Podríamos decir sin equivocarnos demasiado que el cine español no ha supuesto un gran movimiento a la historia del cine. Ni grande ni pequeño, para ser más exactos. De la piel de toro no ha salido ni un expresionismo, ni un realismo, ni un neo-realismo ni nada de eso. Tampoco hemos iniciado ningún género ni estilo artístico.

Vale que el surrealismo lo iniciaron dos genios españoles, pero en propiedad Un perro andaluz y La edad de oro son películas francesas. ¿El fantaterror? Es maravilloso, pero no deja de ser una adaptación de la Hammer británica. ¿Y el esperpento de Berlanga y compañía? No hay nada más español que eso, sin la más mínima duda, pero cinematográficamente hablando fue una evolución del neo-realismo italiano. ¿No hay nada única y genuinamente español en el cine? Lo hay, pero está tan denostado que nos hemos olvidado de él:

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El musical de copla.

El cine musical seguramente sea el género más asociado al Hollywood dorado. Más que el Western si me apuras, y es muy significativo que fueran los géneros que desaparecieron con el ocaso del cine clásico. Es tan genuinamente americano que todas las cinematografías del mundo que han hecho musicales, lo han hecho a la americana. Incluso Bollywood es una adaptación a la cultura india del musical americano de toda la vida. Sin Estados Unidos no existirían películas musicales en ningún país. Con una excepción: España.

Seis “españoladas” de videoclips… ¡americanos!

Desde el comienzo del cine sonoro, la cinematografía nacional se interesó por llevar a la pantalla los fenómenos musicales del momento. En este sentido, el nuestro es uno de los países con una personalidad musical más poderosa e individual del mundo. El flamenco es un universo propio que no se parece a nada que haya en resto de países. Por esa razón, cuando se inició el cine musical, el nuestro fue un cine que no se parecía en nada al americano. Y, lo que es más importante, nunca lo tomó de referente. Nuestro cine musical es el único en todo el planeta que se hubiera producido de igual manera si en Estados Unidos nunca hubiera existido.

¿Te parece pasado de moda y te apetece 0 visionar ponerte a verlo? Pues no te culpo, aunque supongo que no más que una película de Gene Kelly o Fred Astaire. Una cosa sí te digo: El musical de los años 30 y 40 fue cualquier cosa excepto ese cine rancio con el que bromeaban Martes y trece.

Todo lo contrario: Estaba a la vanguardia del cine internacional. Embrujo (1945) experimentó con el lenguaje surrealista en sus coreografías y Carmen la de Triana (1938) tiene escenas sacadas del cine expresionista alemán del momento. Su director, Florian Rey, es uno de los grandes olvidados de nuestro cine. Tuvo un dominio de la puesta en escena, ritmo narrativo y genio visionario a la altura de los más grandes. Visionario es poco. Toda la revolución del musical que Bob Fosse inició con Cabaret la había hecho él ya cincuenta años antes. Rey colocó al espectador dentro de la sala de fiestas. Ya no asistíamos al espectáculo desde nuestra butaca del cine sino que estábamos dentro de la película. La cámara estaba entre mismos los asistentes e incluso los veíamos pasar delante de nosotros, sentarse o mover las sillas. Nada “inventó” Bob Fosse que no hubiera hecho Florán Rey.

Vale, te sigue pareciendo algo de otra época. Un dinosaurio en celuloide. En cierto modo sí, y en cierto modo no. Como película vale, pero sus canciones son eternas. Algunas de las grandes coplas de la historia se compusieron para estas películas. La falsa monea no es sólo uno de los temas más existosos e inmortales de nuestra música, sino que se ha convertido en una referencia en la forma de hablar. Pues precisamente se cantó por primera vez en Morena Clara (Otro de los clásicos del tandem Florian Rey-Imperio Argentina) y nunca ha dejado de sonar en casi un siglo de historia.

El musical de Cine de Barrio es el único género que ha dado españa al mundo sin depender de nada ni nadie. Y yo te digo una cosa… parece algo perdido en el tiempo pero yo sólo digo una cosa: Rosalía ya ha dado el salto al cine cantando A tu vera. Esta se nos embala y se nos apoya en el quicio de la mansebía mirando encenderse la noche de mayo. Y si no… al tiempo. Yo lo aviso.

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