Al fin, tras años de retrasos y problemas con el proyecto, Andy Serkis puede ver estrenado su verdadero debut como director. Mowgli: La Leyenda de la Selva llega a nuestras pantallas.

Lo hace a través de Netflix, después que Warner Bros. decidiera vender los derechos de la película. Una jugada que ya hemos visto en otros proyectos pasados este año, que siempre trae la misma pregunta consigo: “¿la película iba a ser un fracaso y por eso la han desechado?“. En este caso, por desgracia es bastante acertada.

Todo el mundo conoce las aventuras y andanzas del huérfano Mowgli, el niño que vive con lobos en la jungla de la India, acompañado del oso Baloo y la pantera Bagheera, mientras es perseguido por el tigre Shere Khan, creado por el escritor ingles Rudyard Kipling en 1894. No son pocas las adaptaciones que se han hecho sobre el personaje y El Libro de la Selva a lo largo de los años, siendo la mas reciente, el remake de Disney de su propia versión animada dirigido por Jon Favreau. Serkis pretende dar una visión distinta, fiel también al texto original, pero relativamente aportando poco con lo que competir o hacerse un hueco.

Es una adaptación mas madura, oscura y adulta, tanto que en ocasiones uno se pregunta si es aconsejable que la vea el que es su publico potencia objetivo, los niños. La parte positiva es que al ser una fabula, contiene lecciones importantes a tener en cuenta para educar; y mas en una historia que habla sobre el comportamiento animal y la naturaleza humana: Hay monstruos en ambos lados y la inocencia en la selva es una ilusión.

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En esta ocasión, Mowgli es un ser mas dependiente de su manada, a la que se aferra desesperadamente por seguir perteneciendo, y su arco de evolución es mas dramático, llegando a convivir con humanos durante un cierto periodo que sirve para aprender a adoptar su posterior rol de líder. Allí donde Bagheera y Baloo son sus tutores, dejan de ser invasivos en la forma de educación (no le siguen tanto aunque cada uno le da lecciones personales), para que el niño crezca bajo su propio criterio. Shere Khan sigue siendo una amenaza, y es mas peligroso que nunca.

Su objetivo de cazar a Mowgli como venganza personal y su sed de sangre acarrea consecuencias para ambos mundos, el animal y el humano. Un mundo, el humano, que cuenta con gente preocupada por la voracidad del tigre e intentan cazarlo para poder vivir en paz mientras rastrean la selva y dañan su ecosistema.

Es inevitable no encontrar los paralelismos y parecidos entre la versión de Serkis y Favreau, en un evidente caso de películas solapadas. Mowgli iba a estrenarse originalmente a finales de 2016, compitiendo el mismo año en que Disney había estrenado El Libro de la Selva.

El problema fue que dicha versión, como ya sabemos, triunfo de sobremanera entre critica, publico y taquilla, a lo que Warner decidió retrasar su película para no salir perjudicados, alegando tener que perfilar los efectos digitales. Esta situacion se alargo durante casi dos años, y el estudio, incapaz de aguantar mas con un producto a todas luces volátil se estrenase cuando se estrenase, decidió curarse en salud y venderlo a Netflix. Es una practica cada vez mas habitual por desgracia entre los estudios populares, como ya sabemos.

Y la cuestión es que normalmente (o la teoría popular, según el criterio como espectadores) damos por hecho que esos productos no son del todo “buenos”, y que de ahí su venta. A veces no es así, pero en otras si, y por desgracia Mowgli pertenece a ese grupo.

En sus diferencias narrativas respecto a la de Favreau es donde radica su personalidad, lo que hace que nos preguntemos que impulso a Serkis a dirigir la película hace tres años (siendo este su debut y no Una Razón para Vivir).

Toda la parte selvática de la propuesta se resume en ese intento de Mowgli por querer encajar en la manada de lobos y en la prueba que debe superar para ser aceptado. Para ser una película de corta duración, toda esa parte introductoria se hace demasiado larga y dramática, con diálogos entre personajes que resultan demasiado profundos en ocasiones para el tipo de película que tenemos ante los ojos.

Es como si Serkis no supiera discernir bien a que tipo de espectador quiere explicar su historia, dando pie a un desbarajuste de estilos que siendo novel tras las cámaras, le pasa factura. Donde si resulta eficaz es en su empeño de reflejar la crudeza y violencia de la naturaleza, sea esta animal o humana. Los animales pelean entre ellos y con sangre y heridas visibles, por ejemplo, así como la falta de empatía del cazador interpretado por Ryhs.

El mundo humano es el cambio mas significante respecto su homónima, ya que juega un papel mas importante en la historia. Mowgli llega a conectar con su parte humana mientras convive y habita un poblado, donde es testigo tanto de lo bueno como lo malo de la especie, sirviendo de catalizador al personaje, que debe elegir que refiere para si mismo, que parte abrazar de su particular condición, la humana o la animal. Algo que sirve para su enfrentamiento final, que no es todo lo épico que debería y en ocasiones resulta hasta ridículo.

Su apartado visual, que es donde debería resultar mas efectiva, falla por completo. Parte del principal problema es que han decidido dotar a los animales con rostros antropomórficos, cosa que deja en evidencia a la película. El efecto de verlos con caras o gestos que parecen de una persona real queda muy raro, ya que lo hacen todos, incluso animales como la pitón Kaa, que en ocasiones no parece ni una serpiente. Dota al proyecto, irónicamente, de un aura de película animada (ojos saltones, vocalización exagerada de las mandíbulas) que le hubiera sentado mejor a la versión de Disney, mas pacifica, que no en este, donde esa base de realismo y seriedad que quiere darle Serkis queda anulada por este crucial detalle. Eso sin mencionar que las criaturas se notan superpuestas en pantalla, al estar rodado en un medio mas natural y no rodada casi por completo bajo efectos visuales. Nada que ver con su rival, que llego a ganar hace dos años el Oscar a Mejores Efectos Visuales.

En lo que Mowgli si acierta por completo (algo que también tenia la otra cinta) es en su casting vocal. Serkis ha ido coleccionando un grupo de actorazos, la mayoría británicos, para dotar de vida a sus animales, empezando por Christian Bale como Bagheera. Sin duda, quien tiene mas protagonismo y profundidad narrativa junto al propio Mowgli.

Serkis tampoco resiste la tentación de ponerse voz y es el Baloo de esta historia, modulándola de manera que ni parezca que es el (algo habitual en su personalización como actor vocal). También cuenta con amigos y conocidos suyos de la época en la Tierra Media, como Cate Blanchett (que hace de Kaa) o Benedict Cumberbatch de Shere Khan (en otro de sus villanos aterradores).

tros mencionables también son Naomie Harris y Eddie Marsan como los padres lobunos de Mowgli, Tom Hollander como la secuaz hiena de Khan y Peter Mullan como Akera, el líder de los lobos. Este último no es el único vinculo de esta película con la saga Harry Potter, ya que la película esta escrita por Callie Kloves, la hija del guionista Steve Kloves, conocido por haber llevado a cabo el guion de casi toda la saga mágica, que produce junto a otro de sus productores, David Barron, esta cinta. Kloves en un principio iba a ser el director y guionista, pero decidió delegarlo en su hija, que esta empezando en el negocio familiar. En el lado actoral, la cosa se reduce a tres nombres: Freida Pinto, que poco hace realmente (apenas tiene una frase en la película y todo se reduce a escenas faciales), Matthew Ryhs que como cazador y mentor de Mowgli en el mundo humano tiene un papel bastante central e importante, y el propio Mowgli, encarnado por Rohan Chand. No lo hace del todo mal, pero es una versión con la que el espectador no llega a conectar en ningún momento.

Otro de sus aspectos positivos es que resulta mas fiel al material original gracias a ese guion, a pesar que la historia esta mal desarrollada. Podemos ver a Shere Khan con una de sus patas en mal estado (rasgo identificativo), por ejemplo.

Para terminar, como curiosidad, mencionar que la película incluye guiños adheridos en ciertos personajes, como ese inicio de la película narrado por Kaa, en todo un homenaje a Blanchett narrando el inicio de El Señor de los Anillos, o cierta escena donde Mowgli grita el nombre de Khan de forma descontrolada, como cierto vulcano hacia en Star Trek: En la Oscuridad al mismo Cumberbatch.

Mowgli (que se estrena en Netflix el próximo 7 de Diciembre) es una película que llega tarde, a la que es imposible evitar comparar con la versión de Jon Favreau, que es claramente superior en todo. Serkis intenta contar una historia alternativa sin acierto, en la que es fácil perderse, aporta poco a lo ya visto anteriormente y sus resultados visuales no están a la altura de lo esperado, sobretodo tras dos años de retraso. El mayor consuelo es esperar que Serkis sea capaz de ofrecer un próximo proyecto con un mejor resultado y mas trabajado a raíz de esta experiencia.

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Reseña Panorama
Mowgli: La Leyenda de la Selva
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