Solo Dios perdona, la película más turbia y onírica del genio de la cámara Nicolas Winding Refn. Un thriller cocido a fuego lento con imágenes espectaculares y una banda sonora con prominencia de sintetizadores para el recuerdo.

Ya han pasado unos cuantos días desde que disfruté de Solo Dios Perdona, la cinta del director danés Nicolas Winding Refn, director vilipendiado por parte de la crítica en lo que se refiere a sus últimas producciones, pero que también cuenta con férreos seguidores, como es mi caso. Esta película ha creado en mí sentimientos que no consiguen marcharse, como también lo hizo en su momento, Too Old To Die Young (sí, he tardado en ver esta película). No es una película ‘fácil’ de ver, pero si ya estas familiarizado con otras cintas del mismo director, te invito a que le des una oportunidad.

Hay películas que son capaces de remover dentro de tus entrañas ciertos sentimientos que salen a la luz y que se mantienen pegados a tu cabeza como si fueran un velcro. Eso es lo que ha supuesto para mí esta película.

La trama gira entorno a Julian, su club de boxeo y la muerte de su hermano, donde el escenario es Tailandia, país perfecto para que el director saque a relucir sus mejores artes con la cámara para mostrarnos la turbiedad de la ciudad, con sombras, neones y muchos silencios (marca de la casa). La muerte del hermano, parece no impactar demasiado a nuestro protagonista, puesto que tiene un sentido de la justicia realmente consagrado. Y piensa, que quizá, la muerte de éste, no esté del todo mal, debido a sus acciones.

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He dicho antes que la trama gira en torno al personaje de Julian (Ryan Gosgling), pero me he permitido esta licencia para resumir el argumento, pues, en realidad la trama gira entorno a tres personajes principales: él, su madre (Kristin Scott Thomas) y Chang (Vithaya Pansringarm).

Y es aquí cuando estos dos últimos personajes relucen en el mismo momento en que reparamos, que el papel de Julian no es más que el de una marioneta que obedece a los designios de los otros dos personajes.

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“Dios prepara un hogar para los solitarios; conduce a los cautivos a prosperidad; sólo los rebeldes habitan en una tierra seca.”

Es cuando la madre entra en acción que nos demuestra que está preparada para hacer todo lo necesario por vengar la muerte de su hijo predilecto, endosándole la responsabilidad moral a Julian. Pero la cita de arriba (Salmos 68:6), es el peso que recae sobre la figura del enigmático policía, porque todo en esta película, aparte de ser bíblico, es también onírico. El muro infranqueable con el que se topará la madre en su misión por impartir venganza.

La relación entre la madre y el hijo es violenta, en todos los sentidos que esta palabra pueda dar de sí. Es una versión menguada del complejo de Edipo, en la que intenta suprimir las carencias emocionales que ella (una mujer dura y decidida, pero, sobre todo, cruel), ha conseguido mellar dentro de la personalidad de su hijo. Viene al caso aquí recordar la cita que tienen Julian con su “novia” y con la madre presente, donde ésta le recrimina que él nunca estuvo a la altura de su hermano.

Con una banda sonora espectacular y más que propicia para todo el film, iremos viendo el descenso al infierno del hijo y la madre, pues quien es la antítesis del infierno en esta película, no bajará a él en ningún momento, ni en modo alguno enterrará sus principios, férreos e íntegros. Aunque sí sufrirá de manera indirecta las consecuencias de enfrentarse a los pecadores que intentan rebelarse contra Dios.

Es curioso ver cómo el autor nos da pistas y refuerza el aura mística del policía con varias escenas, como la de la pelea, donde un experto en artes marciales que dirige un club profesional no consigue tocar ni un ápice a un viejo policía retirado. El hecho de impartir justicia por su mano y hacerlo a través de una catana, arma llena de simbolismo, pero que deja patente que no es el Dios perfecto que se nos describe en la biblia, pues de manera consciente son varias veces las que aplica la ley del talión.
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Existe la redención puesto que se autoimponen la condena los protagonistas en este mundo en el que habitan. Pero que exista y que sea posible no quiere decir que sea gratis. Empero, Julian, la busca durante toda la cinta y la acepta. Y, dentro de este torbellino de violencia, hay momentos de calma, que no son más que premoniciones, y sí, me refiero a los momentos de karaoke de Chang, canciones de las que no consigo despegarme todavía.

La trama de Solo Dios Perdona, tanto en su simbología como en su superficie, la banda sonora (tremendo Cliff Martínez) que nos guía en los momentos de silencio y que martillea nuestras emociones en los momentos decisivos a base de sintetizadores, sumado al gran manejo de la cámara más que contrastado de este director y que pocas alabanzas más se pueden hacer después de ver su trayectoria, nos regala una película personal, metafórica, cocida a fuego lento y que, como mínimo, se merece una oportunidad en el caso de que no la hayan visto.

 

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Reseña Panorama
Solo Dios Perdona
8
Amante del cine y de la literatura. Me gusta el vino tanto como las flores. Informático.