emily in paris

Emily in Paris llega a Netflix con la difícil misión de recoger el testigo de la mítica Sexo en Nueva York, o la más reciente Gossip Girl. ¿Es posible rodar el género en la actualidad sin caer en correcciones políticas? ¿O en corrección política?

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Si tuviésemos que definir a Emily in Paris resultaría sencillo, se trata de una comedia romántica en toda regla con toques de superación personal. Sin embargo dará más información al lector si le sugerimos que imagine un cóctel bien agitado en un cristal a lo Sexo en Nueva York y Gossip Girl; un licor base llamado El Diablo viste de Prada y un modificador con denominación de origen Mad Men. El resultado es una Cosmopolitan. Sí, en femenino. Porque Emily in Paris es todo lo que una revista de moda nos ofrece… y oigan… no lo digo en tono despectivo.

¿Quién no ha navegado por la páginas de papel couché sintiendo una pizca de admiración entremezclada con olor a sueños? El poder de seducción que evocan esas vidas perfectas, prendas que son quasi prendas de arquitectura, la perfección de los rostros editoriales… ¿Me equivoco si afirmo que este tipo de contenido, son los cuentos de princesa Disney de nuestra infancia adaptados a las treintañeras millenials?

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Supongo podemos criticarle lo estereotipado de sus personajes: la clásica manic pixie dream girl entre cínicos y pesimistas, los coworkers amanerados, las jefas arpías, el hada madrina, las amigas que lo son tras un encuentro fortuito, y como no; el vecino cañón y su juego a lo el perro del hortelano (“ni come ni deja comer”).

Pero oye, quizá aquí resida el quid de la cuestión. Tal vez por ese motivo vemos la  vida reflejada en la pantalla. Nos agarramos a “ese” punto en común. Y es que como dijo aquel hombre sabio:  “siempre que tengas alma y algo que contar más vale partir de un cliché y llegar a un lugar nuevo, que hacerlo de un lugar nuevo para acabar contando lo de siempre” .

Es posible que pienses que este artículo tiene cierto tufillo a rancio, a señorita del siglo pasado… y quizá esto sea lo único que puedo reprocharle a Emily in Paris. Resulta sumamente complicado en los tiempos que corren hablar de historias femeninas sin posicionarse en un lado u otro del discurso feminista. Para muchas Emily será una mojigata conformista, mientras que para otros, los más cándidos, hablen de un personaje fuerte que lucha por cumplir sus sueños. No obstante, para todos, la serie, y por ende su protagonista, rezuma positivismo por cada uno de los poros de su piel (si es que esa nívea tez tiene algún poro o mácula de imperfección). Emily in Paris puede que sea la serie que necesitamos en estos tiempos oscuros que nos ha tocado vivir. Y es que en estos días de mascarillas, a veces se nos olvida que tras ellas podemos dibujar sonrisas.

Reseña Panorama
Emily in Paris
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Clarinetista a tiempo completo, devoradora de libros y seriadicta en rehabilitación. Gracias a mi giratiempo, si es necesario, me teletransporto a Fargo, Neo-Tokyo, Caprica o donde sea menester. Una película: La "Principesa" Prometida...