Juan Antonio Bayona dirige un Monstruo viene a verme, una emotiva historia que habla sobre la aceptación y cómo afrontar la realidad.

Un monstruo viene a verme es el tercer largometraje de Juan Antonio Bayona, quien dirige una obra (basada en una novela de Patrick Ness -quien también firma el guión- muy emotiva que roza la fina línea entre el drama y la sensiblería de los telefilmes, saliendo indemne y con una película bien rodada, con un protagonista que logra transmitir empatía al espectador en todo momento y unos efectos especiales muy cuidados en cada una de las escenas.

La trama es muy sencilla. En ella se cuenta la historia de Connor (Lewis MacDougall), un chico de 12 años que tiene que lidiar con el acoso que sufre en el colegio y la enfermedad de su madre (Felicity Jones), un cáncer que poco a poco la está venciendo. Para afrontar estos problemas, aparece un monstruo (Liam Neeson), quién la ayudará a afrontar sus problemas interiores. Su abuela (Sigourney Weaver), por su parte, intentará adaptar a Connor a su nueva realidad, a pesar de no congeniar mucho.

La película se va desarrollando a un ritmo convincente, rodada con muy buen gusto y con unos efectos especiales a la altura del presupuesto. Bayona demuestra ser un director con talento en su tercer largometraje, mejorando en los momentos lacrimógenos respecto a Lo imposible, aunque aún moviéndose en el alambre que separa un drama sin artificios de la pura escena para llorar.

El tema que trata es bien sencillo. Un niño sufriendo por la enfermedad de su madre y que busca en la fantasía la forma de soportar y aceptar el dolor. Esa aceptación de la verdad ante lo que está sucediendo es la que hace madurar y, en cierto modo, tolerar el terrible acontecimiento que está por venir. Un cuento oscuro hecho de más cuentos, unos cuentos que no están ajenos a la realidad que los rodea. Una realidad que está más conectada con la fantasía de lo que parece.

Una película correcta, con una trama sencilla y bien rodada, que seguro que ha hecho derramar más de una lágrima desde su estreno. Aún así, ni toda la campaña de Mediaset puede hacer que esta película pretenda ser más de lo que en realidad es: Un bonito cuento lleno de tristeza.

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