Crítica de La ceniza es el blanco más puro (2019): ¿El tiempo lo cambia todo?

Dirección: Jia Zhang Ke | Producción: Shôzô Ichiyama, Nathanaël Karmitz , Olivier Père | Guión: Jia Zhang Ke | Fotografía: Eric Gautier | Música: Giong Lim | Reparto: Tao Zhao, Liao Fan, Xu Zheng, Casper Liang, Feng Xiaogang, Diao Yinan

La ceniza es el blanco más puro

El director chino Jia Zhangke dirige y guioniza esta poética película que a través del tiempo y a ojos de una relación entre Qiao (Tao Zhao) y Bin (Liao Fan) nos muestra la evolución del paradigma socioeconómico de su China natal en el siglo XXI. La ceniza es el blanco más puro nos deja una sobriedad y madurez de su cine que la sitúan como uno de los grandes estrenos asiáticos del año.

El filme nos llevará de la mano durante tres años distintos: 2001, 2006 y 2018. Dividida en estos tres capítulos, La ceniza es el blanco más puro dotara cada uno de su propio estilo, con el nexo común del personaje de Tao Zhao, iremos descubriendo junto a ella los cambios que acontecerán tanto a su situación personal, como al contexto que la rodea. Esta evolución se ve acrecentada no solo por el cambio de estética entre las diferentes partes, algo lógico al sufrir tan fuertes cambios sociales de una época a otra, si no siendo mucho más rádical, pues navegará entre diferentes registros ajustándose a la situación que le acontece, esto influirá incluso en los géneros que desarrolla la película.

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Pero antes de centrar la vista en sus actos resaltemos la vista del denominador común, la joven (y no tan joven) Qiao, interpretada magistralmente por Tao Zhao, esposa y musa de Zhangke. Protagonista absoluta del filme y uno de sus mayores puntos fuertes. Sin una línea ni un gesto de más, comedida a la perfección, brillante tanto en su actuación como en la creación y desarrollo de su personaje a través de esta. Faro en un mundo de hombres en la primera época, abandonada por todos y todo en su segunda etapa, pero igualmente firme en la búsqueda de su existencia, para culminar con su desenlace como mujer totalmente indepentiente y adaptada a la nueva situación que obliga su país. China evoluciona, pero Qiao lo hace junto a ella.

2001, Qiao y Bin viven en la localidad de Datong, acusada por una crisis minera afectada por la bajada de precios del carbón, de la que Bin y su panda viven al margen debido al ecosistema económico que la propia mafia ha creado. Qiao vive totalmente despreocupada entre lujos y fajos de billetes, el optimismo rodea a la pareja, con el honor de los Jianghu como lema capital. Los colores estéticos entre los que se mueve el filme en ese momento y la propia elección de la banda sonora evocan al propio desfase que nos muestran las imágenes, pero todo esto se ve lastrado tras la irrupción de una banda plagada de jóvenes con hambre de poder, que hacen temblar los cimientos del reinado de Bin, desmoronándose en una de las mejores escenas que nos deja La ceniza es el blanco más puro, dando el pistoletazo de salida (figurada y literalmente) a que la rueda del país comience a girar.

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2006, Qiao sale de prisión tras terminar la condena por posesión ilegal de armas, en su regreso termina en la aldea Fengjie. En su búsqueda de Bin, Qiao recibirá el golpe del cambio que ha sufrido todo lo que ella conocía, o creía conocer, se verá sola y abandona, y el drama empapará todo este acto. Aun siendo el acto más convencional de los tres, es el de mayor desarrollo del personaje de Tao Zhao, será abandonada por la totalidad de los que ella creía reconocer como su familia. Pero ella seguirá avanzando, aceptando enseñanzas del Jianghu de las que antes huiría. Será robada, abandonada, decepcionada, y pese a todo, podrá levantarse y caminar, pero al igual que todo lo que le rodea, ya no será la misma de antes.

De la dependencia total de la figura masculina de Bin, quien la propia China ha absorbido en su evolución constante y lo ha dejado siendo una sombra de la personalidad brillante que era, pasará a la búsqueda de ella misma. ¿Qué quiere ahora Qiao? ¿Quiero otro hombre que haga las de sustito de Bin? Pero los hombres ya no se rigen por el honor del Jianghu, ya no son de fiar, han abandonado esos valores junto al país. ¿O tal vez quiera ver un ovni? Independientemente de lo que quiera y la respuesta que encuentre, Qiao sigue hacia adelante, sin ser la misma Qiao pero siendo ella. Especial atención durante este acto al uso que hace Tao Zhao de la botella de plástico de agua, prácticamente otro personaje.

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2018, el círculo de Qiao se cierra y vuelve a Datong, allí ella es ahora la jefa de la antigua mafia que lideraba Bin. Este, por otra parte regresa al cobijo que le tiende Qiao y su antigua familia. Pero el tiempo tampoco ha pasado en balde para Bin, pues tiene paralizada gran parte del cuerpo. El cambio que se aprecia en la sociedad se convierte en este último capítulo en el más impactante del filme, la tecnología recorre las calles y viviendas de la antigua humilde ciudad de Datong. Qiao se vuelve a eregir como esperanza para el personaje que interpreta Liao Fan, brillante en este último acto, pese a estar siempre opacado por Tao Zhao, forma una espectacular pareja junto a la actriz china. Sin embargo, Bin no puede resignarse a un segundo plano, y tras el breve encuentro la separación vuelve a llamar, pero esta vez quien se va es él.

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Para los más veteranos en Zhangke, verán en La ceniza es el blanco más puro un homenaje constante a toda su filmografía, especialmente a las cintas Placeres desconocidos y Naturaleza muerta, de las que el propio director admite extraer ideas de sus arcos románticos para acoplarlas a su nueva cinta. Este eco de homenajes encuadra a la perfección con el desarrollo del filme, y le permite manejar con facilidad los cambios tras los salto de época a época.

Como sugiere el título de la cinta, a través de todas las cenizas que va dejando la vida de Qiao y el propia páis, Zhangke consigue trasmiter una belleza sublime en sus imágenes, de la honorable mafia, del drama de la separación y la soledad, o de la fuerza para seguir adelante pese a todo. Pues, ¿el tiempo de verdad lo cambia todo?

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En definitiva, una película poética, llena de matices, de la que se pueden sacar lecturas en casi cualquier escena, con una actuación femenina de las que marcan época, con un Zhangke tan polivalente como compacto, sin dejar nada al azar, dando su visión del contexto que él mismo ha vivido. La ceniza es el blanco más puro no solo es recomendable, si no que apunta a ser una de las mejores cintas de 2019.

Reseña Panorama
La ceniza es el blanco más puro
8.5
Amante del cine desde chiquitito. Llevé el anillo único al Monte del Destino en 2 días, elegí la pastilla verde en Matrix, vi que había dentro del maletín de Pulp Fiction y soy el octavo samurái encubierto.