Mimosas, producción española bajo la batuta de Oliver Laxe, abría la jornada del martes con cierta expectación de los presentes en el pase. Interés lógico, pues fue galardonada en Cannes con el Premio Semana de la Crítica. Una película que recomiendo no la vean recién despiertos, ya que exige un alto grado de resistencia.

El segundo visionado del día, Suntan, a cargo del director griego Argyris Papadimitropoulos, resultaba un drama transgresor y sorprendente. La media tarde la protagonizaba la imperfecta: I, Olga Hepnarova, de los directores Petr Kazda y Tomás Weinreb. Coproducción de varios países europeos, de la que no se ha dejado de hablar en todo el festival, pero que al final resulta distante. Por último y de vuelta a la Sección Oficial, It´s not The Time of My Life, la doble ganadora en el Festival de Karlovy Vary, cerraba la jornada del martes y nos dejaba un poso placentero. El propio director, Szabolcs Hajdu, junto a su mujer, ambos protagonistas del filme, presentaron la proyección.

Hay películas que exigen un plus al espectador. Un grado de atención superior para poder conectar con la historia y así sumergirte en el universo que propone el director. Mimosas es este tipo de cinta. Su director construye un relato místico en busca del sentido de la vida. A priori no parece ser un filme complejo, pero después de un viaje tan inasible, abrupto como el terreno montañoso, el cuerpo te pide otro visionado. O no, según se mire. “Nunca hemos hecho nada importante en la vida, aprovechemos esta oportunidad” dice uno de los protagonistas casi al final de la historia; el hombre creador de su leyenda en un viaje interior a través de la naturaleza. La fe como motor existencialista.

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Kostis, un médico con apariencia de bonachón, llega a una isla griega para desempeñar su profesión. Un tipo tímido, poco hablador pero, como decía, con cierto gesto simpático. La gente, especialmente los más jóvenes se ríen de él, pero éste lo acepta con naturalidad. El director nos muestra un personaje que cae bien y, al que al poco tiempo de su estancia en la Isla, le empieza a cambiar la vida. Todo ello gracias a una pandilla que lo invita a salir de fiesta. Durante este tramo de la película, presenciamos, sobre todo a partir de la integración social del médico, evidentes signos de comedia. Pero el director tiene guardado un as en la manga. Y lo que puede parecer una comedia, se convierte en una desfiguración trágica de la misma. La obsesión de Kostis por una chica del grupo abre la caja de los truenos. Suntan supone un ejercicio trangresor de géneros. Una valiente apuesta de mutación psicológica, que eleva la cinta al ranking de las mejores películas del SEFF.

Como citaba en el párrafo introductorio, I, Olga Hepnarova, resultaba ser la decepción de la jornada y puede que del festival, dada las altas expectativas, que se habían creado en torno a ella. Todo es confusión en este largometraje difícil de clasificar. Aunque son obvias las constantes de un biopic, la película checa, linda en un terreno escabroso entre el drama y el crimen. Una propuesta presentada por su tímido director, momentos antes de su proyección. Olga es una chica con delicados problemas para relacionarse. Su personalidad autodestructiva, repele a todo el que la rodea, lo que provoca en ella un intento al suicidio. Desde aquí hasta el desenlace, todo es incongruente, tosco, un bloque de hielo del que no nos importa absolutamente nada. Como su final, absurdo, donde se evidencia el despropósito de su cometido. Al igual que la interpretación de la joven protagonista,  que resulta forzada y carente de verosimilitud.

Pero el final de la jornada en Sevilla iba a resultar muy estimulante. A pesar de pasar prácticamente todo el día fuera de casa, comer lo justo y tener la vista ya agotada, It´s not The Time of My Life, nos obsequiaba con un marco existencial de la vida. Tengo que confesar que la introducción del propio director ya me ganó desde el principio: la película fue producida con tan solo 4.000 euros y los personajes eran él, su pareja, el hijo y los amigos. Fue filmada en su casa y los operadores de cámara fueron los propios alumnos del director, que además es profesor de cine. La cinta se erige como un drama encorsetado en una crisis existencial. Un matrimonio abocado a la separación, gracias entre otras cosas a su hijo, incomprendido por la figura paterna. Todo lo contrario le ocurre a ella, demasiado preocupado por él y alejada del marido. En medio de esta situación, aparecen la hermana de ella, su marido y la hija, lo que acrecienta el desconcierto entre ambos y hace bullir las emociones. Pero el final, esperanzador, reubica las piezas dentro del marco familiar, en un paso adelante por parte de los dos, cerrado con una canción maravillosa.

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