Ciclo Scorsese, infiltrados

Para cualquiera que haya crecido en medio de la tradición cristiana recordará la forma en la que el personaje de Judas Iscariote es presentado durante la Semana Mayor. Además, están los judíos y los romanos para completar el tridente malvado, los “malos de la película”, en cuyas manos están la pasión y muerte del Jesús Cristo. Pero, ¿y el otro lado del cuento?  Esto y más en la última tentación de Cristo.

En 1988 el director de Taxi Driver (Palma de Oro, Cannes 1976) volvió a juntarse con Paul Schrader —el guionista de la misma— y Harvey Keitel. Para la cámara recurrió a Michael Ballhaus, y para la música a Peter Gabriel. En el protagónico: Willem Dafoe. El proyecto, la adaptación del libro de Nikos Kazantzakis La última tentación (1955), así cumplía Scorsese su ambición por dirigir una película sobre la vida de Jesús. Si se acepta la pretensión cristiana, la del tridente maléfico mencionado para el deicidio, no le faltaba razón a Mark Twain al preferir el infierno por la compañía que en él pudiese llegar a encontrar, por cuanto todos estos genios juntos unieron esfuerzos para contarnos una de las aristas de la parte débil de la historia. ¿Que nos encontramos en La última tentación de Cristo?

“Hasta que los leones no tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador”

Proverbio Africano

Con este texto no pretendo hacer una crítica, no lo es, es más un intento de explicar la contradicción enclavada en el quehacer humano usando como herramienta La última tentación de Cristo dentro del contexto de la religión cristiana como una expresión de la capacidad de ese quehacer.

La última tentación de Cristo
Judas habla con Jesús en La última tentación de Cristo

El riesgo

Dentro del contexto cristiano la adaptación de Scorsese muestra a un Jesús lleno de dudas y congestionado por la tarea de salvar a la humanidad a la que se ve arrastrado por voluntad del Padre. Bien entendida acá la frase de cajón “para cubrirse en riesgos” la película arranca con dos textos. En el primero el escritor griego Kazantzakis explica tanto su atracción por el misterio que exterioriza la dualidad de Cristo, tan humano como súper humano, como la angustia espiritual que ese misterio encarna: la pertinaz batalla entre espíritu y carne que en Él se pudo dar. El segundo es una explicación donde Scorsese da a entender que la película es una ficción no basada en los evangelios en tanto sí una exploración de eterno conflicto espiritual. ¿Acaso algo podría salir mal? Todo, por supuesto, y tanto que los padres del director también se opusieron a que se implicara en el proyecto temiendo por su vida.

Muy pocos minutos toma el prólogo del metraje, Scorsese sabe los trucos, para revelar a Jesús (Dafoe) como un hombre que no entiende las voces en su cabeza que le llaman, que le indican su futuro, y que le impelen al sacrificio vital por la salvación de la humanidad. Él sufre físicamente la angustia de su llamado en intenta alejarlo trabajando como carpintero: haciendo cruces para los romanos. Allí entra Judas (Keitel), el guerrillero que se opone a la ocupación de Israel por parte de Roma y para el que el Mesías será el enviado de Dios como liberador del sometimiento vive un infierno. Una introducción que sigue los cánones de las clásicas narraciones, sabemos de los protagonistas y el porqué de sus conflictos. El Jesús miedoso y acobardado que vive un infierno mental porque Dios ama Jesús, pero es un amor que el segundo no quiere. Y todos saben lo que cuesta vivir esos amores.

La última tentación de Cristo
El hacedor de cruces en La última tentación de Cristo

El Silencio, el retorno al afán espiritual scorsesiano 

El cuento más contado de todos

En su desarrollo La última tentación de Cristo lleva por los caminos que todos los que crecimos en la cristiandad conocemos. La misma narración que cada Semana Santa se oye en los púlpitos, la que se trasmite por la televisión se cambia muy poco. Sí, se ha mostrado la duda en profundidad, y el Cristo es más humano, más mundano y pasional. Además, el mensaje que le llega desde las alturas es intermitente y Él no parece precoz descifrándolo. Pero donde realmente Martin subvierte la historia, donde él pone su giro de tuerca y sube la apuesta es en Judas. Porque cambia lo que se tiene interiorizado con respecto a este apóstol que aparece en La última cena de da Vinci con una bolsa agarrada de su mano derecha y al que se le negó la aureola tanto en esta como es tantísimas otras representaciones pictóricas. Ese que, según Juan, el apóstol, el amado, compartiría el pan con Jesús como señal de traición en la afamada cena es presentado por Scorsese no como un débil y despreciable traicionero si no como el único capaz de llevar esa horrible labor —“traicionar a su maestro”— a buen puerto. Acá es Judas, y no Andrés, aunque las razones expuestas sean otras, el primer seguidor. Judas es el fuerte, no Pedro. Judas es presentado como la verdadera piedra sobre la que el peso de la tarea divina en el Cristo podrá tener ocasión. Y este es el riesgo del que nos habla en 2019 el director neoyorquino.

A no pocos les pasa, o pasó, por la cabeza la pregunta sobre Judas, ¿es el escogido por Dios como el único capaz de sacrificar a su hijo o es el traidor que por unas monedas vendió al hijo de Dios que ha venido vendiendo la Iglesia? Partiendo de la omnisciencia y la infalibilidad de Dios la hipótesis sería que Él escogió a Judas para realizar esa tarea y a través de ella que el Cristo cumplirá su gran misión. Que fue Su decisión, y que no simplemente Él dejo al garete del libre albedrío de un fulano semejante servicio. La Iglesia, aunque intente con lo divino demuestra en esta contradicción su humanidad como todo lo del hombre. Alterando lo del apóstol traidor, Scorsese se anota un hit con bases llenas.

La última tentación de Cristo
Jesús y María Magdalena en La última tentación de Cristo

Dios hecho hombre

En ese segundo tercio del filme, Él es el Jesús de los evangelios. Venía diciendo que se ve la obra y transformación de Jesús, aunque mostrado él más humano por cuanto dudoso, débil, enfermo, físicamente normal y no hermosamente bello como en Jesús de Nazareth (1979). En esta parte, igual que en El Evangelio según Mateo (1964), Jesús cura de ciegos, hace caminar a tullidos y resucita muertos. Nuestro autor ha mencionado sin remilgos la influencia pasoliniana —como en la desacralización musical que de europea y clásica pasa a negras percusiones africanas traídas por Peter Gabriel— en este trabajo; sin embargo, Scorsese es católico a diferencia de Pasolini ateo y marxista. Y la diferencia va de los planos contra planos en la obra del romano, que deja a la interpretación del espectador si hay o no milagros; a la explicitud del neoyorquino, que encuadra al Cristo en la realización de cada uno.

La parte final de La última tentación de Cristo fue el sapo intragable para la fe cristiana.  Blasfemia se oye gritar porque Jesús —en medio de los dolores físicos, obvios, anímicos y morales, por cuenta del abandono del Padre que no le llega a rescatar en su momento de debilidad— elabora otra narrativa propia, una donde Él ha depuesto la tarea divina y ha escogido el ser un hombre más. Él ha cambiado el amor a la humanidad, tan etéreo, por un amor más individual y físico: el que le ofrece María Magdalena y la descendencia que con ella tendría. Como las misma Biblia lo dice, y el que esté libre de pecado, si es que a lo anterior se le puede llamar pecado, que tire la primera piedra. Y ardieron salas de cine, sin embargo. No se le pudo perdonar a la ficción propuesta por Scorsese esa imaginación en Jesús. ¿Y si Él la confesara sería aceptada?

La gran contradicción por cuanto también debe rondar en la cabeza de los creyentes que Jesús es hombre. Y esa es LA diferencia con respecto a las otras religiones monoteístas. La religión de Cristo nació precisamente en defender la idea de Jesús como hijo de Dios encarnado. Y Este siendo hombre, dotado de esta naturaleza, se entendería, llega con los afanes y contingencias vitales propios de esa corporeidad. La respuesta al porqué de la contradicción, y quizá a la pregunta final del párrafo anterior, la da Lucas en el único diálogo que sostiene con Jesús:

“No me importa si tú eres Jesús o no. El Jesús resucitado salvará el mundo y eso es lo que importa […] yo creé la verdad partiendo de lo que la gente necesitaba y creía”.

Entonces tal vez sí, tal vez nunca hemos necesitado la verdad como guía. Esa verdad a la que se llega normalmente contrastando las dos partes del cuento. Esa verdad que como espejo roto, que en sus fragmentos sigue reflejando no está completa hasta que no se juntan sus pedazos.

La última tentación de Cristo
En ángle que rescata a Cristo en La última tentación de Cristo

 

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Soy un colombiano que entiende el porqué de nuestro top of mind: Shakira y la farlopa. Mas entender no es compartir y menos aceptar. Ingeniero por confusión, MBA por necesidad, filósofo, mountain biker y amigo de curiosidad. La que me hizo melómano, cinéfilo y lector junto a las ganas de probar el mundo. Así se llega a un par de cosas que dejan a los sentidos disfrutar, como escribir tratando de no perder la elegancia en ello.