Seguro que te consideras un chaval mono. Tienes la boda de tu primo y tu madre te lleva a por un traje en la sección Easy wear de El corte inglés. Te queda que ni pintado, parece diseñado para tí, pero no deja de rondarte una pregunta por la cabeza… ¿Por qué en vez de ser un George Clooney en limusina camino de los Oscar, pareces un comercial de El círculo de lectores? No tiene sentido, si el traje es el mismo ¿Qué es lo que falla? Pues que eres guapo, sí… pero guapo de pueblo.

El guapo de pueblo es el equivalente en actor a la “girl next door” americana, el tipo de actriz que hoy podrían ser Jennifer Lawrence, Emma Stone o Brie Larson. Chicas monas más que bellezones, pero que tienen ese “no se qué” que te hace conectar automáticamente con ellas. Es la chica guapa de la clase, simpática y que sabes que bebiendo es capaz de tumbarte. La novia perfecta, en otras palabras. Es un término que hemos traducido en España como “vecinita”, aunque en mi bloque jamás he tenido a una de las susodichas antes mencionadas. Si tú sí, déjamelo en los cometarios que me mudo a tu barrio automáticamente. Por otro lado están Rachel Wiesz, Gal Gadot o Charlize Theron que no son mujeres, sino diosas del Olimpo que se han manifestado para nosotros (y en el caso de Gadot, es literal).

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¿Y los chicos? Pues exactamente igual. Hay actores que no es que sean guapos, es que son el siguiente paso en la evolución humana. Matt Bomer y yo no podemos pertenecer a la misma especie, no hay más que verlo, o vernos. Este tipo de guapo está más en el mundo de las ideas de Platón mientras el resto seguimos en la caverna. Aún así, tienen un efecto contradictorio. Por un lado te deslumbran por ser la perfección encarnada pero por otro lado tanta belleza te ofende. A mi Matt Bommer me ofende. Me ofende mucho que exista alguien así.

Sin embargo, Ryan Phillippe es como el primo segundo del pueblo al que ves de boda en boda y cada día está más guapo y más formado de trabajar en la era. Ryan Phillippe no está tocado por la luz divina. Él abandonó la FP para triunfar en el cine y lo consiguió (no le hubiera venido nada mal haber estudiado interpretación en vez de electricidad, pero no me meto ahora en eso que su curriculum da para otro Reivindicando).

El guapo de pueblo tiene ese aura de mérito, de trabajo duro que los guapos universales no. Porque los guapos universales fueron concebidos para conseguirlo todo por el mero hecho de ser eso… perfectos.

Ryan Phillippe, no te enfades, que se puede ser guapo de pueblo y llegar a lo más alto. Bueno… tú no, pero otros sí lo han conseguido. No todas las estrellas de Hollywood eran guapos universales como Rock Hudson. Superestrella lo fue también Warren Beatty, el guapo de pueblo que más lejos ha llegado nunca. Sí, Warren, no te ofendas, pero eres un guapo de pueblo. Muy guapo, pero de pueblo, pueblo. ¿Cómo que no? Recuerda Esplendor en la yerba? ¿Qué eras en esa película? Pues ya está.

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El guapo de pueblo es una tipología de actor tanto o más necesaria que la del guapo absoluto. Son aquellos que te hacen pensar que todos tus sueños pueden convertirse en realidad. Henry Cavill nació siendo Superman. No tuvo que hacer nada, ya estaba tocado por la gracia celestial. ¿Qué se hizo actor? Podría haber sido lo que quisiera porque a la gente guapa sólo le pasan cosas buenas. Eso es así, así ha sido y así será.

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Son el escalón necesario entre el vulgo y los guapos absolutos. El cine sería insoportable si sólo viéramos en pantalla a Brad Pitt. Nos sentiríamos como neandertales observando a los cromañón. No sería justo. El guapo de pueblo es el eslabón que hay entre nosotros y la eternidad.

 

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