Reivindicando… Cuando los cineastas judíos vinieron a España

El refugio de los artistas judíos en Hollywood huyendo de los nazis germinó en uno de los episodios más celebrados de la historia del cine. La edad de oro del cine norteamericano no se entiende sin la obra de Otto Preminger, Billy Wilder, Ernst Lubitsch, Fritz Lang, Josef von Sternberg, Fred Zinnemann o William Wyler. Cineastas que huyeron del terror más absoluto para formar parte de una de las etapas más gloriosas de la historia del arte. Sin embargo, no todos emigraron al nuevo mundo, un grupo de productores, técnicos y directores posaron los ojos en la España republicana.

Hay un capítulo de Los Simpsons en el que la célebre familia viaja a Israel y Marge se encara al desagradable guía, reprochándole por sus malos modales. Él se justifica alegando que su pueblo había sido expulsado de todas partes, incluso de España. Es más, insiste bastante en eso. Lo cierto es que nuestro país no ha tenido una relación lo que se dice cordial con su comunidad judía, pero al menos una vez no fue así: cuando un conjunto de artistas judíos vinieron aquí huyendo de la persecución antisemita; los austríacos David Oliver y Kurt Flatau viajaron hacia Barcelona justo cuando Alemania se acababa de anexionar su Austria natal.

No estamos hablando de dos productores menores, ni muchísimo menos. Oliver había sido uno de los fundadores de los estudios UFA, donde vieron la luz las primeras películas de Lubitsch y los clásicos del expresionismo alemán. También había creado la Russo-Film, con la que daba trabajo a sus colegas judíos rusos en la floreciente industria cinematográfica alemana. Curiosamente Oliver había nacido en Galicia, pero no la provincia española, sino la ucraniana del mismo nombre.

En España trataron de llamar lo mínimo la atención, fundando una productora con el nombre más castizo que se les ocurrió, Ibérica Films, y sumándose al éxito de las comedias musicales patrias con la adaptación de la exitosa zarzuela Doña Francisquita. Pudieron contar con actores muy famosos de la época, con un elenco encabezado con la súper star del momento: Raquel Rodrigo. La película fue dirigida por otro judío exiliado en España, Hans Behrendt, y resultó ser todo un éxito a nivel nacional e internacional gracias a nuestro siguiente judío: J.J Flesch. Se trataba de un distribuidor muy bien relacionado y que había trabajado para la Metro-Goldwyn-Mayer. Supo mover la cinta por el mercado hispanoparlante y dio beneficios como para adentrarse en nuevas producciones.

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Curiosamente, la prensa de la época resaltaba que, pese a lo español del argumento, se veía la manera alemana a la hora de rodarla. La crítica especializada de La revista escribió el chascarrillo de que si la protagonista se hubiera llamado Hildegarda a nadie le hubiera sorprendido. ¿Por qué se veía la mano alemana en la realización? No tanto por la dirección, sino por el espectacular trabajo de la fotografía de Heinrich Gärtner. Este llevaba dos décadas trabajando en Alemania y trajo a España el estilo expresionista de la iluminación.

Ibérica Films produjo un par de documentales sobre la vida en Barcelona y otras dos comedias más, dirigidas por Max Nosseck. También se asociaron con un dibujante barcelonés, Josep Serra Massana, para realizar una serie de cortometrajes animados y adentrarse en la publicidad. Massana había trabajado para Disney y, posteriormente, sería una de las grandes figuras de la mítica publicación TBO. De aquí viene, precisamente, la palabra en castellano tebeo para referirnos al cómic. Su colaboración terminó por un incendio en los estudios centrales de la productora. Ibérica Films no se recuperará del infortunio y estallará la Guerra Civil con el consiguiente ascenso del franquismo. Los cineastas judíos tienen que volver a huir.

Hans Behrendt fue capturado en Francia y asesinado en el campo de exterminio de Auschwitz. Max Nosseck se refugió en Estados Unidos, llevando una fructífera carrera en el cine negro y trabajó con leyendas como Buster Keaton. David Oliver y Flatau huyeron a Inglaterra y fundaron una nueva compañía, la Denham Studios, con la que siguieron trabajando hasta el final. Lo de Heinrich Gärtner es una película en sí misma, se cambió el nombre a Enrique Guerner y se quedó en España, trabajando muchísimo en el cine del régimen en títulos tan conocidos como Morena Clara, Cuentos de la Alhambra o Marcelino, pan y vino.

El periplo de los cineastas judíos que huyeron del nazismo para trabajar en España es la otra cara de la moneda de los artistas españoles invitados a rodar en la Alemania de Hitler. Carmen la de Triana (peliculón, por cierto), Fernando Trueba consiguió uno de sus mayores éxitos de su carrera recreando esta aventura en La niña de sus ojos. No dejemos entonces en el olvido que nosotros acogimos a aquellos cineastas judíos que huyeron del terror y encontraron en España el breve remanso de paz para seguir haciendo cine.

Oliver, Flatau, Behrendt, Nosseck… Estos humildes Cinéfilos Frustrados os damos las gracias.

Eitán
Eitán
Soy de Santander, pero es que tengo esta gracia en el hablar

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