Grandes trabajos ignorados en los Oscars: Efectos especiales (Vol. II)

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Calentamos motores de cara a la próxima entrega de los Oscars con la segunda entrega de los grandes ninguneos en la categoría de efectos especiales.

Y es que como ya visteis en nuestra primera entrega eran muchas las cintas que se quedaron sin su merecida estatuilla. Tantas que hemos tenido que alargar la lista de ninguneados en los Oscars, en su apartado de efectos especiales.

Tron (R. J. Spetter)

Seguro que aquí te he pillado porque estabas seguro de que Tron sí que sí había sido nominada al Óscar por sus efectos especiales. Qué digo nominada. Tron seguro que había ganado. Pero no. Está película lo cambió todo. Entre los pocos títulos   que resultó transcendetal en la Historia del cine está Tron.

Una cinta palomitera, sin más pretensiones, que ni por asomo se imaginaba que sería la piedra angular en la manera de hacer cine a partir de entonces. Porque el ordenador no ha sido solo una herramienta para añadir explosiones y alienígenas. No. El ordenador aplicado al lenguaje cinematográfico ha supuesto una nueva manera de contar las historias. No solo el cerebro del director concibe de manera distinta la narración. Todos los equipos piensan en digital. Al igual que el cambio del mudo al sonoro y del blanco/negro al color (porque incluir aquí el paso del 2D al 3D parece ser que de momento no). Todo nació con Tron.

Ahora nos parece que Tron es algo del Paleolítico, que es como ver las cuevas de Altamira acostumbrados a los James Cameron de turno. Pero eso es ahora. hay que verse en 1982 para ser conscientes de que era cine del futuro. Es verdad que no le voy a quitar el mérito a Mundo Futuro de haber sido la primera película de la historia en implementar animación en 3D casi una década antes. Cierto. Pero estamos hablando de iconos del cine, de cintas que han marcado un antes y un después y se han grabado en la cultura occidental. La secuela de Westworld fue la primera en hacerlo, sí. Pero Tron fue la que cambió el cine.

Los Oscars se acordaron de ella en los apartados de sonido y vestuario. No vieron la que se les venía encima a nivel de efectos especiales pero no se les escapó lo que Tron suponía. La mención al vestuario digital abriría la puerta de la nueva manera de hacer cine que nos trajo Disney. Ahí por lo menos estuvieron visionarios: El maquillaje de Benjamin Button, la escenografía de la Alicia de Burton, la fotografía de Avatar… todo hecho en digital y todos con un Oscar en la mano.

Drácula de Bram Stoker (Roman Coppola)

Dos películas abrieron la década de los 90 sellando la declaración de matrimonio entre el cine y el ordenador. En 1991 lo haría Terminator 2 y en 1993 Parque Jurásico. Y en medio de las dos, Francis Ford Coppola nos despedía del cine de toda la vida para siempre.

Sabiendo que los efectos visuales estarían ligados a partir de entonces a la computación, quiso dejarnos la última obra que intencionadamente renuncia a ella. Todos los efectos de Drácula son ópticos y mecánicos. Incluso los que menos imaginemos, se realizaron en el set. No hay post-producción en todo Drácula (Al menos en lo que a Efectos visuales se refiere).

Hoy, que se tarda infinítamente más en postproducir una película que en rodarla, esto nos suena a Chino (O a Rumano, en este caso). Insisto. Francis Ford Coppola así lo exigió. Quiso que Drácula pasara a la historia como el canto del cisne de los efectos artesanales.

La Academia podría haber visto el mérito en la propuesta de Coppola, al menos como un acto de romanticismo, pero pasó de sentimentalismos. Drácula fue la última película de una etapa del cine, que además lo sabía y apostó por ello en cuerpo y alma… y yo te pregunto. ¿Te parece mala apuesta visual? ¿Te resulta antiguo, obsoleto? ¿Te molestan los efectos especiales? Porque me atrevo a decir que la respuesta es no (para ser una película de ese año, claro). A lo mejor deberíamos preguntarnos si el CGI burdo y exagerado no es más molesto y poco creíble y a ese ya nos hemos acostumbrados.

El increíble hombre menguante (Cleo E. Baker, Fred Knoth y Ardell Lytle)

Pocas verdades en este mundo se pueden considerar absolutas. Una de ellas es que si apareces en un episodio de Los Simpson es que te has convertido en un referente cultural por derecho propio.

Nostradamus Groening: Las predicciones cumplidas de Los Simpson

Jack Arnold jamás pudo imaginar que la parodia animada del “otro” Arnold más famoso del cine protagonizaría su cinta más célebre Porque El increíble hombre menguante era una película de estrenar y tirar. Otro título de serie B para autocines en sesión doble. Pero cuando una película está bien hecha no pasa desapercibida y, mucho menos, olvidada.

El increíble hombre menguante no solamente es buena. Es icónica. Todas las películas que han fantaseado con la reducción de tamaño de sus protagonistas la han tenido como su referente. Desde Cariño he encogido a los niños hasta Una vida a lo grande son, de una manera u otra, una vuelta de tuerca a la cinta de Arnold. Es verdad que algunas de las trasparencias cantan un poco, pero en general estamos ante una película visualmente impresionante. Las maquetas y el uso de la perspectiva han hecho de

Te puedes preguntar por qué El increible hombre menguante es cine B, mientras que La mosca es cine A. Hoy en día esas etiquetas tienen más un significado de calidad del que tenían en su origen. O incluso pensamos que ciencia ficción y terror es B automáticamente y drama es A. No se trataba de los géneros. En la época de los grandes estudios, se hacía esta división según criterios de producción. El cine de clase B trataba de maximizar beneficios y minimizar costes, básicamente rodando en blanco y negro y con actores desconocidos. Lógicamente, el riesgo económico era menor y estas cintas permitían que se rodaran otro tipo de películas. Unas más cuidadas y protagonizadas por estrellas. Esa era la serie A. Que hoy al cine de Robert Rodríguez lo llamemos cine B no se corresponde exactamente con el origen del término. La mosca se rodó en technicolor y la protagonizó Vincent Price. El increíble hombre menguante en blanco y negro y el actor por no ser, no era ni actor (Era cantante de ópera). Pero cuando todo el cine posterior te toma como referente y hasta sales en Los Simpson… Es que eres A+++

Los Crímenes del museo de cera (Julian Guszburg)

Quizá esta película podría figurar como ninguneo dentro de los apartados de dirección o de fotografía, pero también en la de Efectos Visuales.

La película de André de Toth no fue la primera película en 3D de la historia, sin embargo fue la que consiguió convertirse en el referente de todas las demás. Algo parecido ha pasado con la nueva generación de cintas en “relieve” del siglo XXI. Avatar no fue la primera pero el día de mañana será la que se estudie como el icono del resurgir de este lenguaje.

Como decía, tratar de meternos en la pantalla no fue algo que se inventaran el los 50. El mismísimo Sergei Eisenstein ya teorizaba con que el experimento no cuajaría. Sí. Has leído bien. Eisenstein, porque ya en los años veinte (¡En pleno cine mudo!) comenzaron los tanteos con la visión esteroscópica. ¿Entonces? ¿Los crímenes del museo de cera fue la primera película sonora en este formato? Pues no. ¿En color? Tampoco. Bwana, el diablo de la selva fue el primer largometraje que reunió estas características.

Podríamos decir que La cinta de De Toth añadió el sonido estéreo, pero no reside en esto que haya trascendido en el tiempo. Lo que la diferencia de Bwana es que esta vez sí fue un éxito de taquilla. Así de simple. Para que tu obra impacte en las siguientes generaciones, ha de llegar a las siguientes generaciones. Así de sencillo. ¿Estoy haciendo apología de lo comercial? por supuesto que sí, por si no te habías dado cuenta. Michael Jackson y Los Beatles lo era. Mozart y Beethoven también. Y Alfred Hichcock. Y Velázquez. Y este blog también lo es. Porque si quieres que tu voz se escuche, no. Por eso ha trascendido Los crímenes del museo de Cera y Bwana no, por mucho que fuera la primera. ¿Triste? Puede ser. Seguro que sí. ¿Realista? Pues también. Mucho más.

PD: De Toth era tuerto, por lo que nunca pudo ver su película en tres dimensiones. A veces, el humer negro de un productor contratando a determinado director tiene estos resultados geniales.