la mar de resultona, en la que el autobús se olvida de Maeve y Otis en una pintoresca gasolinera, Maeve le saca a Otis (provisto de una memoria de la leche) el contenido de aquel audio y ella, que sonríe cuando escucha el I love you (¿lo ven? enlazando con Ruby), decide poner fin a la tensión y se besan de una vez por todas. El momento más esperado de la serie culmina en un trabajado entorno, de noche, pero Maeve pronto cae en que -de alguna forma- está a medias de algo con Isaac. No nos convence el modo en el que Isaac se quita del medio y a la vez Nunn y cía deben idear algo para ralentizar un poco la fase en la que, se supone, veremos a la pareja ejerciendo como tal (tanto en lo sexual como en lo social). Al final ella se larga un par de meses a Estados Unidos. Ni cotizan escenas ahí en las que conoce a alguien y tal. Pero eso ya será en la cuarta temporada…

Eric y Adam: es un caso similar, en cuanto a separación de pareja cuando todo parecía ir en la buena dirección, al de Otis y Ruby. En este caso Laurie Nunn tiene mejor coartada pues es completamente plausible, e intrincado en la mitología de la serie, que su relación se vaya al carajo justo cuando parecía ir todo viento en popa. Por un lado Adam, durante toda la temporada, y con la inesperada ayuda de Rahim (en otro de esos movimientos made in Sex Education: apela a la emoción por su propia sorpresa), inicia un viaje de comprensión sobre su sexualidad y sobre su relación con Eric. Pero este, en una argucia narrativa tópica pero siempre excitante (¡un viaje!, el que precisamente le impide acompañar a Otis y cía a Francia), conoce no sólo a otro chico sino que entiende la situación: Eric está ya plenamente asentado en su yo sexual, en lo que desea y en la expresión completamente libre (o casi) de ello. Adam apenas está gateando en ese sentido. ¿Ruptura inesperada? ¿Se viene un Adam y Rahim?

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Jane y Jakob: su historia transcurre en segundo plano pero Nunn, de nuevo, se reserva un final que está completamente ligado a la idiosincrasia de los personajes y de la serie. Jakob, junto a Ruby el personaje que más fondo de armario adquiere en esta temporada, no se fía de Jane y sabemos que tiene motivos del pasado para ello. Jane demuestra una vez más ser un desastre en su concepción familiar aunque concedemos que meter a Jane y Otis bajo el mismo techo que Jakob y Ola era algo que requería un tiempo de ajuste. Pero la chicha está al final, en el mejor, más emotivo e inesperado de los giros: Jane advierte que algo va mal y entra en coma tras una hemorragia post parto. Tras ello, con un Otis abatido, reconfortado por Eric (no hubiera ido mal meter ahí a Maeve), Jane sale del coma pero descubre que Jakob tenía razón en sus dudas: no es el padre.

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Ola y Lily: aquí deberíamos aclarar que su crisis viene dada por dos factores que parten, ambos, de Lily. Por un lado su poca empatía (de nuevo: va con el personaje, es así desde el minuto uno) con lo que debe estar pasando Ola con el embarazo de Jane: su nuevo hogar, el recuerdo de su madre etc Pero por encima de todo Lily entra en una crisis personal cuando toda su pantalla de felicidad, lo que hace de ella esa nerd entregada a la escritura de erotismo alien, queda reducido a la nada. Es tal su vacío que se resiste a contactar con la parte real, tangible, de su mundo que representa Ola. Sin embargo la imagen de Lily con el cartel que le cuelga Hope (en lo menos realista de la temporada, pero bueno), da tanta pena, los ojos de Tanya Reynolds rezuman tanta humillación, que sólo queda alegrarnos de que viva con Ola esa lluvia de estrellas (o paso de naves nodriza, lo que Lily prefiera).

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Jackson, Viv y Cal: es, en parte, la patata caliente de las acciones derivadas de la conducta de Hope como nueva directora de Moordale pero también el paso más allá de Sex Education haciendo bueno una vez más la elección del título de la serie. Hope, en su intento por reconducir Moordale hacia un centro educativo sin altercados sexuales, choca contra las obvias limitaciones que las estrictas normas de vestuario y comportamiento generan en la libertad individual de los estudiantes. Inclusive la sexual. Viv, en su afán por (en plan Hermione) ser la perfecta delegada, pierde por completo el norte hasta que logra atizar (y eventualmente despedir) a Hope con la inevitable rebelión estudiantil que ella misma genera.

Por su parte Jackson conoce a Cal, su nuevo compañero no binario llegado de Minneapolis (genial el contraste de acentos y como él, empezando ya su cuelgue romántico, intenta imitarlo), con quien inicia una relación que primero transita entre la dupla de amigos inseparables, y luego va más allá durante el viaje en autobús. Es en ese momento cuando Cal, con quien se besa Jackson, frena la acción en cuanto él intenta ir algo más allá. Por contra es Cal quien se queda a medias cuando Jackson no sabe que decir, ni hacer, en cuanto Cal le dice que si están juntos será una relación queer. Algo que Jackson, definitivamente, no siente en la misma nota que Cal. Sex Education ejerce, decíamos, su rol educativo y además de un modo plausible y natural. Ah, y Dua Saleh simplemente se sale en su papel.

¿Y el resto? pues un poco de todo. Aimee sigue lidiando con las consecuencias del acoso sexual que sufrió en el autobús. Nunn repite acierto al rodear su caso de más humor del habitual en este punto de la serie pues Aimee Lou Wood (se llaman igual actriz y personaje) funciona mejor en ese registro y su arco no tiene el peso dramático de otros personajes. El ex director Michael Groff es otra de las sorpresas de esta temporada de Sex Education: el camino con el que se redime no afecta tanto a las acciones de la serie sino a las de su propio proceso de cura mental y hasta física. Echando de su vida al tóxico de su hermano, intentándolo de nuevo con su ex mujer y especialmente recuperando el sentido de la vida recordando, claro, a su madre. Esperamos que todo ello revierta en Adam en la próxima temporada.

Nos queda Hope: la novedad de esta tercera temporada de Sex Education. Una Jemima Kirke en estado de gracia, se marca un Dolores Umbridge intentando reconvertir Moordale en una escuela de orden a costa de normas que llevan al límite a unos estudiantes que ven limitadas sus aspiraciones personales. Tal vez, tal vez, su arco cojea por cuanto su lado personal, con su propio drama intentando quedarse embarazada, no cuadra con sus acciones en la escuela. Tal vez somos nosotros (o un servidor) que no sabemos verlo bien porque su camino es distinto al de Groff. En él vimos lo habitual en la serie: primero la parodia y luego a la persona. Con Hope transitamos por ambos de la mano. No vamos a dudar aquí de Laurie Nunn a estas alturas.

Esperamos, pues, con ansias la cuarta temporada. Y, si puede ser, que llegue antes de septiembre de 2022.

PD: Colin cantando Pump Up The Jam es una completa maravilla.

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