United States of Love, del director Tomasz Wasilewski, abría la jornada del jueves con un tratamiento sobre el tiempo; las secuelas del pasado enconadas en el devenir existencial. Voir du Pays, dentro de la sección Nuevas Olas, en una línea similar, seguía la estela de las consecuencias psicológicas tras un contexto particular. En este caso, tras una misión bélica en Afganistán. Para concluir la jornada, Kristen Stewart en la piel de la guardarropa de una celebrity, protagonizaba el esperadísimo y último trabajo del director francés, Olivier Assayas. Una película que no se posiciona en un marco narrativo concreto, pues va desde el terror al thriller sin llegar a profundizar en ninguno de las casos.

A principios de la década de los 90, Polonia entra en nuevo contexto socio-político. Atrás queda la etapa comunista, donde la dura represión sexual y el aislamiento, anulan las relaciones sentimentales de la mujer. La película ahonda en la vida de cuatro mujeres en un nuevo ambiente. Las cintas de VHS, el aerobic o la discos de Whitney Houston, escenifican la apertura del capitalismo. El filme, vertebrado en torno a cuatro episodios interrelacionados, muestra el drama de cada una de las mujeres: la primera insatisfecha con su marido, siente atracción por el cura; su amiga, directora de un colegio, es amante del padre de uno de sus alumnos; y por último, el encuentro forzado entre una de las profesoras del colegio y la hermana de la directora. En base a esta propuesta protagonista, Tomasz Wasilewski, explora los sentimientos frustrados del género femenino, representados en trastornos psicológicos. El resultado de United States of Love es el de una cinta inteligente, necesaria, aunque incómoda y difícil de digerir.

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El frente bélico ha dado para todo tipo de cintas. Desde relatos épicos y patrióticos hasta narraciones anti-belicistas como los filmes Senderos de Gloria o La Delgada Línea Roja, de Stanley Kubrick y Terrence Malick, respectivamente. En Voir du Pays, los hermanos Coulin, inspeccionan un terreno desconocido. Tras una dura misión en Afganistán, una sección de militares, aterriza en Chipre, para someterse a un proceso de descompresión. El lugar para llevar a cabo dicho tratamiento es un hotel de cinco estrellas a pie de playa. A priori uno puede pensar que es el sitio ideal para enterrar las secuelas de la guerra, pero nada más lejos de la realidad, la estancia en él abre la caja de los horrores. Todo gracias a las sesiones de realidad virtual, que recrean las situaciones más dolorosas de la misión. Esto deriva en conflictos que se acrecientan con la ingesta de alcohol y se escenifican en el difícil papel de la mujer, denostada en un mundo de hombres. A pesar de esta cobertura sobre los hirientes latigazos del conflicto, el resultado del filme no es redondo, debido a la poca profundidad vertida en los personajes, lo que origina que el visionado sea ameno, pero el poso insuficiente.

Para el cierre de la jornada, el SEFF nos tenía reservado un supuesto peliculón: Personal Shopper, ganadora en Cannes a la mejor dirección. Expectativas altas, que han ido menguando a medida que avanzaba el relato. Kristen Stewart es Maureen, una medium que quiere establecer contacto con Lewis, su hermano recién fallecido. Olivier Assayas compone una película desdibujada desde su concepción hasta su ejecución. Un acercamiento al cine de fantasmas para quedarse a medio camino. O ni eso, pues en ningún momento sentimos miedo, ni tan siquiera nos induce tensión. La película se disipa en la tropelía constante, desarrollada en el thriller más insustancial. El protagonista de la segunda mitad de la cinta es el Iphone, con su brillante diseño y fondo mecánico. Al igual que la narración del filme, supeditada bajo la falsa autoría, como su título, pretencioso hasta lo absurdo.

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